Cuéllar es el sistema rojiblanco

Si la mayoría creemos que el fútbol de Junior y en Colombia se traduce en Gustavo Cuéllar, pues anoche se terminó de corroborar. Lo hizo Guillermo Berrío. Como Cuéllar es el sistema rojiblanco, Alexis Mendoza le adjudica soltura para estar presente en la jugada de principio a fin. Juega extremadamente suelto porque sus facultades, aunque pueden originar debate, necesitan vuelo. Y lo está logrando en el actual estilo tiburón. Vamos a explicarlo detalladamente.

A Cuéllar se le presentó un test singular

El Teacher quiso atar la explicación futbolística de Junior. ¿Cómo ejecutarlo? El Pasto se paró en un 4-4-1-1 donde Jonathan Gómez era la pieza excarcelada al trabajo defensivo y sus dos extremos mutaban de bandas, todo esto con la finalidad de sujetar a Gustavo Cuéllar. El extremo (reconvertido) encargado de esta misión individual particular fue Giovanny Martínez. Si Cuéllar pasaba a ser pivote derecho, Martínez cambiaba de posición con Marlon Fernández. Si Gustavo pasaba a ser el pivote izquierdo, Giovanny se transportaba a la derecha. Esto marcó 100% la primera parte. Junior espeso, lento y previsible tanto moviendo el balón como llegando y rematando. Además sin Pérez disponible y Ovelar tocado en cancha.

Oportuno Alexis Mendoza en la dirección de campo

Todo cambió después del descanso. Mendoza fijó a Cuéllar como primer apoyo en corto en fase de salida por detrás de Celis, obligando a Martínez buscarlo muy arriba y despoblando el mediocampo. El 1-0 es demostración. Cuéllar podía superar fácilmente a respectiva atención personalizada, ya fuese conduciendo o asociándose. Alexis con su dirección de campo hizo que el Pasto, más allá de salir poquísimo, fuera concediendo ocasiones.

Toloza finiquitó el asunto. Como los centrales rivales (Ávila y Briceño) no suelen salir lejos del área a cortar un pase, Toloza tiró de movimientos para canalizar estas ventajas. Uno de los movimientos, el favorito, fue el desmarque de ruptura para anticipar el pase interior y ponerla posteriormente a zona de remate. El otro, el menos útil, fue la carrera vertical para llevarse a ambos centrales y desocuparle la frontal a los llegadores –segunda línea–. Vladimir se benefició haciendo una aceptable actuación que pudo ser discreta. Junior tiene documento de identidad: Gustavo Leonardo Cuéllar Gallego.

Las teclas y el mensaje de Alexis Mendoza

La Copa Águila en estas fechas es un escenario que, sin más, divierte en su máximo esplendor. Divierte porque cada uno de los equipos se va tomando el certamen con mayor seriedad que, por ejemplo, la misma fase de grupos. Esto evidenciaron tanto Junior como Independiente Medellín en un interesante juego que pudo acabar con dos o tres goles más en el electrónico.

Cuéllar y Vladimir, el nuevo sello

La marca potencial del Junior, conocida por muchos, que consiste en tener la mayor parte del balón entre Cuéllar y Celis, dos futbolistas que potencian el juego de posición, creando ventajas desde el primer pase, está teniendo un impacto brutal en el cómputo global. Ahora Alexis ha tomado medidas específicas para intensificar las sensaciones. Celis como mediocentro derecho y Cuéllar como mediocentro izquierdo (en el carril de Vladimir) le da un dominio que hoy por hoy no tiene nadie en el fútbol colombiano. El primero por su dominio físico y respetuoso poso; el segundo, sin descubrir nada, significando el fútbol en Colombia. Mendoza quiere aliar con frecuencia a Cuéllar y Vladimir, convirtiendo esta relación en la más potente y fulgurante en el marco local. Macnelly junto a Chará sería la otra, aunque necesitaríamos conocer su cuota de producción.

Alexis, desde su dirección de campo, dictó el trámite

Al DIM, el último detalle, se le hizo complejo defender. En ese carril derecho defensivo Leonel juntó a un extremo reconvertido en lateral (Micolta) y a un delantero reconvertido en extremo (Pajoy). En resumidas cuentas, escaso talento defensivo en estático y en carrera. Junior no marcó más goles o creó más situaciones porque la única forma de frenar tanto a Cuéllar como a Vladimir era por medio de infracciones o doblajes defensivos. Si era lo primero, el DIM controlaba el juego aéreo gracias a Mosquera, Cahais, Moreno y Henríquez; si era lo segundo, lo menos recurrente, Ortega (muy lento) proponiendo y Pérez (muy desacertado) conduciendo tenían kilómetros.

En la segunda mitad, cuando el resultado parecía finiquitado, Junior comenzó a perder el balón mal, impropio de un contexto favorable (2-0). Los ingresos de Jarlan Barrera y Jorge Aguirre le cayeron muy mal al tiburón. Junior necesitaba ser lento para dormir un partido que dominaba bajo mínimos altibajos. El DIM era incapaz de sumar tres toques en campo contrario, como también era incapaz de generar múltiples ventajas saliendo. Daniel Torres, sobrepasado con y sin balón en el juego, superado por el ritmo del mismo, no apareció cuando el DIM más necesitaba su templanza y serenidad.

¿Marrugo estuvo en cancha?

De cara a la vuelta, Junior dependerá de sí mismo para afrontar los últimos dos partidos de la competición. A este ritmo, sostenible por las facultades de los jugadores, se le dificulta a cualquier rival competirle óptimamente. Sobre todo cuando Alexis parece haber dado en la tecla: Cuéllar y Vladimir por el carril zurdo, y Celis por la zona de Pérez, abriéndole el espacio a conducir más metros. Independiente Medellín, por su parte, deberá corregir si no quiere que Marrugo pase por anónimo.

De vuelta al mejor sistema

Hace unos meses Tolima transmitía la sensación de ser el equipo con el sistema más sólido y, precisamente ante Junior, ayer, pareció volver serlo. El mejor ataque del fútbol colombiano no logró exponer las flaquezas de su rival, en gran parte, a la virtud de Alberto Gamero. Su equipo no otorgó oportunidades y defendiendo en estático lució impenetrable.

Tolima vistió con su habitual 4-2-3-1. La reaparición de Estrada pone las cosas en su lugar, sobre todo, los ataques. La influencia en el sistema ofensivo es total por parte de Jonathan; en estático, imprime el ritmo de las posesiones, se asocia con Ibargüen a espalda de los centrocampistas y logra triangular cerca del arco contrario; contraatacando, elige el momento y destinatario correcto a lanzar.

Pasó todo lo contrario en el equipo de Alexis Mendoza. Las posesiones carecían de calidad; primero porque Cuéllar no estaba en el campo; segundo, Narváez era el pivote más adelantado que conducía los avances por delante de Celis; y por último, el sistema ofensivo está desconectado sin Ovelar. La poca movilidad de Vladimir, los pocos receptores por delante de la línea del balón y la capacidad de anticipación de Wilmar Barrios obligaban a retroceder en cada jugada.

Sin juego por dentro y los habituales apoyos de Roberto Ovelar, Junior sólo llegó a enfrentar a Joel Silva saltando las líneas defensivas con un pase ‘globo’ o lanzamientos en largo para Vásquez que pescó un par de oportunidades. Con la entrada de Cuéllar, Junior se hizo con el dominio de la pelota, aumentó el ritmo y dio altura a sus posesiones, pero no logró filtrar pases entre líneas ni mandar en el partido porque un imperial sistema defensivo de Tolima no lo permitía. Gracias a Jonathan.

Dos ritmos favorables a Vladimir

El Millonarios-Junior se compuso por una clara vertiente: el ritmo bajo. El local no aceleró y el visitante no sufrió. Es decir, el juego se decidió a favor de Alexis Mendoza, aunque de la mano de Rubén Israel se evidencian notorias mejorías, sobre todo porque ya hay funciones específicas para el segundo pivote, Maxi Núñez y la relación Insúa-Candelo. Vargas o Robayo vuelan sin freno; Núñez sacude; Federico y Mayer interactúan constantemente. Lo de los dos enganches tiene trampa puesto que no crearon ventajas, pero eso llegará con el paso de los compromisos mientras el entrenador uruguayo implanta un sistema ofensivo que los potencie.

Guillermo Celis fue de lo más destacado

Millonarios establecía sus posiciones rápidamente en campo rival en búsqueda de Insúa y Candelo. Los dos marcaban opciones de pase a la misma línea pero en diferentes carriles. Siempre se buscaban. Hasta en los tiros de esquina. Y aquí destacó la presencia de un futbolista como Celis que con libertad posicional expone su amplio físico. Para atacar y defender. Para subir y bajar. Millonarios jamás superó la barrera de Guillermo. No dominó el partido en su totalidad, pues en fase ofensiva cargaba mal el área y no recogía la cantidad suficiente de rebotes, pero en él estuvo el partido.

Está claro que los mecanismos de salida de balón y la calidad en los primeros de pases no es la misma con y sin Cuéllar. Sin embargo, la clave del Junior no estuvo en sacar mejor o peor el marrón, sino en pillar a contrapié a Millonarios. El azul, evidentemente, no defiende igual en los metros finales con Henríquez-Vega a diferencia del jefe Torres y el inspirado Díaz. Blanco llevó el partido a donde pudo, pues los controles de Ovelar, las conducciones de Pérez y las acciones espectaculares de Vladimir mandaron.

Vladimir Hernández, muy decidido en todo lo que hace

En la segunda mitad, cuando el ritmo aumentó, Junior pegó el último tiro. Millonarios se partió en dos bloques donde cuya disciplina en el repliegue desapareció, Blanco se juntó a los centrales y quedó en inferioridad numérica tras la expulsión de Mosquera. Junior logró y catapultó la victoria cediendo la posesión, armándose sobre el círculo central y corriendo a toda luz. Vladimir volvió a destacar. En la lentitud, encaró y desbordó con determinación; en el ida y vuelta, ofreció las jugadas que viene dejando desde finales del torneo pasado. Dos ritmos favorables.

La carta de Jarlan

Alexis Mendoza llegó al partido ante Cortuluá con Jarlan Barrera como carta de presentación. En fechas anteriores, Junior venía mostrando destreza en el domino de la posición y en las transiciones; pero era evidente su incapacidad al intentar generar rupturas o enlaces sobre el último cuarto. Jarlan apareció con la labor de arreglar aquello. Entrando al onceno titular por un inconsistente Michael Ortega, el hombre de 19 años se paró como mediapunta y se dedicó a agitar a la defensa rival con su pleno dinamismo. Jarlan, vale acotar, es algo muy distinto a Michael. El segundo busca aportar más al trámite, fijando como enganche; el primero, sin embargo, busca más la recepción adelantada, llegar al área y encarar. Para los mediocentros de Cortuluá esta tendencia, precisamente, significaba un dilema: los mediocampistas centrales debían retroceder muchísimo, o perder las espaldas ante Barrera. Y esto último, para Jaime de la Pava, no era una opción.

Jarlan supo reconocer cuando debía bajar a recoger la pelota, pero durante la mayor parte del encuentro estuvo muy cerca de la delantera, y así, Junior ganó metros. Su dominio era absoluto. El equipo de Alexis Mendoza cuenta con un trabajo táctico espléndido que se ha ido cementando sobre lo realizado el pasado semestre. La dinámica coordinada que manejan Guillermo Celis y Gustavo Cuéllar como mediocentros, y las sinergias que se generan entre laterales y extremos por las bandas, le bastan al equipo para reciclar posesión y retroalimentar su juego consecuentemente. Por eso, aunque hoy por hoy, no haya grandes diferencias en cuanto a nivel entre Jarlan y Michael, lo de Jarlan pudiera ser mejor para el equipo. Barrera brinda a Junior más soluciones que propuestas; y en ese sentido, se parece más a Macnelly Torres.

Alexis no interpretó bien el partido

Junior parecía tenerlo todo ganado sobre el comienzo de la segunda parte, con el marcador a favor, y un dominio absoluto sobre el terreno de juego. Sin embargo, pocos minutos después del 1-0, Alexis realizó un cambio inexplicable: sacó a Jorge Aguirre -herramienta precisa y sumamente útil en la retención de la pelota- para dar entrada a un Zamir Valoyes confundido que, en su ansiedad, comenzó a regalar la pelota sin sentido. Al llegar el empate de Cortuluá, Alexis se desmoronó. No logró aceptarlo. Su propia superioridad al comienzo del juego, lo llevó a subestimar al co-líder del torneo: el estratega sacó a Jarlan y a Cuéllar para dar paso a Edinson Toloza y Michael Ortega, convirtiendo así a su equipo elaborado, en una maquinaria torpe, que lanzó pelotazos y chocó irreverentemente hasta que en tiempo de reposición encajó el 2-1 definitivo.

 

Antes y después

Antes de la expulsión de Hernán Menosse, el plan de Javier Torrente funcionó. Once Caldas comenzó a presionar a Junior y con ello recuperó el balón cerca de la portería de Sebastián Viera. Liderados en cancha por Johan Arango, los manizalitas se hicieron del balón y comenzaron a tocar en campo contrario con Jhon Freddy Salazar por banda derecha y Gustavo Culma por el centro. Adelante apareció el delantero argentino Sebastián Penco que estaba pivoteando y arrastrando marcas para que sus compañeros tuvieran mayor campo de acción. El equipo del ex asistente de Marcelo Bielsa fue rápido y agresivo.

Culma, Arango y Salazar rotaron constantemente de posición

El equipo dirigido por Alexis Mendoza tuvo problemas para contragolpear. Aguirre, Ortega y Hernández estuvieron imprecisos y a Roberto Ovelar le llegaron pocos balones claros que no pudo concretar. Por otra parte, Gustavo Cuéllar y Guillermo Celis tuvieron dificultades en deshacerse de la presión rival y así fue como llegó el gol de Johan Arango. Tras un error en un entrega del ex-jugador del Deportivo Cali en el tercer cuarto de la cancha, el delantero del Once Caldas agarró el balón y corrió hacia el centro, encontró un espacio para rematar y acomodó el balón en el palo más lejano del arco de Sebastián Viera.

Después de la expulsión de Hernán Menosse, por una agresión sobre Andrés Felipe Correa, Once Caldas se replegó y Junior comenzó a acercarse a la portería de José Fernando Cuadrado. Sin embargo, a la visita le costó profundizar; a los locales, contraatacar. La situación cambió con las modificaciones realizadas por ambos equipos. Jarlan Barrera ingresó por Michael Ortega y puso a dos de sus compañeros cara a cara con el portero albo. El juvenil aprovechó los espacios dejados por los contrarios y puso a Junior a un toque de la victoria. Por el otro lado, la entrada de César Arias le devolvió al cuadro de Torrente el referente de área que perdió con la expulsión. Cuando Arango, Salazar o Culma llegaban a la frontal no había ningún jugador dentro del área o en sus cercanías que recibiera un pase o que arrastrara una marca. En cambio, el ingreso del santandereano provocó que los jugadores mencionados anteriormente tuvieran un referente adelante, alguien a quien buscar para que anotara el gol de la victoria. Y casi lo logran al minuto 89.

Tras la expulsión, Torrente recompuso sacando a Penco y metiendo a Ordóñez para que jugara en el centro del campo, Lucena ocupó el puesto de Menosse

Al final, ni Once Caldas ni Junior aprovecharon las oportunidades que tuvieron para ganar y sellaron un empate en la segunda fecha de la Liga Águila. En el caso de los locales, la idea del Torrente ya comienza a vislumbrase. En los lados del elenco tiburón se abrieron muchos interrogantes sobre el gran problema que tiene el equipo para producir y sobre la efectividad de los delanteros a la hora de definir. El torneo recién comienza y ambos entrenadores tendrán que recomponer y corregir algunos errores sobre la marcha. Por ahora, Once Caldas tendrá que alistarse para visitar a Millonarios, y Junior para recibir a Cortuluá en el estadio Roberto Meléndez.

Ajustes de tamaño

Vladimir Hernández es un futbolista que resulta bastante complicado de evaluar, en parte porque es sumamente inconsistente. El araucano posee la capacidad de dar luz a brillanteces, pero solo bajo contextos específicos tanto futbolísticos como mentales. Es hombre de ciertas zonas del campo. Particularmente, de aquellas que le facilitan la toma de decisiones. El diminuto extremo no tiene buena lectura y a menudo acaba abusando  de sus dotes de tal manera que éstos se convierten en defectos; de hecho, si hay alguien que confía en Vladimir es el mismo Vladimir. Por lo mismo, su nivel acaba siendo cíclico: a medida que éste va subiendo los excesos de confianza lo regresan a un bajón. Por fortuna para el futbolista, sin embargo, otro que le ha tenido confianza es Alexis Mendoza. A medida que su esquema evolucionó de un 4-1-3-2 a un 4-2-3-1 con extremos definidos, el estratega decidió convertir Vladimir en una de las piezas de su rompecabezas, reconociendo de que para esto necesitaría minimizar riesgos y, finalmente, aprender a trabajar con los altibajos de su fútbol. Y lo logró.

Vladimir Hernández tomó el lugar de Michael Ortega y lo relegó a un segundo plano

Comenzando la temporada, Junior utilizó un 4-4-2 en rombo y un 4-1-3-2 como principales esquemas: dos dibujos en los cuales Vladimir no tenía cabida. El elegido para ocupar el costado izquierdo de Macnelly Torres era Michael Ortega, quien con pelota, alcanzó a realizar varias actuaciones de alto nivel, apoyado en su regate en corto y claridad para enlazar entre líneas. No obstante, al decidirse por el 4-2-3-1 con el que cerraría la temporada, Alexis se dio cuenta que el regate en espacio y la capacidad de regreso de Vladimir podían ser sumamente útiles, siempre y cuando estuvieran alejadas del carril central. A diferencia de Comesaña, Mendoza limitó el rol de Hernández: más que un mediapunta lo hizo un extremo con permiso para las diagonales. Hacia el final del semestre, el pequeñín comenzó a consolidarse y a crecer en confianza nuevamente, esta vez protegido de sus propio accionar equívoco por las restricciones de su rol táctico. Relegado al costado, Vladimir se alejó de los encontrones físicos y las recepciones de espaldas -quizá las mayores carencias en su fútbol- y de las jugadas abiertas que conllevaban a costosas pérdidas de balón. Finalmente, se afianzó en un rol secundario y complementario que le permitió lucirse con ocasionales y punzantes sorpresas entre la monotonía, especialmente ante equipos cerrados, retomando así un nivel que no alcanzaba, quizá, desde su mejor momento con aquel Junior dominador de Diego Edison Umaña y Giovanni Hernández.

Coherencia para Alexis

Hace unos meses cuando Alexis Mendoza fue anunciado como director técnico del Junior de Barranquilla, escribimos por este medio sobre las consecuencias que podría tener tal decisión. En particular, discutíamos la falta de apoyo que han tenido los últimos entrenadores rojiblancos, especialmente aquellos que se han inclinado hacia un proceso a largo plazo, como el que Alexis eventualmente llegaría a implementar. Así lo explicábamos:

Si Alexis Mendoza llega a establecerse como un estratega riguroso, es posible que no reciba el tiempo y el apoyo necesario como para montar un proceso a largo plazo y fracase. Y si llega simplemente como un motivador en su condición de ídolo y exjugador, entonces ni hablar de un proceso, y su éxito quedará a la merced de la suerte y de alguna contratación espectacular hasta que la directiva lo despida para traer por octava vez al “Zurdo” López.

Finalizada su primera participación como entrenador en el Fútbol Profesional Colombiano, hay que decir que el trabajo de Alexis Mendoza ha sido bastante bueno, aunque también hay que mencionar que el estratega ha tenido suerte de su lado. Aquella hipotética contratación estrella, por ejemplo, se le dio, en la forma de Macnelly Torres, quien aún estando lejos de su tope futbolístico, sirvió en numerosas ocasiones para engendrar la victoria con alguna asistencia fantasiosa. Mac también funcionó como pretexto para un sistema de juego vistoso fundado alrededor de un ataque posicional que nunca se perfeccionó, pero que mejoró considerablemente a lo largo de la temporada. El comienzo de torneo fue rocoso para el tiburón, pero ayudado del genio intermitente de su número ‘10’ el equipo consiguió componerse justo a tiempo para quedar dentro de los ocho mejores y evitar -a pesar del posterior bochorno- lo que sin duda hubiese sido considerado como un rotundo fracaso. Aún en medio de la incoherencia, Alexis todavía no está despedido.

El plantel de Junior necesita más sumas que restas

¿Cuál es el siguiente paso? El próximo semestre Junior jugará Copa Sudamericana y tendrá que evaluar de la mejor manera posible sus resultados del presente lapso. Los aspectos positivos comienzan con los nombres propios de Roberto Ovelar y de Gustavo Cuéllar, quienes en los partidos finales del torneo tuvieron actuaciones excelentes y comenzaron finalmente a consolidarse como las piezas importantes que pueden llegar a ser. Estos dos, de hecho, comienzan a dibujarse como bases de un equipo a futuro. La zaga rojiblanca, por su parte, dejó también grandes sensaciones, con tres centrales sólidos (Andrés Correa, Nery Bareiro y, particularmente, William Tesillo) y un Iván Vélez revitalizado que emergió como símbolo implícito de superación ante la adversidad. Finalmente, hay que decir que la evolución en el mediocampo dejó buenas sensaciones por su capacidad de ir moldeándose de acuerdo a sus propias necesidades hasta el punto en el que fue posible dispensar de Luis Narváez.

Para mejorar harán falta, sin duda, algunas individualidades. Mientras Alexis no confíe en Michael Ortega, Junior necesita opciones en el mediocampo que releven y añadan sorpresa al fútbol complementario de Vladimir Hernández y Jorge Aguirre. También podría utilizar alguna opción en la delantera, ya que los semestres de Edinson Toloza y Luis López dejaron mucho que desear.

Más importante aún, no obstante, Junior necesitará continuidad. Tanto la observación cualitativa como la cuantitativa muestran una mejora exponencial en el fútbol del cuadro barranquillero, sobre la cual vale la pena apostar. Dentro de su gusto por el fútbol elaborado y fluido, Alexis es un tipo bastante metódico y poco susceptible a la experimentación. Como buen alumno de Reinaldo Rueda, evita salirse del guión, y esto puede generar críticas a su manejo de partido; sin embargo, su trabajo con el equipo presenta una oportunidad futbolística rara en Barranquilla, que quizá justifique algún error de contabilidad al realizar sustituciones.