El As bajo la manga

Para abrir la 18ª jornada jugaban Envigado-Santa Fe. El Nuevo Gasómetro colombiano, por sus extensas dimensiones, dibujó dos clones tácticos (4-4-1-1). Y en ellos, no aparecía el agitador clásico. Era un tú a tú: te regalo la posesión, reculo lo más cerca de mi portería y, posterior al robo, transito. Santa Fe se benefició de esto, pues tenía en cancha la energía de Vargas, la siempre mejora en estático de Rivera y las carreras atléticas de Morelo. Esta superioridad para correr, esta mínima ventaja a la fase establecida del juego, la mermó Armando en la derecha para cumplir el cuatro en el mediocampo de Costas. Sin embargo, este movimiento fijo le dio orden con balón a Santa Fe.

Tras la reanudación, Yony González pasó a su banda natural. Envigado mejoró respecto a la primera parte, donde se mostró el doble de lento por los múltiples metros que tenía que recorrer para pisar el área cardenal; Santa Fe perdió el balón inteligentemente: sobre el pico del área de Castillo. En pos de desplegar en velocidad, Yony recibió en la izquierda y ralentizó los contragolpes a perfil cambiado. Sánchez ajustó, lo movió y González atacó a Villarraga y Seijas. Sumó verticalidad y aceleración en cada transición, encaró y regateó con la ventaja del mano a mano, y, sobre todo, ocasionó dos opciones de gol. En un ritmo que, a priori, parecía ser british y vertiginoso por la mayoría de protagonistas, Yony González acabó siendo el As bajo la manga de anaranjados y de 90 minutos serios. Otra demostración para alejarlo del mapa y situarlo al otro lado del charco.

Calidad en las áreas

El fútbol es un deporte curioso. Vive bajo la máxima de que quién juega bien casi siempre gana y que jugar bien se define por el juego medio. Quién domina más situaciones de transición con ventaja se acerca más a cumplir con dicho axioma; sin embargo, hacerlo nunca es sinónimo de triunfo ni resulta condición sine qua non para obtener los tres puntos. De hecho, por la tendencia a los resultados ajustados que tiene el fútbol a diferencia de otros deportes colectivos como el baloncesto, ganar a veces es cuestión de suerte en los momentos claves. Por eso perder es lo normal. Por eso el fútbol es cuestión de fe.

Anoche Santa Fe creyó. Gustavo Costas ha diseñado un equipo dominante y eso se nota sobre todo cuando jugadores como Seijas y Armando Vargas están inspirados. El león produce fútbol en cantidades industriales y normalmente, por fe e insistencia, suele terminar los partidos con victoria. El sistema no engaña: ritmo superior, poderío en las transiciones, amplitud y profundidad metódicas y un dominio inigualable en nuestro rentado de la segunda jugada. Desde el inicio del partido, basado en esas hondas virtudes, Santa Fe dominó a un Cali al que este tipo de partidos a ritmo alto le suelen costar y que sin su lanzador de contragolpes, Candelo, no tenía suficientes armas para competir. Santa Fe salió lanzado al ataque desde un inicio y acorraló al Cali en su área: no sólo tenía más tiempo la pelota y llegaba con facilidad a inmediaciones del área, sino que ganaba todos los rebotes y dejaba al Cali sin opción de salida. Una tortura que Mera y Nasuti aguantaron como pudieron y que duró alrededor de viente minutos. Hasta ahí fue la primera fase de las cuatro en las que se dividió el juego.

Mendieta realizó su mejor partido desde que aterrizó a Cali

La segunda fue cuando el Cali pudo contragolpear. Pecoso Castro optó por cambiar de perfil a sus dos delanteros y abrirlos para que pudieran recibir, ubicando a Mendieta como ’10’ puro en el centro del ataque. Así, con balones directos a Preciado, y pases hacia afuera para Borré, el Cali fue saliendo de su área y comenzó a inquietar a Santa Fe, que jugaba casi mano a mano contra la delantera caleña. Tal peligro obligó a Costas a bajar un cambio, aumentar el número de efectivos en campo propio en transiciones y asegurar atrás. Esto derivó en que el Cali sumó más ataques posicionales y ahí pudimos ver el mejor partido de Mendieta este semestre. Ágil con el balón, pero sobre todo continuo en los apoyos, el Cali se apoyó en él para organizar sus ataques, no sólo prolongando sus ataques, sino también ganando solidez en defensa a raíz de una ofensiva controlada. Un error individual de Daniel Torres fue todo el desequilibro que necesitó el Cali, y Santos Borré en particular, para convertir esa fase de dominio en gol.

Morelo no fue lo convenientemente sagaz

La tercera fase del partido inició con la reanudación. Santa Fe tomó una actitud mucho más controladora con balón y volvió a meter al Cali en su propio campo a la vez que evitaba contraataques. A pesar de ello, la falta de desborde penalizó sus opciones y la urgencia del marcador sugirió volver al plan inicial. Unos estelares Vargas y Seijas comenzaron a aparecer entre líneas y en la banda, respectivamente, y a través de su golpeo comenzaron a gotear ocasiones de gol una tras otra. El partido se abrió y si no llegaron más goles fue porque ni Santa Fe tiene un rematador excelso ni el Cali un lanzador contundente si no está Candelo. A veces el fútbol es tan simple como eso y no gana quien mejor juega si no quien tiene más calidad en las áreas. Ayer fue el Cali.

Ofensivas discontínuas

No es normal que luego de un Clásico que enfrentó a un Santa Fe partícipe de Copa Libertadores contra su rival de patio, nada menos que un histórico como Millonarios, quede tan, tan poco para el análisis. El nivel fue, sencillamente, muy bajo, casi llegando a pobre. Tampoco es normal que el resultado fuese 0-0 entre tantas imprecisiones producidas por la alta intensidad -que no ritmo- que le imprimieron ambos conjuntos. Los de Costas y Lunari saltaron al césped del Campín a intentar ganar el partido sin poner un poco de sentido a su fútbol. La precaución de parte de ambos fue tanta que la lógica que pide este deporte para puntuar terminó anulada.

Las cadenas de pases que superaron los diez toques se pueden contar con los dedos de las manos. La precipitación negativa fue una constante de la que nadie intentó escapar, en la que lucieron Machado y Reina del lado embajador, y Páez y Torres del lado cardenal. Hubo ocasiones de gol, sí, pero estas eran ajenas al (poco) fútbol que exhibieron las escuadras de la capital. Armando Vargas se quedó en la nada.  No aportó con sus características algo que hiciera que los hinchas rojos no extrañaran el golpeo sagrado de su 10 para contragolpear. Federico Insúa continuó inmerso en su levedad hasta que se rompió, y Fabián Vargas se mostró más lento que siempre antes de irse en camilla. La entrada de Robayo y su derroche de energía, y el desequilibrio que provocó Reina fueron los pocos motivos que tuvieron los azules para alegrarse. Para los rojos estuvo Daniel Torres, cuyo desempeño en este semestre amerita todos los elogios. Si lo de ayer llega a reiterarse, la situación será, por lo menos, preocupante para cualquiera de los dos.

Armando Vargas: sinónimo de contraataque

Santa Fe se iba derrotado al descanso y la segunda mitad no parecía ser mejor. Durante 15 minutos, el DIM mostró un juego de posición aplastante e imponía un dominio abrumador. Al final fue todo lo contrario: cuanto más creía el DIM que dominaba, tanto más peligroso se hacía Santa Fe.

El DIM controló el balón y el partido hasta que Santa Fe encontró el imán que ha buscado toda la temporada: defensa y mediocampo jugaron tan juntos que difícilmente regalaban espacios. Sí, el DIM mantenía el balón, Hernández y Córdoba asentaban la posesión en campo de Santa Fe, pero ya no encontraban opciones para superar líneas de presión. Llegado el desespero, el DIM perdía el balón en zonas prohibidas y nadie se hallaba cerca para las recuperaciones.

Vargas favoreció el desborde de Morelo y Santa Fe logró la remontada

El desorden del DIM tras pérdida fue todo un caldo de cultivo para el contraataque. O para Armando Vargas, que es lo mismo. Vargas se hallaba en el sitio justo y en el momento indicado para recibir y lanzar balones a las gacelas que son Morelo y Cuero. Pero no sólo fue un lanzador. Vargas conducía, aceleraba e incluso se frenaba para juntar gente en campo contrario. De cualquier forma, sus contraataques terminaban en situación de gol. Con sus dos asistencias, Santa Fe está a un paso de coronarse campeón.