La fe en el 10

Cuando llegó a Luis Zubeldía la propuesta de dirigir al Independiente Medellín, seguramente soñó de inmediato con Juan Fernando Quintero llenando de asistencias a Valentín Viola. Al llegar al banquillo del poderoso, una vez conoció a Christian Marrugo sumó a su sueño un capataz de obra, un organizador retrasado que orquestara la salida de su equipo, que no iba sobrada en calidad.

Agujero Blanco

Millonarios se presentó en el Atanasio Girardot acusando insuficiencia. Que sólo tuviese un delantero disponible es muestra de su precaria actualidad. Y, aunque cojeando, compitió. Los de Rubén Israel llegaron a dominar a un equipo serio como lo es el Independiente Medellín de Leonel Álvarez. El embajador murió con las botas puestas.

El regreso de Hernán Hechalar le caía como anillo al dedo al DIM. Con Hechalar por derecha, Goma Hernández podía regresar al doble pivote y, junto con Daniel Torres, protagonizar una salida de balón tremendamente eficaz. Pero la línea del medio albiazul espesó tanto al DIM que éste se vio obligado a desistir de la iniciativa. Desde entonces el DIM se dedicó a contraatacar, pero nunca pudo acelerar más que Elkin Blanco. Millonarios parecía impenetrable. Y peligroso, porque recuperaba el balón en campo del DIM y le bastaba con un toque para encontrar a Jonathan Agudelo. Era una tarde redonda para Millonarios: Agudelo desbordaba a complacencia por la zona de Fabra.

Daniel Torres mostró su mejor fútbol con la camiseta del DIM

No obstante, al DIM le bastó con un breve movimiento para batir a Vikonis. La proyección ofensiva de Andrés Mosquera por derecha sirvió para evadir a Elkin Blanco, el cerrojo defensivo albiazul, y arruinar el meritorio primer tiempo de Millonarios. La respuesta de Rubén Israel no fue del todo mala: el ingreso de Mario González sumó dinámica en un Millonarios desconcertado. Pero la salida de Elkin Blanco fue un precio que Israel no se podía permitir. Blanco dejó un agujero que Daniel Torres aprovechó a las mil maravillas: exhibió pases, controles orientados y lanzamientos exquisitos. Sabemos que Leonel Álvarez le delegó a Torres el timón. La mejor noticia de cara a los playoffs es que, junto a Goma Hernández, el timonel parece sentirse mejor que nunca.

Las teclas y el mensaje de Alexis Mendoza

La Copa Águila en estas fechas es un escenario que, sin más, divierte en su máximo esplendor. Divierte porque cada uno de los equipos se va tomando el certamen con mayor seriedad que, por ejemplo, la misma fase de grupos. Esto evidenciaron tanto Junior como Independiente Medellín en un interesante juego que pudo acabar con dos o tres goles más en el electrónico.

Cuéllar y Vladimir, el nuevo sello

La marca potencial del Junior, conocida por muchos, que consiste en tener la mayor parte del balón entre Cuéllar y Celis, dos futbolistas que potencian el juego de posición, creando ventajas desde el primer pase, está teniendo un impacto brutal en el cómputo global. Ahora Alexis ha tomado medidas específicas para intensificar las sensaciones. Celis como mediocentro derecho y Cuéllar como mediocentro izquierdo (en el carril de Vladimir) le da un dominio que hoy por hoy no tiene nadie en el fútbol colombiano. El primero por su dominio físico y respetuoso poso; el segundo, sin descubrir nada, significando el fútbol en Colombia. Mendoza quiere aliar con frecuencia a Cuéllar y Vladimir, convirtiendo esta relación en la más potente y fulgurante en el marco local. Macnelly junto a Chará sería la otra, aunque necesitaríamos conocer su cuota de producción.

Alexis, desde su dirección de campo, dictó el trámite

Al DIM, el último detalle, se le hizo complejo defender. En ese carril derecho defensivo Leonel juntó a un extremo reconvertido en lateral (Micolta) y a un delantero reconvertido en extremo (Pajoy). En resumidas cuentas, escaso talento defensivo en estático y en carrera. Junior no marcó más goles o creó más situaciones porque la única forma de frenar tanto a Cuéllar como a Vladimir era por medio de infracciones o doblajes defensivos. Si era lo primero, el DIM controlaba el juego aéreo gracias a Mosquera, Cahais, Moreno y Henríquez; si era lo segundo, lo menos recurrente, Ortega (muy lento) proponiendo y Pérez (muy desacertado) conduciendo tenían kilómetros.

En la segunda mitad, cuando el resultado parecía finiquitado, Junior comenzó a perder el balón mal, impropio de un contexto favorable (2-0). Los ingresos de Jarlan Barrera y Jorge Aguirre le cayeron muy mal al tiburón. Junior necesitaba ser lento para dormir un partido que dominaba bajo mínimos altibajos. El DIM era incapaz de sumar tres toques en campo contrario, como también era incapaz de generar múltiples ventajas saliendo. Daniel Torres, sobrepasado con y sin balón en el juego, superado por el ritmo del mismo, no apareció cuando el DIM más necesitaba su templanza y serenidad.

¿Marrugo estuvo en cancha?

De cara a la vuelta, Junior dependerá de sí mismo para afrontar los últimos dos partidos de la competición. A este ritmo, sostenible por las facultades de los jugadores, se le dificulta a cualquier rival competirle óptimamente. Sobre todo cuando Alexis parece haber dado en la tecla: Cuéllar y Vladimir por el carril zurdo, y Celis por la zona de Pérez, abriéndole el espacio a conducir más metros. Independiente Medellín, por su parte, deberá corregir si no quiere que Marrugo pase por anónimo.