Vencer sin convencer

Verdolagas y aseguradores se encontraron en la novena fecha de la Liga Águila en el Atanasio Girardot. Los locales llegaron al partido con presión después de haber perdido con Once Caldas una semana antes y por no haber pasado del empate con el colero hace un par de fechas. La visita, por su parte, llevaba tres partidos sin perder y llegaba lleno de confianza después de haber vencido a Millonarios en la jornada anterior.

Hubo 24.805 aficionados en el estadio

Nacional varió su módulo y salió con un 1-4-2-2-2 en el que destacó la presencia de Luis Carlos Ruiz como compañero de ataque de Jefferson Duque.  La idea de Rueda era juntar a Torres con Chará en la zona de tres cuartos. Esto le funcionó por momentos porque los movimientos de Yimmi permitieron que Macnelly recibiera cómodo para mandarle pases profundos a los dos delanteros. El problema fue que Ruiz estuvo impreciso y a Duque le costó superar a Murillo y a Aponzá.

Por otra parte, el 1-4-3-3 de Equidad tenía como intención anular a Macnelly y a Chará y lo logró durante gran parte de la primera mitad. El trabajo de Restrepo, de Palacios e incluso de Motta fue fundamental para que alejar a Nacional del arco de Cristian Bonilla. La intención del equipo bogotano era aprovechar la posición de la defensa del rival, que estaba muy adelantada, para que con un pase filtrado desde la mitad de la cancha, los delanteros le ganaran en el pique a los centrales. Sin embargo, lo que complicó el plan de Equidad fueron las conducciones de Francisco Nájera hasta el centro de la cancha, pues eso hacía salir a uno de los volante y, sumado a los movimientos de Chará, dejaba a Torres con el espacio suficiente para actuar.

El 88.5% de los pases que Alejandro Bernal realizó, llegaron a su destino

El gol de Nacional llegó en el momento en el que Equidad ya había neutralizado el andar ofensivo de los locales. En un tiro de esquina, Gilberto García le pasó el balón a Chará que estaba fuera del área. Este mandó un centro a media altura que encontró a Alexis Henríquez que llegó a espaldas de los defensores de rivales y mandó el balón al fondo de la red al minuto 41.

Para la segunda mitad, Santiago Escobar le dijo a sus dirigidos que atacaran. Motta y Blanco comenzaron a juntarse en la zona de Bernal y de Mejía con Óscar Barreto, que entró por Andy Pando. La idea era que en algún momento Rentería fuera a buscar alguno de los balones a espaldas de los centrales de Nacional. El chocoano lo logró varias veces después de ganarle en carrera, sobre todo, a Francisco Nájera.

Macnelly Torres llega en un buen nivel a la convocatoria de la Selección Colombia

Los dirigidos por Rueda aprovecharon los espacios  dejados por Equidad y tuvieron la oportunidad de aumentar su ventaja vía Macnelly-Duque. Lo que evitó esto fue la buena actuación de Cristian Bonilla que estuvo atento frente a las aproximaciones del rival.

Al final, Nacional anotó otro gol y ya acumula 17 puntos en la Liga. A pesar de esto, el equipo verdolaga sufrió y tuvo problemas para ser profundo en muchas ocasiones. Reinaldo Rueda tendrá que trabajar bastante para que sus dirigidos puedan dar muestras convincentes de buen fútbol. Frente al Medellín, el reto va a ser interesante porque el entrenador no contará con Torres, Mejía y Vargas, que van a estar con la Selección Colombia. Por otra parte, Equidad se desconcentró y perdió, pero siguió consolidando una idea que lo puede llevar a pelear un puesto en los playoffs finales. Ante el Deportivo Pasto, el equipo de Sachi tendrá una nueva oportunidad de mostrar el buen rendimiento que ha tenido en la primera mitad de la Liga Águila.

Un final inexplicable

El ciclo de Atlético Nacional con Juan Carlos Osorio fue bellísimo y plagado de emociones, tantas, que hasta los más incrédulos de su estilo y sus múltiples variantes acabaron rindiéndose a sus pies. Con los años, el ciclo triunfal fue haciéndose cada vez más difícil e incluso más limitado. Con los meses y luego de haber conseguido el momento cumbre en 2013 y principio de 2014, el fútbol del equipo antioqueño fue mermando, aunque el nivel competitivo era sostenido por las individualidades y los trucos de Osorio para desarmar, crear e imaginar sistemas que le facultaron a seguir compitiendo. Sin embargo, el ciclo triunfal parecía ir llegando a su final.

 Nacional sin Stefan Medina

Sin duda, el segundo semestre del año 2014 para Nacional estuvo marcado por la venta de Stefan. Medina era quien otorgaba la salida de balón limpia para sus compañeros a pesar del asfixie contrario. Cada uno de sus pases llevaban sentido y eran vitales para el dominio posterior del cuero por parte de Mejía que batía las líneas rivales con un pase vertical entre líneas a Sherman y/o Cardona o en su defecto cambiaba de dirección lanzando en diagonal buscando a los laterales o extremos.

Nacional fue un embudo a partir de la venta de Medina. La salida a ras de pasto fue el mayor inconveniente de Nacional y quizá el único detalle que Juan Carlos Osorio no logró finalmente terminar de ajustar. Un sólo problema que tuvo muchas soluciones que no fueron exitosas. Osorio intentó rearmar su escuadra y mantener el estilo de salir jugando desde atrás, generar ventaja en el juego interior, hacerse ancho y explotar las bandas, pero las cosas no funcionaron de la misma manera. Nacional atacó y defendió mal sin la salida de balón de Medina. Nájera, Henríquez, Murillo y Peralta como soluciones fueron devorados por la presión alta de los rivales y el equipo puesto en aprietos, asfixiado, entregaba más ventajas y pocas herramientas en el primer accionar. Más problemas que soluciones en esa zona.

Buscando soluciones, encontrando problemas

Luego de la frustración de la eliminación de la Copa Libertadores ante Defensor Sporting, en la Copa Sudamericana, Nacional logró saltar los obstáculos, hubo tropiezos y caídas, pero en la libreta de Osorio reposaban las soluciones inimaginables que lograban levantarle cada vez más fuerte y volver a competir. No obstante, transitó con irregularidad en cada llave hasta llegar a la final. Esta Copa resume lo que fue Atlético Nacional en el segundo semestre de 2014.

Hablar de un esquema fijo y un equipo de gala en la era Osorio sí que era difícil, pero en la Copa Sudamericana fue imposible. Nunca repitió los mismos nombres y el dibujo táctico era casi irrepetible. Juan Carlos Osorio movió todo el equipo y la posición de sus jugadores en busca de estabilidad en mitad de campo, profundidad en campo contrario y fluidez con la pelota en los primeros tercios. Los problemas del primer pase fueron minimizados cuando en el partido de ida ante Vitória, Daniel Bocanegra jugó como líbero. Con su conducción, buen golpeo en corto y en distancia media se sacudía de la presión ejercida por los rivales; su equipo en estático, empero, no lograba mover demasiado a sus rivales. Atlético Nacional tácticamente pasó de un 4-3-3 a un 3-3-1-3. Osorio aparecía con sus apuntes resolviendo problemas, mas éstos no acababan. Nacional carecía de profundidad por las bandas y el juego entre líneas tampoco fluía. Los problemas del conjunto verdolaga en defensa coincidieron con el bajo nivel de forma de Sherman. El balón ya no llegaba a Cárdenas de la misma forma y retrasarse metros, obligó a ralentizar la transición del ataque y fallar cuando lanzara en largo. Sherman no logró conectar los circuitos como los había establecido el semestre anterior.

Edwin Cardona fue el eje de Nacional en las noches más importantes. Osorio armó el equipo en ofensiva para el jugador antioqueño. Edwin firmó buenos partidos jugando como interior  izquierdo en el 4-3-3 que harto usó Osorio, pero sin duda el rendimiento de Cardona fue mejor cuanta más cercanía había entre el arco y él. En ese sentido, Cardona estuvo acompañado de dos mediocampistas defensivos en 4-2-1-3 y tres volantes de marca en 4-3-1-2  flotando como mediapunta, moviéndose entre líneas detrás de los volantes defensivos rivales. Su mejor compañero de aventuras fue Luis Carlos Ruiz, quien vivió un par de meses repleto de fútbol. Ocasiones de gol fabricadas por sus buenos movimientos de espaldas al arco, de frente a Cardona construyó paredes y su juego de primera hizo el equipo más rápido. Por los costados, Guisao/Berrío y Copete de extremos trazaban diagonales a los espacios que abría Ruiz, o, en su defecto, trazos verticales a línea de fondo. Era el verde de la montaña en su máximo esplendor del juego exterior.

Los mejores partidos de Atlético Nacional en la fase de Semifinal enfrentando a São Paulo y en el partido de ida de la Final en el Atanasio Girardot ante River Plate fueron acompañados sin los problemas que tanto venían lastrando al equipo de Juan Carlos Osorio: el bloque alto rival. Nacional al contar con libertad de entregar el primer pase, Mejía dominó en el centro del campo, y permitió que Cardona se moviera a la espalda de Ponzio y lograra pasar en diagonal a Berrío o Copete teniendo profundidad en sus lanzamientos y espacios creados por Ruiz que otorgaron opciones de mostrar una de sus mayores cualidades: el remate de media distancia. Al final fue la pegada de Pisculichi quien definió la final en El Monumental y dejó al equipo de Osorio con las manos vacías en el segundo semestre del año. Ya Santa Fe había cortado las alas de instalarse por cuarta vez consecutiva en las finales de la Liga colombiana.

Final de un ciclo

Osorio quizá sea el técnico más recordado en las últimas décadas en Colombia. Potenció no solo el fútbol de Atlético Nacional, sino todo el balompié colombiano. Su manera particular de expresarse, pensar y analizar los partidos ya es historia en un país que necesitaba a un revolucionario como Juan Carlos Osorio. En su lenguaje corporal de entrenador, sobre la raya, estuvieron las ideas más incoherentes –para los que nunca lo entendieron– y exitosas de la historia del club más grande de Colombia. Su sabiduría repercutió y conquistó América con el buen fútbol que practicó su equipo. Es muy fácil que se hable del equipo de Osorio antes que escuchar mencionar a Nacional, son pocos los técnicos que han logrado esa hazaña y Juan Carlos es uno de ellos. Perdón. Osorio no fue D.T., Osorio fue un maestro.

El primer título liguero de Osorio con Nacional

El primer título liguero de Juan Carlos Osorio en su etapa con Atlético Nacional se obró en Bogotá, en El Campín, sobre Independiente Santa Fe. Este equipo, el de la Liga Postobón 2013-I, se caracterizó, además de sus máximas rotaciones, por su versatilidad sistemática y por tres figuras capitales: Stefan Medina, Alexander Mejía y Macnelly Torres. En un segundo escalón estaban Jefferson Duque, John Fredy Pajoy, Sherman Cárdenas, Óscar Murillo y Alexis Henríquez. ¿Por qué Medina, Mejía y Torres? ¿Por qué no otro? Básicamente porque este Nacional fundó su juego sustancioso por el carril principal, el central, entonces ellos se convirtieron en las tres armas disponibles a fundamentar el plan. Para más inri, fue el Nacional que más utilizó el pase en largo de Mejía y la polivalencia creativa de Medina, por ejemplo. En cambio, no fue el del mejor Macnelly Torres, pese a ser indiscutible en las convocatorias de José Néstor Pékerman para la absoluta.

La pizarra de Osorio

En aquel entonces era difícil conocerle una alineación de pies a cabeza a Juan Carlos Osorio. Era el Medina de multitud conversiones, el Bernal carrilero o segundo pivote, el Nájera lateral o central, el Mosquera extremo o segunda punta, etc. Ni sabíamos quién era su portero titular y el delantero inamovible, a pesar de la buena cuota goleadora de Duque. Esta lectura tenía dos justificaciones congruentes: primero, la plantilla era muy extensa para afrontar un primer semestre sin competición internacional de por medio; y segundo, era necesario probar y apostar con lujuria sin un juego de bandas reconocible.

El hecho de Medina carrilero, que lo empleaba en el 3-4-1-2, le permitía a Nacional orientar su juego hacia la banda derecha e ir sumándole al pase largo de Mejía el diagonal. Con determinación y recursos creativos, Medina comandó varios partidos jugando en esa posición (la Final en Bogotá de los de mayor dominio). Nacional contó en ese campeonato con el Alexis Henríquez más visionario y certero con el pie, entonces la salida con balón verdolaga no era lenta y sí prodigiosa, por lo que Osorio se permitía sacar a uno de adentro y llevarlo afuera para compensar movimientos y conducciones rentables por la creación de triángulos asociativos. Todo en busca de un beneficio colectivo.

Lo mismo pasó con Luis Fernando Mosquera por el costado izquierdo, donde sumó minutos partiendo pegado a la línea de cal, ya fuese como extremo o carrilero. Osorio les da esa ubicación dentro del sistema a los futbolistas llenos de juego interior y un digno control dirigido para facilitarles la recepción. A partir de esto, el entrenador risaraldense potencia la táctica ajustando matices y detalles pequeños.

El primer pase de Mejía

Como contábamos, el puñal verdolaga en los últimos años se forjó por dentro. La utilización del frecuente primer pase en largo de Alexander Mejía hizo crecer al equipo, ya que de esta forma Macnelly Torres recibía la pelota más cerca de la frontal rival y con la velocidad exacta. Macnelly se ubicaba en los puntos ciegos del mediocampo contrario, y el pase de Mejía podía recorrer tranquilamente 50 metros porque su tensión y rapidez derivarían en la recepción plácida del barranquillero.

La aceptación de su nivel e hiper valor con la redonda lo posicionó en el altar futbolístico del equipo. Pasó de ser un recurso a ser la esencia palpable en ataque estático para edificar cuidadosa y hábilmente las acometidas. De hecho, su fundamentación hizo de Atlético Nacional un conjunto con múltiples opciones desde atrás. Alexander Mejía se transformó en el jugador con superior cantidad de pases y destacado porcentaje de acierto.

La línea de pase de Torres

Macnelly Torres aprobó todas las materias en la era Santiago Escobar. Fue, indudablemente, su mejor época vestido de verdiblanco, realizando toda clase de acciones. El número 10 representó y creó un Nacional muy fuerte donde llegaba a zonas bajísimas a tomar el balón e instalarlo en terreno adversario. Macnelly fue lanzador, conductor y ejecutor de toda falta o tiro de esquina con Sachi. Prestaba todas las atenciones.

Sin embargo, en el Apertura 2013 asumió un rol de menor desgaste y de enlace entre mediocampo y delantero, casi de pegamento. No se sabe si por debilitación física –el futbolista con más minutos entre club y selección– o simplemente por un propósito de entregarle un papel específico a cada uno y de hacerlo sentir importante. Tras varias pruebas, se corroboró dicho efecto. Macnelly se movía menos, tenía un límite espacial de retroceso y su fin posicional era activar a Mejía desde atrás y repartir de balones a los delanteros (Jefferson Duque, John Fredy Pajoy, Fernando Uribe y Juan Pablo Ángel). Era una línea de pase adelantada y única, pero con autonomía en el eje horizontal. Números de confirmación: máximo asistente, segundo jugador con pases completados y cuatro dianas (los mismos que en todo 2012).

Los días y meses posteriores significarían la cumbre futbolística de Atlético Nacional versión Juan Carlos Osorio. Ya se iba fabricando una identidad que, poco después, dominaría el fútbol colombiano por tres semestres (2013-I, 2013-II y 2014-I) consecutivos. Esto sería un abrebocas de innovaciones y aciertos compuestas por rebeldía a lo que en su momento funcionaría en la élite del balompié local. El tornado no tardaría en llegar.

Juerga de goles y representaciones

Adentrándonos en el análisis del partido, de lleno, vaya diversión el Nacional-Cali. Dejó de todo por todo en todos. Asumió los galones Fernando Castro y se encomendó a un plan que extrajo sus frutos en detrimento de imprecisiones. Creyó que no los tendría y erró. Juan Carlos Osorio, otro día más, ejecutando mal la dirección de campo y regalando ventajas. En definitiva, sinfín de material táctico.

Sorprendió el Cali con su excelente presión

Osorio quiso arriesgar y proponer desde el primer segundo. Ordenó un curioso 3-2-1-4 con Berrío y Copete en la misma línea de Ruiz-Duque. Su modelo parecía tener lógica, puesto que jugó sin carrileros natos y anchó el equipo en campo propio para rellenar todos los espacios. Nájera y Murillo se abrieron, Henríquez sobrando y Palomino-Díaz entrerrenglones. No obstante, el fútbol no es de números y en su atípico sistema volvió a fallar. Nacional defendió con cinco (más Vargas) y atacó con la misma cantidad; básicamente así se plantó Osorio. A todo esto, Castro emparejó la salida rival, quien tuvo mayormente el balón, menos a Palomino, dejándolo aparentemente libre. ¿Por qué emparejar al resto y no a Jairo? Palomino es el futbolista que peor lee las salidas a lo que se refiere a movilidad para abrir líneas de pase, orientación corporal y pase ascendente. Así llegó el 0-1 del Cali, en una salida donde él se confió del pase de su defensor, giró antes de la recepción y Roa, súper astuto, robó el esférico, cambió el rimo y batió a Vargas.

El Cali jamás alteró su plan presionante. Tenían claro qué hacer y la confianza en el planteamiento aumentó con la cantidad de ocasiones fabricadas robando en campo adversario. Lo curioso fue que Nacional, pese a contar en ataque con Ruiz y Duque, jamás los buscó directamente. Ni siquiera los halló. Todo era a ras de piso, jugar con fuego, con la sangre hirviendo, y el Cali endulzándose. Sin embargo, como Nacional únicamente defendía con cinco futbolistas de campo, las pérdidas verdolagas eran igual de autovenenosas en cualquier zona, con Candelo de lanzador. Sin Santos Borré y con Murillo, las transiciones del Cali no tenían la máxima fuerza y velocidad: Murillo las ralentizó y, hasta la segunda parte, ni una sola ventaja creó. Preciado civilizó los pases largos de Candelo mezclando desmarques de ruptura y diagonales largas.

Osorio volvió a errar y Castro se sobreexcitó

Nacional tímidamente racionó espacios para activar a los atacantes con un pase, pero más inteligente fue el Cali. Pecoso logró dejar varios futbolistas en fase defensiva, por detrás de la primera línea de presión, a expensas de una opresión individual y recia. Ante este mérito azucarero y Berrío y Copete recibiendo en estático, mas no al espacio, el mismo Osorio se encerró. Nacional consiguió anotar tres tantos porque los hombres de banda del Cali nunca cerraron a tiempo los centros laterales y por una exquisitez de Luis Carlos Ruiz. De lo contrario, goleada y eliminatoria cerrada. Y en este aspecto tiene mucha culpa el Cali que no fue paciente y sereno. Fue superior en intensidad, sí, aunque ellos necesitaron entregarle al partido un ritmo menor en pos de impacientar a Nacional y no dejarlo reaccionar inmediatamente. Mantuvieron un plan por 90 minutos sin modificaciones ni tampoco variaciones, y esto originó la juerga de goles y representaciones.

Qué fácil lo hizo ver Fernando Castro y qué fácil lo deshizo.

Confianza

Nacional ganó pero no jugó bien. El equipo de Osorio, a falta de una fecha, es el líder del grupo 7 de la Copa Libertadores y está muy cerca de obtener la clasificación a la segunda ronda del torneo continental. Las figuras del partido fueron Yulián Mejía, por haber anotado el gol y por haber sido el único que agitó la defensa rival, y Camilo Vargas, que tuvo un par de intervenciones que mantuvieron el resultado a favor de los verdolagas.

Nacional tiene 8 puntos y depende de sí mismo para clasificar

Hablando del portero bogotano, el partido frente a Estudiantes le permitió ganar confianza. En primer lugar, Vargas logró sacar su arco en cero por primera vez este semestre. Así mismo tuvo intervenciones importantes, en especial el mano a mano que tuvo Guido Carrillo antes del gol de Yulián Mejía. Otra cosa que se debe destacar en su actuación es la seguridad que mostró cuando salió a interceptar los balones aéreos. Este ha sido, hasta ahora, el mejor partido de Camilo con la camiseta verde.

Confianza también ganó la defensa. A pesar de haber cometido muchos errores, los cuatro de atrás lograron sacar el arco en cero después de haber recibido 6 goles en los últimos dos encuentros. Además, esto sirvió para que se detuviera, por lo menos de manera parcial, el aluvión de críticas que había caído por el regular rendimiento mostrado por los defensores a lo largo del semestre. Aquí tiene que haber claridad. La zaga de Nacional todavía tiene mucho trabajo que hacer y ayer se evidenció en varias cosas. Francisco Nájera, que jugó como lateral derecho, vio muchas veces pasar a Álvaro Pereira a su espalda. Alexis Henríquez no ha estado bien en lo mejor que sabe hacer, el uno contra uno, y Carrillo lo complicó bastante en algunos tramos. Más allá de estos detalles, ambos estuvieron atentos en la mayor parte del encuentro.

En un par de ocasiones, la defensa quedó expuesta por culpa de los errores de los volantes

A pesar de que a Peralta todavía le mucho por mejorar, en especial después de que el entrenador lo hubiera sacado antes de que finalizara el primer tiempo del encuentro en el que su equipo perdió con Cortuluá por su paupérrimo rendimiento. Sin embargo, el jugador respondió a la confianza dada por el entrenador en el Estadio Único de La Plata. Sin hacer un partido brillante, Diego cumplió y supo aguantar la arremetida del rival en algunos tramos del partido. Finalmente, Óscar Fabián Murillo, que jugó como lateral izquierdo, mostró en algunos momentos del cotejo la fortaleza, la concentración y la efectividad que lo hicieron hace un poco más de un año uno de los mejores defensores de la liga colombiana. Por ese lado, Estudiantes no pudo causar tanto daño.

Finalmente ganó en confianza Jonathan Yulián Mejía Chaverra. El 13 verdolaga se terminó de consolidar como el referente del equipo del primer semestre de 2015. Su nivel es superior, si se le compara con el del equipo en general, y ya quedó evidenciado. Sus movimientos, la manera en la que transporta el balón y su precisión para enviar pases le han salvado más de un partido a su club. En La Plata lo que hizo fue asociarse bastante bien con Alejandro Guerra, el compañero con el que mejor se entiende, para acercarse al área y sacar un remate que rebotó en un defensor y que Hilario Navarro no pudo detener. Mejía le dio 3 puntos de oro a su equipo.

Mejía lleva 3 goles y 6 asistencias en lo que llevamos de semestre

Juan Carlos Osorio sabe que el equipo está pasando por uno de los momentos más complicados que ha tenido desde que él llegó. Sin embargo, la confianza que le da a Nacional la victoria frente a Estudiantes en La Plata va a ser fundamental para competir el resto del semestre. En Medellín, Nacional tendrá que recibir a Libertad y dependiendo de cómo realice su trabajo, el equipo podrá jugar los octavos de final de la Copa Libertadores o simplemente resignara su semestre a la búsqueda de un nuevo título local.

El fortín opita

Desde que Fernando Castro tomó las riendas del Club Atlético Huila, el Estadio Guillermo Plazas Alcid se convirtió en un fortín del que ningún equipo ha logrado sacar 3 puntos. Atlético Nacional no fue la excepción en la quinta fecha de los cuadrangulares. Los locales ganaron 1-0 con un gol de Juan Fernando Caicedo y todavía cuentan con una chance clara de clasificar a la final. En Manizales se jugarán su última oportunidad de volver a una final después de 5 años.

Para jugar la final, Atlético Huila debe ganar y esperar que Santa Fe no lo haga en Medellín

El “Pecoso” mandó un 1-4-3-1-2 con el que buscó atorar la salida verdolaga, incomodar a los mediocampistas rivales cuando recibieran el esférico y aprovechar las recuperaciones rápidas de balón para generar oportunidades de gol. En efecto, 2 minutos fueron suficientes para que los opitas anotaran en el arco de Cristian Bonilla. Tras recuperar el útil, los atacantes del Huila aprovecharon su velocidad para atrapar a los defensores visitantes mal parados. Una triangulación perfecta entre Blanco, Hechalar y Caicedo fue suficiente para llegar al 1-0.

Con el resultado a su favor, Atlético Huila mantuvo el planteamiento inicial y estuvo cerca de aumentar el marcador. La presión ejercida por los atacantes locales empezó a surtir efecto. El problema que ha aquejado a Nacional durante todo el semestre se hizo evidente una vez más. Los opitas dominaron a su antojo el primer tiempo e hicieron ver muy mal al finalista sudamericano. Las intervenciones de Bonilla en el arco y de Alexis Henríquez en el área evitaron que su rival terminara el primer tiempo con más goles a favor.

De los once de hoy, Henríquez fue el único que jugó la final de la Copa Sudamericana

Caicedo se puso el overol y comenzó a trabajar. Él bajó hasta el centro del campo, comenzó las jugadas, tiró diagonales que le sirvieron a su equipo y, con la ayuda de sus compañeros, desarticuló la medular verdolaga. Si bien es cierto que Diego Arias estuvo muy solo porque Pérez y Valoy no estaban bajando a hacer bien los apoyos, el Huila mostró un juego fluido, preciso e inteligente.

En el segundo tiempo, los opitas se replegaron y le dieron el balón a Nacional. Con su 1-3-3-1-3, Osorio buscó las bandas para hacer daño desde allí. Sin embargo, Guisao y Valencia no desbordaron, razón por la cual los centros fueron una constante que le facilitó todo al rival. Los verdolagas estaban desconcertados y tuvieron una noche oscura. Atlético Huila ganó con autoridad y se consolidó como la sorpresa del torneo. En su fortín, el equipo del Fernando Castro hizo la tarea y sacó 7 de 9 en los cuadrangulares y dejó abierto el grupo. Medellín todavía no tiene rival.

¿Volvió la solidez defensiva de Nacional?

Alexis Henríquez y Óscar Murillo tuvieron un gran partido en el Estadio Roberto Meléndez de Barranquilla frente al Junior. Más allá del contexto del partido, de los problemas ofensivos del rival o de una situación determinada durante el transcurso del mismo, los defensores centrales de Atlético Nacional volvieron a mostrar algo del nivel que llevó a su equipo al tricampeonato liguero.

La dupla Henríquez-Murillo se está afianzando de cara al final de la temporada

Por su parte, los dirigidos por Julio Comesaña jugaron uno de sus mejores partidos pero eso no fue suficiente. El entrenador uruguayo no ha encontrado un remplazo para su goleador del torneo pasado, Édison Toloza, y eso ha quedó evidenciado en este encuentro. Por consiguiente, el equipo no pudo concretar las opciones que tuvo y su clasificación quedó comprometida. Los barranquilleros deben ganar los 3 partidos que les quedan.

Osorio mandó un 4-3-3 al campo. Desde el comienzo, los verdolagas dejaron claras sus intenciones: cederle el balón al rival y contraatacarlo. Así entonces, Junior salió con el mismo esquema y comenzó a ser superior. Vladimir Hernández y Jarlan Barrera comenzaron a asociarse por el centro y de ese modo le facilitaron las cosas a Yessi Mena, que recibía el balón por banda derecha. El ex jugador de Águilas Doradas fue un dolor de cabeza constante para Miller Mosquera, que jugó como lateral izquierdo.

Jarlan Barrera se muestra como una de las promesas más interesantes del torneo

Con el paso de los minutos, Nacional ajustó líneas y comenzó a desconectar los circuitos ofensivos del Junior. Sin embargo, la energía de Jarlan Barrera comenzó a activarlos de nuevo. El juvenil samario comenzó a filtrar balones desde tres cuartos de cancha. Incluso, en los pocos minutos que el rival adelantó líneas, Barrera y Hernández gestaron un contraataque que terminó con una pobre definición de Mena.

Cuando mejor estaba jugando el Junior llegó la anotación de Jonathan Copete. Tiro de esquina cobrado por Cardona que rechazó mal el portero Sebastián Viera. El esférico le quedó al ex jugador de Santa Fe que anotó sin problema. Los locales insistieron, sin éxito, durante todo el resto de la primera mitad.

Durante el primer tiempo, Nacional sólo llegó una vez y anotó

En el segundo tiempo hubo varios factores que determinaron el rumbo del partido. El primero fue la gran actuación Alexis Henríquez y Óscar Murillo que estuvieron precisos en los cierres, atentos en marca y eficaces en salida. El segundo fue el desgaste juniorista. Barrera y Hernández fueron perdiendo influencia con el paso de los minutos, razón por la cual su equipo perdió profundidad. El último factor fue el portero argentino Franco Armani. El guardameta ratificó su buen momento y respondió cuando fue llamado. Sus atajadas fueron fundamentales para que Nacional se llevará los 3 puntos del Metropolitano.

Solo el tiempo nos dirá si volvió la solidez defensiva mostrada por Nacional hace algunos meses. Los partidos frente a César Vallejo, Fortaleza, Águilas Doradas y Patriotas nos darán la respuesta.