¿A qué obligaría Perú a Bacca?

En el seno de la Selección no hay nada nítido respecto al once titular de José Néstor Pékerman en el debut por Eliminatorias. Lo que sí parece nítido, en cierto sentido, es la titularidad de Teófilo Gutiérrez y Carlos Bacca, dos referentes de la absoluta e hijos de Barranquilla. Si hay dos jugadores que conocen la plaza son éstos. Ahora, sin entrar en polémica, hay opciones de ver a Radamel Falcao García como titular, aunque la dupla delantera tenga tinte rojiblanco y rasgos de tiburón.

Concentrémonos en lo futbolístico. ¿A qué obligaría Perú a Bacca en caso de ser titular? Todos conocimos a una Perú serena bajo su sistema defensivo de repliegue medio y defensa adelantada. Conscientes de los riesgos en la ejecución, el nivel superlativo tanto de Carlos Ascues como de Carlos Zambrano hicieron del plan uno de los fuertes del cuadro inca. Sin embargo, en el último amistoso, justamente ante Colombia, el nivel se vio trastocado, pues Ascues y Zambrano no están jugando lo suficiente en sus respectivos equipos para mantener tal calidad expuesta en la Copa América. No jugar tanto cuesta asimilar, conociendo el sistema de Ricardo Gareca, con rapidez y agilidad un dispositivo complejo. La concentración debe ser total así como la confianza en exponerlo.

Carlos Bacca sobresale por sus desmarques, pero no contará con James para sacar provecho de ellos

Bacca se siente muy cómodo trazando ya sean desmarques de apoyo o de ruptura. Una línea defensiva adelantada como la de Perú le estaría obligando a Carlos Arturo, sobre todo, a dibujar más rupturas que apoyos, brindándole profundidad a los ataques y un movimiento vertical para abrir o fracturar a Perú. El asunto es que Bacca, sin James y seguramente Macnelly, tendrá menores prestaciones a gol. Este último detalle es importante, llegando a resentir sus diagonales. Cualquier futbolista, juegue de lo que juegue, necesita entrar en contacto con el balón, y aquí es donde Bacca brindaría más asociaciones que soluciones por delante del balón, llevando a Perú a su zona: no peligrar la espalda de los centrales. Vamos, es el partido que quiere Gareca: jugar lejos de Gallese y reducir el impacto entre líneas colombiano con los marcadores centrales y el doble pivote Ballón-Lobatón.

En caso de no poder contar con Macnelly, los movimientos de Teo serán fundamentales para Bacca

En cuestión de subir o bajar, Bacca debería regalar profundidad, pero el ofrecer combinaciones parece lógico. Colombia sin sus dos mejores pasadores no le brinda los recursos de calidad al porteño en su misión de romper a Perú. No obstante, si Teo cae a banda, ante todo a la izquierda de Yotún (por la baja de Vargas) y la del extremo de menor trabajo (Cueva a diferencia de Sánchez), abriría el partido y Bacca encontraría más espacios para habilitar la pared. Su única fórmula para retroceder, participar directamente en ataque posicional y sumar en un contexto adverso, siendo un artista del apoyo, es ésta. O puede que Bacca actúe con naturalidad si Perú decide alterar de plan en la calurosa atmósfera barranquillera.

Encontrar a Carrillo

En disputa por la tercera y cuarta plaza, duelo casi intrascendente, se midieron Perú y Paraguay. Unos primeros cuarenta y cinco minutos que si no es por Reyna hubiesen sido totalmente transparentes. Yordy estiró a los suyos y dotó de espacio y dinámica los ataques peruanos. Sucedió la otra cara de la moneda: no transitaron con la armonía necesaria y la mejora suficiente para empujar a Paraguay hacia Villar. De hecho, es misión imposible empujar el doble pivote paraguayo, que juegan en constante desventaja, por su peaje físico. No fijan y no la tocan. Obstaculizan.

Gareca benefició sistemáticamente el mediocampo edificando desde atrás

Más allá de lo que suponía el enfrentamiento, Gareca no alteró el plan continuista de su etapa: no esconderse. Perú, con el único altibajo del debut ante Brasil, mostró en toda la Copa América que es una selección hecha y derecha y, sobre todo, competitiva en las cuatro fases de juego. Y lo reflejamos una vez más. Demostración repetitiva que, con una estructura sólida e intangible entre Gallese, Zambrano y Ascues, el resto puede tomar su tiempo de prueba y consolidación. Más allá de eso, el sistema de Gareca potencia al mismísimo mediocampo inca, pues cada mediocampista le brinda a su compañero de puesto lo necesario para lucirse y sentirse. Por ejemplo, con Ballón a la espalda de Lobatón, el futbolista de Sporting Cristal no se ve obligado, como en su club, a un trabajo físico de largos recorridos para trasladar el marrón de un campo a otro y, en menor cantidad, de gran oficio para armar la línea más temprano que tarde.

El juego lo ganó Perú encontrando a Carrillo. En ese preciso instante ganaron calidad las transiciones ofensivas. Era dispensable controlarla pronto y descargarla de inmediato para Reyna. El camino lo trazó André. A su físico habitual le añadió el virtuosismo técnico que quizá le cuesta constatar regularmente para integrarse a la titularidad. También porque despojó el arrastre de la medular paraguaya. Un gol inofensivo y una asistencia maradoniana sitúan a Perú, por segunda situación consecutiva, entre los tres mejores de Sudamérica.

Ver y creer

Tener fe en el fútbol de Perú es, más que nada, tener fe en el ADN de su futbolista. Sin mayor contextualización. De ahí, al menos, ha partido todo. Así mismo lo vio Ricardo Gareca antes de asumir un cargo al que luego calificaría como el desafío más importante de su vida. “Creo en el jugador peruano, por eso estoy aquí”, declaró en su presentación. El Tigre ha reconocido, con puntualidad, destellos borrosos en el futbolista inca que, si bien eran visibles desde hace años, rara vez habían sido detallados con tanta nitidez. En un momento en el que la discusión sobre la identidad futbolística del país comenzaba a tomar fuerza por primera vez en décadas, el estratega argentino llegó a instaurar conceptos nuevos y a revalorar las piezas a su disposición, revitalizando así a una generación cuyos logros, hasta entonces, se habían quedado cortos de su potencial. En cuestión de meses, la selección peruana de Ricardo Gareca se ha convertido en una bestia elaborada y competitiva, digna de enfrentarse a cualquier equipo de Sudamérica. Y eso dice mucho sobre su evolución.

Gareca llegó en marzo del 2015 y marcó un cambio descomunal

Al ser destituido en diciembre del 2014, el ex-seleccionador de Perú, Pablo Bengoechea, evaluó al jugador peruano como un diamante bruto: “Condiciones para el juego las tienen de manera natural; se requiere mejorar el físico para tener ritmo de competencia internacional.” Gareca se dedicó a explotar lo primero y a pulir lo segundo. Jamás habló de estilo: tenía una idea, pero estaba dispuesto a empeñarlo todo. A optimizar. Forjó relaciones claves: viajó a Italia a visitar a Juan Manuel Vargas, luego a Alemania a hablar del físico de Claudio Pizarro y a reunirse con Jefferson Farfán. Y supo, a la misma vez, identificar a sus piezas claves en la liga local. Convocó a un cuestionado Christian Cueva como principal revulsivo de su transición ofensiva, y al goleador del anterior proceso, Carlos Ascues, como defensa central. Este último ayudaría a orquestar, junto a Carlos Zambrano, lo que sería una de las mejores salidas con pelota de la Copa América. Con Advíncula y Vargas como laterales adelantados se podía gestar una salida lavolpiana pulcra; con Ballón y (sobre todo) Lobatón, había pase entre líneas y juego interior. Perú dejó de ser el equipo reactivo de Markarián, o el cuadro indeciso de Bengoechea, para ser un cuadro proactivo. Impulsivo y atrevido. Un ecosistema perfecto para que la clase de Paolo Guerrero saliera a jugar. Lastimosamente, una expulsión extraña en Semifinal le salió cara al seleccionado de la raya cruzada que tuvo que abandonar la Copa. Sin embargo, el mensaje es claro: en Eliminatorias, ahora compite uno más.