Calambres de paso

Colombia jugó acalambrada contra Perú en su primer partido rumbo a Rusia 2018. Y ganó. Triunfó con los dientes apretados y el ceño fruncido. Además, lo logró contra un equipo que se desempeñó al máximo de sus posibilidades durante un buen tramo del encuentro. Eso sin James Rodríguez, ni Macnelly Torres, ni Gustavo Cuéllar. El problema es que ahí residió la dolorosa contracción muscular del fútbol del equipo. La tricolor no convenció a base de juego… otra vez.

Pékerman dibujó el mismo 4-3-3 de hace unas semanas en New Jersey, sólo que ahora no contaba ni con el mediapunta/extremo izquierdo (James), ni con el interior zurdo (Macnelly), ni con el derecho (Cuéllar). Así, los reemplazos fueron Cardona, Guarín y Cuadrado. Los dos primeros se colocaron por delante de Carlos Sánchez, y el hombre de la Juve ocupó el extremo derecho, lo cual desplazó a Teófilo a la banda contraria.

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La diferencia de las piezas se notó en seguida

La principal consecuencia de estas modificaciones fue que los mediocampistas de Colombia, por pura diferencia de calidad individual, trastocaron para mal la idea del sistema, ya que pasaron a ocupar una sola altura, a diferencia de hace tres semanas, cuando ocuparon cuatro: Sánchez por delante de los centrales, Cuéllar un escalón adelante, Macnelly hacia la izquierda en diagonal, y James esperando entre líneas. Ayer, Guarín se pegó a Sánchez, Cardona se ofreció poco tanto abajo como entre líneas, pero sí mucho más cerca de la cal, donde puede jugar de cara, y Cuadrado buscó recepciones que no supo volver productivas entre los férreos volantes peruanos. Ante este averío en salida de balón respecto al partido anterior, Teófilo, simplemente, quedaba muy lejos de la jugada, cuando era el único capaz de dar un pase que desorganizara al rival.

Aún así, el equipo cafetero tenía el control del envite, ya que los de Gareca se mostraban muy pasivos en la presión, tal vez por ahorrar energías en un estadio tan difícil como el Metropolitano. Lo cierto es que esta actitud de los peruanos permitió al combinado nacional asociarse sin miedo a sufrir una pérdida comprometedora. Pékerman pedía cambios de orientación para mover a los visitantes, y tenía todo el sentido, ya que al no haber líneas de pase claras por dentro, la opción restante era enviarla todo el tiempo de Cuadrado-Guarín-Arias hacia Teo-Cardona-Fabra y viceversa para buscar espacio. Y justo así llegaron varios disparos de media distancia de Guarín y Cardona que lograron inquietar un poco a Gállese. Pero poco más.

El gol de Teo modificó el rumbo del encuentro

Luego del 1-0 (quinceavo gol para Teo Gutiérrez con Colombia, los mismos que marcó Aristizábal), los visitantes cambiaron el chip, adelantaron su posición, y empezaron a morder el (mal) inicio de la jugada cafetera. El primer afectado fue Guarín, quien al verse incómodo y sin margen de maniobra dada su poca capacidad para optimizar una salida de pelota, se entregó al desorden de sus instintos. El hombre del Inter ha demostrado ser una pieza diferencial cuando se le otorgan funciones de box-to-box, con la espalda cubierta, libertad para presionar, ir a los lados, y disparar desde donde quiera. Pero pedirle que gestione desde atrás es condenarlo.

Desde que Perú se mostró más agresivo y Guarín se supo arrollado, el reparto de espacios en la derecha pasó de ser complicado a caótico. Cuadrado no descifró el problema, y naufragó de nuevo en esa posición híbrida entre el extremo y la mediapunta que tan mal le sienta en la Selección. Entre medias, Paolo Guerrero rozó el empate con un disparo desde la frontal que el poste le negó. En vista de todo esto, Pékerman decidió simplificar las acciones del partido, y sacó a Guarín por Mejía, para tener piernas frescas en el centro y cuidar el –corto- resultado.

El cambio no mejoró a Colombia. No le otorgó control del espacio, ni de la pelota. Lo que pasaba seguía siendo voluntad de Perú. Y para contrarrestar la ofensiva visitante emergieron Zapata y Murillo, notables en lo individual y como pareja, ayudados por un Carlos Sánchez incansable, y un Frank Fabra absolutamente distinto al de New Jersey. La participación de Mejía, en palabras de La Roca, ayudó a amainar la ofensiva peruana.

En esa tónica transcurrió el encuentro hasta los minutos finales, con una que otra transición errática de Colombia hacia la portería rival. Por el camino entró Falcao y dejó, de nuevo, buenos movimientos y toques importantes que hacen pensar que sólo necesita continuidad y una dinámica favorable de equipo.

Ya con el tiempo reglamentario cumplido, y con Perú volcada al ataque buscando las tablas, la pelota le quedó a Cuadrado, regateó a uno, condujo, y la pasó a Cardona, quien ya se quejaba de dolor hace varios minutos, pero no chistó en controlarla perfecto con la izquierda y picarla con el borde externo de la bota derecha. El 11 y el 8 decidieron como saben: con espacio y vértigo. 2-0, final, 3 puntos y a Uruguay.

No hay visos cercanos de evolución

El martes tampoco jugará James, y la presencia de Macnelly es dudosa por dos factores: el primero es que no tiene rodaje hace semanas, y el segundo, que un ambiente tan complicado en lo físico y en lo mental como Montevideo, Pékerman no ha demostrado apostar todas sus fichas a una idea de la que ni siquiera se muestra convencido a día de hoy. En unos meses, tal vez. Pero por ahora, Colombia se parecerá más a lo de ayer. Podrá ganar, por supuesto. Eso es lo excepcional de este grupo. Pero de ahí a evolucionar… queda tiempo. Dentro de poco, José Néstor volverá a pedir paciencia.

Pasando de página

Cuando José Pékerman llegó a la selección Colombia, seguramente la primera conclusión que sacó tras analizar el grupo de jugadores que tenía entre manos fue que el país tenía un problema generacional en los primeros compases del juego. A Colombia le hacía falta capacidad de dirección y creatividad en la base de la jugada, pues ni los centrales eran especialmente influyentes desde el primer pase, ni los mediocentros poseían esa capacidad para organizar con el balón desde el inicio de la jugada. Así, Pékerman decidió apostar por Aldo Leao Ramírez y Macnelly Torres, excluidos del proceso, para solventar esa situación. El samario se había convertido en un mediocampista de primera línea en México, justo lo que necesitaba la selección, pero dejaba dudas su desempeño defensivo. El barranquillero, por su parte, seguía destacando como el mismo volante creativo y de últimos metros de magnífica visión de juego, pero poco fútbol cerebral. Ninguno de los dos era más que un parche. Aun así, el siete de septiembre de 2012, Macnelly Torres salió al campo para jugar, teóricamente, al lado derecho de James Rodríguez; sin embargo, la labor que le indicó Pekerman fue la de participar y moverse mucho horizontalmente sobre el círculo central. Ese día Macnelly empezó una evolución que lo ha llevado a convertirse en un verdadero cerebro. Jugó muy bien y Colombia tuvo claridad en la base de la jugada, además de tomar un papel importante en la fase de ofensiva del equipo. Contra Uruguay nació el gran sistema que cimentó el brillante fútbol que Colombia jugó, con sus más o sus menos, de septiembre de 2012 a enero de 2014, es decir, hasta la lesión de Falcao. Para solventar las carencias de creación, el entrenador argentino formó un triángulo entre Zúñiga, Macnelly y Teófilo, que sacaban a Colombia desde atrás y asentaban el ataque del equipo muy arriba. Además de ellos, James jugaba desde la izquierda y se sumaba al festival de pases, activando a Pablo Armero con su cambio de orientación; Falcao era Falcao, legitimando el juego del equipo con su voracidad ofensiva; y Abel Aguilar hacia de puente en transiciones, ganando segundas jugadas y sirviendo de apoyo a la circulación, labor para la que estaba más que capacitado.

Macnelly Torres ha jugado 39 partidos con la Selección Colombia

Ese sistema fue muriendo paulatinamente con las lesiones de Falcao y Zúñiga, y el ostracismo al que se relevó a Macnelly. Desde entonces, Colombia ha tenido problemas crónicos para salir desde atrás y asentarse en campo rival. Para sumar pases. José ha probado varias alternativas que han fluctuado entre intentar hacer lo de siempre con piezas distintas, y variar a un fútbol más reactivo aprovechando la verticalidad de Cuadrado. Hasta ayer, ninguna de las variaciones de Pékerman había dejado un buen regusto, y la Copa América fue un punto de inflexión importante: no podía depender de Zúñiga, Falcao o Aguilar, porque simplemente no estaban, y ni Cuadrado ni Cardona lograban adaptarse a las exigencias del entrerriano. Había que mutar. La convocatoria para el amistoso contra Perú fue un verdadero revolcón, con muchos posibles debutantes, pero por sobre todos destacó el nombre de Gustavo Cuéllar. El jugador del Junior es un mediocampista muy versátil, mediocentro de formación, que está llamado a dar relevo a los Sánchez, Aguilar, Guarín y Valencia. Por talento y calidad, Gustavo podría ayudar a resolver varios de los problemas de Colombia y Pékerman trabajó en ello. Ante Perú, Colombia estrenó sistema y las sensaciones son muy positivas. Veamos.

Como novedades, Colombia presentó a Cuéllar y Macnelly en el mediocampo, escoltando a James y Sánchez; Arias y Fabra en los laterales; y Teo con Bacca arriba. El dibujo no era distinto al de siempre, un 4-2-2-2 torre con dos mediocentros, dos enganches y dos puntas. En la práctica, muchas fueron las cosas que cambiaron. Para empezar, Colombia presentó un mecanismo en salida inédito: los dos centrales se abrían ligeramente, los laterales subían muy arriba, Sánchez ejercía de eje y a sus lados, a la altura de interiores, se situaban Macnelly por izquierda y Cuéllar por derecha. Esa disposición creaba muchas alturas y facilitaba la progresión mediante el pase corto. Colombia involucraba a siete u ocho futbolista, dependiendo de James, en la salida del balón, dándoles opciones de pase fáciles a todos y sumando muchos futbolistas por detrás de la línea de balón, lo que por un lado permite tomar algo más de riesgo, porque ante pérdida hay armazón defensivo, y por otro ayuda a que Colombia se vaya ordenando mediante pases desde muy abajo. Así, tanto portero como centrales al salir veían delante de ellos líneas de pase tanto por dentro como por fuera, a diferentes distancias, que podían alcanzar sin que por medio hubiese una jugada de gran dificultad técnica. Murillo y Zapata encontraban rápido a laterales o mediocentro, y estos pasaban a los interiores, que formaban una línea de pase en diagonal difícil de defender. Una vez el balón llegaba al círculo central, Macnelly, el preferido en salida, o Cuéllar lo que hacían era mover el balón para asentar la jugada en campo contrario con la ayuda de un James muy móvil. Macnelly, sabio, imprimía una pausa ágil ante la presión peruana y usaba a James, Sánchez y Fabra como paredes, mientras Cuéllar compensaba con movimientos sin balón que creaban líneas de desahogo hacia adelante para el ’10’ de Nacional. Ahí estuvo la importancia del rol de Cuéllar: además de participar activamente en la salida desde atrás, Gustavo debía compensar la libertad posicional de James y Macnelly con movimientos por delante de la línea del balón que lo ponían por momentos como mediocampista más adelantado. El cambio de nivel lo hizo dudar por momentos, pero rápidamente se adaptó y hacia el finalmente del primer tiempo sumó minutos de muchísima calidad que, por forma, no están al alcance del resto de mediocampistas de selección. La presencia de Cuéllar le dio a la libertad creativa y posicional de James y Macnelly un sustento importante. No es casualidad que las dos jugadas de mayor peligro de Colombia hayan llegado desde la teórica posición de Cuéllar en el lado derecho del mediocampo, y por medio de dos futbolistas distintos. Colombia salía bien, sin prisa pero sin freno, y movía el balón con cierto dinamismo.

Cuéllar, Fabra, Balanta y Castillo debutaron de manera oficial con la selección de mayores

El resto del invento sí presentó más problemas. Por un lado, Arias no es Camilo Zúñiga. A pesar de que el lateral del PSV tiene mucho oficio y sabe correr la banda con propiedad, su capacidad asociativa no es alta, y ahí Colombia necesita alguien que sepa reposar la jugada y servir de apoyo creativo a los mediocampistas. Si Arias no logra ser eso, Colombia tarda más en poner el balón en campo contrario y su estructura en transición defensiva se debilita porque la calidad de la posesión disminuye y el posicionamiento de los futbolistas es más riesgoso ante pérdida de balón. Lo mismo para el lado izquierdo. La nueva disposición de Colombia equilibra ambas bandas y pide, más o menos, lo mismo a sus dos laterales. Fabra supo aportar en salida de balón, pero en fase ofensiva se mostró nervioso y no dio el nivel técnico que necesitan James y Macnelly de sus laterales. Además de todo esto, la integración de los delanteros en el entramado ofensivo no es buena, y ni Teo ni Bacca mezclaron bien con el mediocampo. Tampoco ayudó que James estuviera excesivamente acelerado y no masticara un poco más la jugada como en otros tiempos. A pesar de todo esto, el nuevo sistema de Colombia se mostró sólido y ayudó al equipo a ser superior a una muy organizada Perú.

En la segunda parte, Macnelly y Cuéllar salieron para dar entrada a Cardona y Balanta, lo que confirmó la apuesta por esta nueva organización táctica, así como también que ni Edwin ni Kevin están preparados para interpretarla de la misma forma que los dos barranquilleros. Balanta fue transparente. No jugó mal, pero no tuvo peso alguno en ninguna fase. No se notó su presencia y eso no es buen síntoma, aunque su juventud lo perdona. Cardona, por su parte, volvió a ser lo mismo de siempre: una amalgama de acciones técnicas muy desequilibrantes, incluso desde posición retrasada, pero que no ayudan a Colombia a sumar pases en ningún momento. Más interesantes fueron las intervenciones de Castillo, Roa y el otro Balanta. El delantero de la MLS se movió muy bien en el plano horizontal y desbordó a la defensa peruana, mientras que el enganche del Cali se adecuó muy bien a la diferencia de nivel entre el fútbol colombiano y el fútbol internacional, y fue participativo a su manera, jugando su fútbol. De Álvarez Balanta hay que destacar que es un plus importante en salida de balón, pues tiene el poso y la técnica para dar soluciones individuales a los retos colectivos que plantee el contrario.

En definitiva, este amistoso ante Perú debe ser marcado en el calendario como el día uno del proceso hacia Rusia 2018. El nuevo sistema promete y potencia muy bien las virtudes de Colombia. Hay cosas que ajustar y habrá que ver que roles tiene reservado José a jugadores como Cuadrado, Falcao, Zúñiga, Aguilar o Guarín, pero, a diferencia de los meses anteriores, el futuro se ve brillante. Colombia por fin pudo pasar página.

De roca a muro

El todo es más que las sumas de las partes”: Aristóteles. Esa es la frase que se aprecia escrita en una de las paredes del vestuario colombiano que explica en gran parte el porqué de la derrota brasileña más allá del triunfo colombiano. Brasil depende de Neymar, y el futbolista de inspiración. El equipo brasileño corrió como lo ha hecho en los últimos años, pero no jugó. La Brasil que enfrentó a Colombia fue la del Mundial: esperó a que Neymar resolviera. Pékerman conociendo esta dependencia obligó a Carlos Sánchez ser la sombra del futbolista brasileño.  Sánchez en el uno contra uno es en jugador con unos números bastante favorables pero controlar o detener a Neymar era un reto que parecía imposible de cumplir, pues, lo mostrado ante Venezuela no era coherente con la tarea impuesta.

La primera parte de Colombia se resume en un nombre: Carlos Sánchez

La primera parte de Carlos Sánchez fue esplendorosa. La roca se convirtió en un muro impenetrable para Neymar y cualquier otro jugador que haya querido pasearse a su alrededor. Se multiplicó y anuló cualquier opción que intentaba gestar un desconectado Neymar que no hallaba la manera de superar a Carlos. Mirada fija a la pelota y robo seguro. La superioridad del mediocentro colombiano fue potenciada por la lenta y errónea circulación del balón por parte de sus rivales. Sánchez adivinaba el pase y robaba con facilidad. Ni Fernandinho ni tampoco Elías son futbolistas sobresalientes para lanzar un pase tenso entre líneas que superara a los medios colombianos, como resultado no existía conexión entre Neymar con los de arriba. Si hubo desmarques o movimientos a las espaldas de Zapata y Murillo no se notaron, estuvieron eclipsados por Sánchez que se encargó de que Firmino como ‘falso 9’ no tuviese suficientes y cómodos contactos.

Colombia tuvo un futbolista potenciado en cada línea. En defensa Jeison Murillo se ponía el traje de Mario Alberto Yepes. Invencible en el juego aéreo, timing perfecto para lanzarse a por el cuero y una salida mejorada de balón. En mitad, Carlos Sánchez podaba el campo y generaba cortocircuitos en todo el sistema brasileño. Sánchez firmó unos 45 minutos escandalosos y dignos de mostrar a los chicos que recién empiezan a jugar este deporte. Su claridad y velocidad a la hora de pasar fue importante para que James, Cuadrado y un descomunal Gutiérrez pudieran marcar diferencia. Teófilo fue la llave maestra. El futbolista de River Plate permitió a su selección enlazar y tener líneas de pases mejoradas cada vez que él decidía descolgarse unos metros y mover el sistema defensivo brasileño. Teófilo Gutiérrez tiene el manual de cómo jugar al fútbol: cuando recuerda lo leído y empieza a aplicar en la cancha, se exhibe.

En líneas generales, Colombia tuvo un repliegue seguro

En el segundo período con una Brasil obligada a ir por el empate superó en número a los jugadores en el mediocampo colombiano. Seis jugadores atacaban, cuatro defendían. El técnico argentino respondió con un 4-1-4-1 con Carlos Sánchez como puente entre defensores y volantes. Ibarbo taponaba el juego por la izquierda, Sánchez y James en el medio, Cuadrado por la derecha, y Bacca esperaba correr. Brasil más que atacar, controló al equipo colombiano e intimidó bloqueando la salida y cortando los contragolpes, no dando chances de ampliar el marcador. El equipo carioca solo produjo algunos sustos, pero su fútbol fue pobre. Futbolísticamente Brasil ya no es Brasil y sin Neymar… Brasil tampoco compite. Por su parte, Colombia aprendió que “El todo es más que las sumas de las partes” y ha renacido en la Copa América.

Colapso

Sería injusto categorizar lo sucedido ante Venezuela como una sorpresa. El declive de Colombia comenzó a ser evidente desde la Copa del Mundo, inmediatamente después de la lesión de Radamel Falcao, y en los meses recientes -debido a una gama de factores- se había intensificado. Era claro que en los últimos amistosos Colombia probaba, ante rivales de menor envergadura, distintos métodos para generar contextos cuya creación intrínseca se había hecho imposible con el desenchufe casi simultáneo de Edwin Valencia, Macnelly Torres y Radamel. Pero nunca hubo señales de consolidación. Ni la más mínima. A aquellas deficiencias sistémicas, se sumaron las presiones de la inflación mediática -tanto a nivel individual como colectivo- y de bajas de nivel y moral atroces, de tal manera que la tormenta, finalmente, tocó tierra. Lo sucedido era inevitable y, como todo, apenas cuestión de tiempo.

 Infraestructura defectuosa

Las primeras pistas de que algo extraño podía ocurrir llegaron desde que se dio a conocer alineación inicial. Ésta no disgustaba del todo, pero la aparición de Carlos Bacca como delantero titular junto a Falcao García, yuxtapuesta a la ausencia de un mediocampista interior con el criterio y dinamismo de Abel Aguilar, comenzaba a generar dudas. No quedaba claro cómo se avanzaría entre líneas sin balón. Ni siquiera si esto era posible. Casi de inmediato fue evidente que José Néstor Pékerman apostaba por un fútbol muchísimo más directo: no un derivado moderado como el juego resolutivo que había planteado durante la Copa del Mundo, sino un sistema directamente fundado en el lanzamiento y el choque, que dejaba cero espacio para la salida con pelota y conllevaba confiadamente a lucha de los delanteros en la profundidad del territorio rival. Pero ante el embudo forjado en la retaguardia venezolana esto no fue efectivo. Apoyada en la corpulencia de Túñez, Vizcarrondo y Amorebieta, la última línea vinotinto consiguió repetidamente superioridad aérea, y la primera línea de mediocampistas fue exitosa tanto al cerrarse hacia la defensa, como al neutralizar los rebotes.

Epicentro

Hay que destacar, no obstante, que la infertilidad en el último tercio no fue la única cause del fracaso, ni el único motivo de preocupación. En el contexto de la Colombia de los últimos tres años, la posesión y el dominio son prácticamente equivalentes, y con la pérdida lo primero, lo segundo fue inexequible. Venezuela fácilmente se hizo dueña del mediocampo, apoyada por el robo seco de Tomás Rincón y el dinamismo incansable de Luis Manuel Seijas. A eso, hay que decirlo, se sumó la conducción de Juan Arango -cuyos toques, aunque escasos, eran esenciales tanto en trámite como en la búsqueda de la finalización- y el desconcierto de los mediocampistas colombianos, quienes veían la pelota más volando sobre sus cabezas que llegando a sus pies. No hay duda de que Carlos Sánchez y Edwin Valencia se encuentran lejos de su mejor forma. Ellos intentaron, por naturaleza, acercarse a los centrales para intentar ejecutar salidas con pelota así fueran escasas, pero, su impacto se diluía en su falta de rapidez, la severidad de la presión rival, y la ausencia de un primer receptor. Esto, de hecho, pudo haber sido el epicentro de la tragedia. Los tres hombres en última línea -dos centrales y un mediocentro- jamás encontraron un escalón que sirviera como variante para el rechazo largo (e impreciso) y mucho menos un primer pase partiendo de esa posición. Valencia y Sánchez fueron nulos entre líneas y recibiendo de espaldas. No existían. Y eso también era de esperarse.

Ruptura

Ya más allá de los patrones sistemáticos fallidos, hay que decir que el nivel individual, nuestro principal argumento de adaptación, tampoco estuvo. El recurso de los laterales -Pablo Armero y Camilo Zúñiga- tanto en la salida como en la llegada fue bastante blando, y los defensores centrales se vieron deficientes en posicionamiento, velocidad y capacidad para la basculación. Los ataques de Venezuela fueron escasos, pero Murillo y Zapata, con frecuencia, se vieron exigidos. Por otra parte, sería injusto juzgar el partido de Carlos Bacca y Falcao García, ya que las deficiencias colectivas limitaron bastante su participación; sin embargo, es importante resaltar la inconsecuencia absoluta del fútbol de James Rodríguez. El ‘10’, hasta los últimos 20 minutos, sencillamente no apareció. Su accionar tras recibir de espaldas fue mucho menos eficiente de lo usual, y se mostró por lo general débil y ansioso en la conducción. El generador de momentos estuvo en freno y más allá de su impacto directo, su ausencia volteó la balanza de sensaciones completamente a favor del cuadro de Noel Sanvicente.

Recuperación

¿Es posible rescatar la Copa? Resulta difícil decir. Colombia, hacia el futuro cercano, es una incógnita completa. Sin embargo, parece evidente aquello que Pékerman quizá se rehusó a creer antes del partido: es necesario volver al comienzo. A la identidad del proceso. Y cueste lo que cueste. Colombia, hoy por hoy, tiene recursos cuya mejor forma no compagina con la idea que resucitó el argentino con su llegada, pero estos deben ser considerados dispensables ante el camino del éxito. Y todas las probaturas parecen sugerir que regresar a esa premisa inicial es el preludio ineludible para la victoria. Para tal propósito, restablecer la salida con balón como punto de partida -quizá con la inclusión de Pedro Franco o Carlos Sánchez como centrales titulares- pudiera ser una opción importante. Y posibilitar el ataque posicional con la inserción de Teo Gutiérrez en el once inicial parece ser necesario.

“De hecho, no es anecdótico que en el fútbol, como juego que se mueve entre lo místico y lo alegórico, se acuda tanto al concepto de identidad para explicar el éxito de determinados clubes y selecciones. Los equipos de fútbol son personificaciones de una historia y están compuestos por un ADN exacto. (…) Esa ha sido la función del fútbol en Colombia. La de contar chistes en los momentos más lúgubres. Es algo que se ve en nuestro estilo de jugar por jugar, a veces como si no hubieran porterías y pensando que estamos en el barrio jugando un picadito con amigos. Divirtiéndonos.»*

*Ustáriz, Eduardo. La Estrategia del Caracol en El Dorado Magazine (Edición #00). Bogotá. Julio 15, 2015. Pg. 24

Interrogantes en un café

Entre tantas cosas que albergan los cafés, las conversaciones grupales vivas y sonoras son protagónicas en dichos espacios de integración. Toda clase de temas desfilan en una mesa con tres tintos y varios conocidos. Que si este hizo esto, que si lo otro, que él prometió tal cosa y no cumplió, etc, etc, etc. Va desde el chisme más bajo hasta la materia más distinguida. Y así se repite todos los días, sin término, porque al final eso es lo que mueve a la gente. En medio de todo esto, por supuesto, está el fútbol, y, coyunturalmente, una Copa América en Chile que ya comenzó.

Muchas preguntas rodean el presente deportivo de esta Selección

La Selección Colombia afronta el torneo con varias certezas recientes, y muchas preguntas todavía más frescas. La novedad de la incertidumbre obedece a las ausencias forzadas del combinado tricolor. José Pékerman se lleva 23 jugadores entre los cuales no están varios de sus habituales, aquellos a los que tanto respeta. Abel Aguilar, Fredy Guarín Juan Fernando Quintero, y Éder Álvarez Balanta son las bajas más sonadas. Luego, el grupo que sí viaja a competir está conformado por algunos futbolistas que no tuvieron su mejor temporada -Camilo Zúñiga, Pablo Armero, Radamel Falcao…-, lo cual, lógicamente, genera cuestiones que Pékerman termina por responder a corto plazo, pero que igual aquejan a esos que se sientan en un café a conversar. En sí ¿cómo llega Colombia para este reto?

La lista la integran tres porteros -Ospina, Vargas, Bonilla-, cuatro laterales -Zúñiga, Arias, Armero, Andrade-, cuatro centrales -Zapata, Franco, Murillo, Valdés-, tres mediocentros -Sánchez, Valencia, Mejía-, ningún interior nato, cuatro mediapuntas -James, Cuadrado, Cardona,-, un extremo -Ibarbo-, y cinco delanteros -Falcao, Jackson, Teófilo, Bacca, Muriel-. La polivalencia no es un factor común entre los mencionados, y quienes se puedan desempeñar en posiciones diferentes a las suyas, como por ejemplo Pedro Franco en el mediocentro, tampoco marcarán una diferencia mayúscula a partir de cambios posicionales salvo sorpresa mayúscula del seleccionador.

En ese orden de ideas, y teniendo pleno conocimiento de que Pékerman prioriza las jerarquías internas de la plantilla para definir su alineación titular, el once tipo probablemente sea prácticamente “el de siempre”, más Carlos Valdés entrando por Yepes, Edwin Valencia entrando por Abel Aguilar, y Falcao volviendo a la delantera en detrimento de Ibarbo. Al completo, sería: Ospina; Zúñiga, Zapata, Valdés, Armero; Valencia, Sánchez; Cuadrado, James; Teófilo, Falcao. 4-2-2-2. Algo muy parecido a toda la propuesta del ciclo que inició en 2012.

Las modificaciones que probó Pékerman no podrán ser en este torneo

Tras el quinto puesto conseguido en el Mundial, Pékerman buscó actualizar mecanismos, probar nuevas cosas. Por ejemplo, contra El Salvador, intentó adecuar el sistema a James al ubicarlo de mediapunta y darle mucha libertad detrás de dos delanteros y delante de dos interiores que tenían mucha movilidad en el eje horizontal. Poco más pudimos ver, ya que los demás amistosos -Kuwait y Bahrein- no fueron útiles para sacar una que otra conclusión, y el siguiente paso ya es este: la Copa América.

Entre medias, se lesionó el interior titular -Aguilar-, el interior suplente -Guarín-, y Aldo Leao Ramírez se quedó fuera de la lista. Balanta, alternativa poco probable para el centro del campo, también se rompió, y Stefan Medina, que hubiese sido una opción más que viable para el puesto, ha estado más fuera que dentro del proyecto desde el final de las Eliminatorias hasta ahora. Todo lo anterior da paso a la duda principal: ¿De qué manera funcionará Colombia teniendo en cuenta el déficit de centrocampistas? Hay que tener en cuenta que Mejía, Sánchez y Valencia son mediocentros defensivos puros. No son interiores. ¿Qué hará José Néstor? ¿A quién escogerá?

Las miradas apuntan hacia Camilo Zúñiga, pieza clave del engranaje cafetero hasta ahora. El punto con este jugador es que su participación en el Nápoli esta temporada fue testimonial. Carece de ritmo. Sin embargo, la balanza se decanta a su favor por la importancia que ha tenido hasta ahora, y aún más la que puede tener para paliar los defectos que habrá en la zona del círculo central de su equipo.

Camilo Zúñiga, ese lateral tan peculiar

La tendencia interior de Camilo es bien conocida, y Pékerman siempre ha actuado en pro de potenciarla. Ya incluso contra Brasil, durante el amistoso de septiembre del año pasado, lo ubicó de mediocentro para acompañar a Sánchez. El experimento no arrojó resultados por el inconveniente de la expulsión de Cuadrado minutos después. Pero la constancia está. Probablemente, cuando Colombia tenga la pelota, veamos al Zúñiga más merodeador del centro que nunca. La calidad técnica del 18 y su toma de decisiones no tienen nada que no tengan los demás centrocampistas colombianos. De hecho, puede significar hasta un plus respecto a ellos. La presencia de Valencia es capital en este punto, ya que Edwin puede compensar los movimientos de Camilo desplazándose hacia la cal con oficio y sin sufrir. Para sacar la jugada desde atrás y administrarla, el ex-Nacional será importantísimo.

Aún así, es necesario situar en contexto lo explicado antes. ¿Cuál será el plan global de Colombia? ¿Se parecerá más al del proceso de las Eliminatorias o al del Mundial? Lo más factible es que sea lo segundo, pero con varios matices.

En Brasil, Colombia optó por repliegue y contragolpe por varias circunstancias. Primero, que Falcao, el jugador que legitimaba el ataque estático de Colombia, se perdió la cita. Segundo, que Yepes se sentía más cómodo para hacer su trabajo estando cerca del área y no a 50 metros de ella. Y tercero, que James y Cuadrado, con espacio y juntos, son dinamita.

Para esta ocasión Falcao sí hará parte del conjunto y Yepes no está, pero el problema se encuentra ahora en la mitad. Un doble pivote Valencia-Sánchez no estaría apto para sostener cadenas de buenos pases que desordenen al rival. A cambio, blinda un poco más al equipo en campo propio. Sin embargo, el primer toque para romper la presión atacante y montar la contra no sería claro. James tendría que situarse cerca de la pérdida para tener opciones en esa faceta.

Lo normal sería ver a una Colombia más reactiva

¿Cómo va a mover la pelota Colombia? No sólo desde atrás, sino también en el medio y adelante. Quintero llegó para asumir el rol de Macnelly con mucha más calidad, pero tampoco podrá vestirse de corto en Chile. Queda Edwin Cardona, que brilla cuando otro la menea y él mata. En caso de elegir llevar la iniciativa con la pelota, se multiplican así las tareas para Zúñiga, como ya explicamos antes, y para James. La temporada del cucuteño en el Real Madrid, donde jugó de interior izquierdo y mostró un conocimiento del juego inusitado en él hasta para los que más le habían visto, resulta una excelente noticia de cara a la Copa América y al problema de los centrocampistas. Pero habrá que ver qué decide Pékerman. En sí, con el precedente del Mundial tan fresco, lo más probable es que opte por competir como en Brasil. Sería coherente, además, porque si el ataque estático no es sostenible, lo mejor es buscar alternativas.

El combinado cafetero se cuida, de esa forma, de no tener que defender contragolpes estando a 50 metros de Ospina sin garantías para hacerlo bien, y puede darle vuelo, de nuevo, a James y a Cuadrado más Teófilo en un rol de facilitador y no de finalizador teniendo en cuenta que Falcao jugará. El Tigre a la contra es un futbolista notable. Su calidad en esas lides está contrastada, se vio en el Atlético de Madrid.

Donde sí se puede decir que hay un inconveniente de gran calado es en la calidad que atesora el equipo para revolucionar un partido desde el banquillo. Quintero no está, y Cuadrado será titular. El cambio preferido de Pékerman durante buena parte del ciclo para darle un vuelco a los encuentros era sacar un pivote y poner a Cuadrado para formar con un 4-1-3-2. Luego, durante el Mundial, para encarrilar el partido contra Costa de Marfil sacó a Ibarbo, quien estaba cumpliendo una tarea puramente defensiva contra Aurier, y dio ingreso a Quintero. Estos movimientos tácticos estaban orientados a desbordar al rival con la pelota y empotrarlo en su área, y prácticamente siempre dio resultado. Era un seguro de vida. Sin embargo, en la Copa América no veremos esto, partiendo del hecho de que no hay nadie del perfil Quintero/Macnelly en la plantilla -o sea, un mediapunta 100% relacionado con la pelota y la distribución de juego-, y de que Cuadrado estará desde el pitazo inicial en cancha.

Bacca e Ibarbo podrían aportar, cada uno en la medida de sus posibilidades, energía y movimientos sin la pelota cuando más haga falta el aire, y Cardona podría sumar con sus toques definitivos o con un disparo de media distancia. Pero control de juego, poco.

La Copa América está por comenzar, y más allá de los peros, hay algo que este grupo de jugadores sí ha demostrado, y ha sido la gran impronta de Pékerman durante su periplo en Colombia: saber estar. El nivel de fortaleza mental está fuera de duda, y a partir de eso se construyen los títulos en torneos cortos. A los de José Néstor las circunstancias no les abruman, como sí sucedía antes. El que viaja a Chile es un conjunto que hasta ahora sólo ha evidenciado avances en lo psicológico. Eso en clave cafetera es exclusivo de esta época, y es el argumento principal para creer. Eso, sumado a los James, Cuadrado, Falcao, Ospina, Zúñiga, Téofilo y compañía, va a dar respuestas más pronto que tarde a los curiosos y propiciará más conversa. Como siempre.

Mantener la competitividad

Los años recientes de Uruguay han comprendido un proceso uniforme que fue in crescendo a medida que transcurrieron los años y los certámenes. Tabárez logró formar un equipo muy competitivo, al punto de estar cerca de grandes gestas y de llevar al seleccionado a escenarios que no visitaba hace tiempo. Más allá del juego y las bases que ha adquirido el conjunto, el orgullo propio siempre se configuró como una virtud intrínseca del combinado celeste.

El actual campeón de América se encuentra en fase de renovación

En su segundo período, tras dirigir en el Mundial de 1990, Tabárez lleva ya nueve años al frente del equipo. Ha sabido formar un colectivo sólido que cada día acentuó más sus capacidades. Los jugadores rápidamente comprendieron el mensaje y alcanzaron un estilo que perdura aún, mediante distintos matices. El súmmum fue la obtención de la última Copa América en Argentina, ante Paraguay, aunque actualmente Uruguay se encuentra en una fase de renovación de sus plataformas.

El entrenador también lidera hace tiempo un proyecto de gestión de la cantera, que aúna las juveniles con el primer equipo nacional. Tras el subcampeonato mundial sub-20 de 2013, algunos futbolistas han ido introduciéndose en la mayor a través del paso de las competencias. De hecho, cuatro de ellos fueron citados y estarán presentes en la Copa a disputarse en Chile. El relevo generacional es ahora mismo el punto de inflexión que establece el cuerpo técnico.

Ante la salida de efectivos importantes en la última época, como Lugano o Forlán, Uruguay cambia su lista de sobremanera. Aquel grupo que poco cambió en un gran período de tiempo se modifica, a partir de la aparición de nuevas figuras que merecen una oportunidad y la necesidad de progresar o dar un giro al modelo de juego. Sólo uno de los jóvenes de aquel sub-20 parece haber ganado un lugar en el equipo titular –el central Giménez– aunque sin duda que sus compañeros serán una pieza de recambio. Asimismo, las mutaciones principales en la lista tienen que ver también con jugadores que veían obstaculizados sus caminos anteriormente para ser convocados, ante el cierre de filas.

Uruguay no podrá contar con su máxima figura: Luis Suárez

De cualquier manera, dentro de esos 23 nombres no aparecerá el de su máxima figura. Uruguay no dispondrá de su factor diferencial, el que no es sino el máximo exponente de esa energía charrúa. Luis Suárez aún continúa sancionado para actuar con su selección, tras aquel episodio protagonizado con Giorgio Chiellini durante el Mundial de 2014. Quizá en el momento de su carrera en que ha añadido más cualidades a las virtudes excelsas que ya presentaba, no podrá estar en territorio trasandino.

Cavani se presenta como el nombre más importante, el eje de ataque de los de Tabárez. Posteriormente a una gran temporada en el PSG, el centro delantero será la punta de lanza de la escuadra charrúa, así como el principal exponente de la presión colectiva. Sus ayudas defensivas son un sustento de base para el equipo, aunque tal vez ese trabajo se vea un tanto mermado al no contar ya con Suárez unos metros por delante.

El déficit principal que acarrea el equipo es la creatividad en organización ofensiva. Su ataque posicional no tiene un líder que pueda unir con precisión las líneas. Si bien Forlán no era el encargado exclusivo de estas funciones, era quien lograba asentar al equipo en campo rival y, a partir de allí, controlar mediante posesiones largas. Uruguay sólo cuenta con un enlace natural para la Copa América, Giorgian De Arrascaeta (también participó de la Copa del Mundo sub-20), quien en principio tendrá un lugar en el banco de suplentes tras un semestre sin grandes actuaciones en Cruzeiro.

De Arrascaeta, Lodeiro y Sánchez podrán contribuir a la reinvención uruguaya en el mediocampo

Así, Nicolás Lodeiro se antoja como una pieza segura en el mediocampo, por su adaptación a equipos directos. El perfil de los volantes uruguayos es similar; con ellos, Tabárez intentará dominar en el juego de transiciones y hacer que su equipo recorra con velocidad los metros que lo separan de la portería contraria. Carlos Sánchez ha hecho una gran temporada en el fútbol argentino y su versión box-to-box podría ser fundamental. De igual modo, los apoyos de los extremos servirán para cubrir el ancho del terreno y recuperar el esférico.

La clave residirá en lograr una superioridad en propio campo para luego lanzarse a los espacios con determinación. El seleccionado celeste ya ha dado sobradas muestras de lo rocoso que puede ser en un repliegue bajo, alcanzando una seguridad defensiva que destaca por los principios holísticos de cada componente del equipo. Tanto Godín, un central de élite, como Giménez, quién ha sido su mejor acompañante en Brasil 2014, son capaces de imponerse en las áreas.

El relevo generacional trae consigo la incógnita de cómo responderá Uruguay a la máxima cita continental, en la que defiende el título. Sin jugadores que han sido importantes en los últimos años y con nuevos hombres, se encuentran en una fase de renovación que es menester en cada proceso.

Labor eficiente

Carlos Sánchez jugó frente a Estados Unidos uno de sus mejores partidos en la Selección Colombia desde que fue convocado por primera vez. Su labor en marca, su precisión en salida y su compromiso en las coberturas fueron fundamentales para que la Selección lograra una victoria en Craven Cottage frente al equipo norteamericano.

El jugador del Aston Villa estuvo acompañado por Abel Aguilar en el centro del campo. El bogotano, con la libertad que obtuvo gracias a la buena labor de su compañero, se soltó en algunas ocasiones para aumentar el volumen ofensivo de su equipo. Así mismo, el del Toulouse filtró un par de balones que estuvieron cerca de terminar en gol para la Selección. En otras palabras, la labor del doble pivote de la Selección fue eficiente y eso se notó, incluso cuando James no estaba metido en el encuentro.

Sánchez y Aguilar no jugaban juntos desde los octavos de final del Mundial

El partido del 10 del Real Madrid debe ser visto de manera diferente en cada tiempo. En la primera parte, el juego de la Selección Colombia estaba volcado en la zona izquierda de la cancha. Rodríguez buscaba a Pablo Armero y a Juan Guillermo Cuadrado, cuando cambiaba banda, para asociarse con ellos o para que encararan y desequilibraran desde allí. El problema estuvo en que ni el jugador del Milan, ni el jugador de la Fiorentina, lograron generar una sociedad eficiente con James. El elenco cafetero dominó ese tramo del partido pero careció de profundidad.

En la segunda mitad, la Selección Colombia fue más peligrosa porque mandó todo su poderío ofensivo al otro lado. Las proyecciones del lateral derecho, Santiago Arias, fueron fundamentales porque con él, James Rodríguez pudo crear una sociedad con la que su equipo pudo ser más profundo y logró llegar con peligro al arco de Guzan. Así mismo, las apariciones y la presión efectuadas por Carlos Bacca y Teófilo Gutiérrez contribuyeron a la recuperación rápida del balón y a la circulación veloz del mismo. En este contexto, el cuadro tricolor se encuentra cómodo y comienza a desarticular las defensas rivales con toques precisos y de primera intención.

James asistió a Bacca en el gol del empate de Colombia

En definitiva, el mediocampo de la Selección Colombia dejó muy buenas sensaciones, especialmente en la segunda mitad. El trabajo realizado por Sánchez y Aguilar le permitió a James desplegar retazos de su mejor fútbol. Sin embargo, Juan Guillermo Cuadrado debe adaptarse mejor al sistema, pues en ocasiones peca por transportar mucho y pierde el balón. A diferencia de este jugador, Edwin Cardona, en los pocos minutos que jugó, mostró un alto grado de adaptación. A pesar de no haber tocado mucho el balón, el jugador de Atlético Nacional arrastró marcas y abrió espacios con sus movimientos. Si no hacía esto, el antioqueño aprovechaba los movimientos de sus compañeros para recibir libre. Ejemplo de esto último, la jugada del segundo gol con el que el elenco cafetero derrotó a Estados Unidos en Londres.