Sin polo a tierra

Tolima es un equipo de momentos, como todos, tiene unos buenos y otros malos. La intermitencia de los de Alberto Gamero puede llevarles a ser pícaros, vistosos y apetecibles de ver pero si fallan un par de veces olvidan lo anterior y aparecen complicaciones. El orden defensivo es de los problemas más evidentes. Estar sin la pelota e ir en busca de ella se ha convertido en un obstáculo para los pijaos cuando no está su mejor jugador en el centro del campo. Wilmar Barrios es el eje de este equipo, otorga el equilibrio en defensa y el pase a ras de piso tan difícil pero que ejecuta de manera sencilla lo que disminuye el riesgo de sufrir en defensa y una mala salida que se convierta en peligro para su equipo.

Huila destapó los problemas en la zona defensiva de Tolima

Los de Santa juegan muy bien al fútbol. El mediocampo Opita es de esos que gusta ver cuando mueven la pelota, y sobre todo si sincronizan Ferreira y Cano y además se suman Plata + Arrechea. Se divierten jugando, disfrutan pasarse la bola mientras desordenan al rival. El juego interno del Huila fue una de las fortalezas a lo largo del campeonato y fue la base de su mejor fútbol. El dominio de la pelota de Huila exhibió las falencias de Uribe y Rivas. Los mediocentros de Tolima no lograron acompasar. La espalda de Avimeled y Matheus fue vulnerada, en la izquierda Cano sacaba de su posición a Uribe y por derecha Ferreira hacía lo mismo ante Rivas. Camilo Ayala ofreciéndose como receptor distraía a los mediocentros pijaos que salían afanados en busca del cuero y entregando sitios a los de arriba. Aprovechando ese espacio Plata o Arrechea, lograban retroceder, ofrecerse como conexión para descargar e hilvanar jugadas a gol. Los delanteros de Huila fueron inteligentes al moverse identificando los puntos flacos de su rival. La ausencia de Uribe tras la expulsión desnudó la línea defensiva. Los problemas que tienen Valencia y Quiñonez para salir a presionar y anticipar fueron en aumento a medida que Cano se movió por todo el campo y recorrió todas las posiciones en ataque.

Mahecha tapó los defectos de su equipo

Tolima padeció el partido hasta que Mahecha brindó un poco de equilibrio en mitad y balanceó la posesión de pelota. La precisión en el primer pase y los apoyos a Rivas fueron claves para que Jonathan Estrada tuviese libertad de lanzar un par de pelotas a Ibargüen y al inspirado Marco. Pérez dio demostración de lo inteligente que es para moverse en los contragolpes y sus desmarques fueron generadores de ocasiones. La electricidad y el veneno que tiene le llevan a marcar diferencia pero su defecto de no lograr conducir la pelota pegada al pie no le llevan a ampliarla.

La llave Huila – Tolima nos dejó mucho. El equipo que rearmó José Fernando Santa demostró que tiene calidad y fútbol para disputar y competir con los más grandes. Tolima enseña una vez más que es un equipo con chances a pelear por el título, el desequilibrio de Ibargüen y la electricidad de Pérez le entregan opciones serias pero sin su polo a tierra -Wilmar Barrios- podrían ser mínimas las posibilidades.

Dándole la espalda a la línea

Curiosos son los jugadores que hacen de la línea de cal su hogar. Seres extraños decididos a limitar su espacio en el terreno de juego recostándose sobre la infame línea blanca, esa que marca el final del pequeño rectángulo donde todo es posible. Enamorados del pique vertical rara vez intentan jugar por el centro del campo, su visión parece estar limitada a un carril que los guía hacia el arco rival y de vuelta

Valencia x2

Hay dos circunstancias de juego que definen a Juan David Valencia. La primera se da cuando su equipo tiene un tiro libre a favor a menos de 35 metros del arco rival. Normalmente, el antioqueño acomoda el balón entre los tres palos del arco rival cuando tiene la posibilidad de ejecutar una acción de este tipo. La segunda se da cuando está jugando de extremo y recibe el balón. Allí, Valencia engancha con su pie izquierdo, amaga y remata de derecha. Frente a Deportes Tolima, Juan David tuvo la oportunidad de hacer una vez cada jugada y con ello le dio a Nacional una victoria que lo pone, de manera parcial, en la segunda posición de la Liga Águila.

Desde el 2012 Valencia no anotaba un doblete

Al minuto dos, los verdolagas anotaron el primer gol y comenzaron a dominar el encuentro. En el 1-4-3-3 de Juan Carlos Osorio aparecían Palomino, Bernal y Mejía en el centro del campo y estaban controlando el partido sin problema. Los antioqueños comenzaron a tocar y a dominar a un Tolima que no lucía cómodo en la cancha. Sin Barrios y sin Estrada, el equipo de Ibagué sufrió a la hora de recuperar el esférico y de generar fútbol. A espaldas de Rivas, Uribe y Figueredo apareció con frecuencia algún jugador rival con el espacio suficiente para rematar al arco de Joel Silva.

Para el segundo tiempo, Gamero mandó a Marco Pérez al campo. El otrora jugador del Zaragoza fue uno de los pilares de un elenco cuya puesta en escena cambió de modo drástico. Deportes Tolima adelantó líneas, presionó más adelante y se acercó al arco de Franco Armani. Pérez se ubicó como extremo derecho y desde allí desbordó, mandó centros e incluso remató al arco. Sin embargo el paso de los minutos fue desgastando a un equipo que no aprovechó las oportunidades que tuvo para reducir la distancia en el marcador. Al final, Nacional terminó mejor físicamente y volvió a la victoria después de dos derrotas seguidas, frente al Barcelona de Ecuador y Deportivo Cali.

Armani se destacó en la segunda mitad

Cabe destacar el rendimiento de Yulián Mejía. En el segundo gol, el 13 verdolaga mandó un cambio de frente que le quedó a Valencia, que luego enganchó y definió. Para Osorio, Mejía es una pieza fundamental y eso lo confirma el hecho de que haya jugado 8 de los 11 encuentros que ha tenido su equipo este semestre en liga. Su influencia se ve reflejada en los pases que envía desde el centro del campo y en lo bien que se posiciona en la cancha. Por el lado del Tolima debe destacarse a Andrés Ibargüen. El vallecaucano apareció en el momento más complicado de su equipo en el partido y estuvo a punto de anotar. Pero, sin lugar a dudas, los zapatazos de Valencia fueron los que desequilibraron el partido y le dieron tranquilidad a un equipo que había sido muy criticado por el rendimiento mostrado en los dos encuentros anteriores a este.

Una mejor mordida

Tolima es quizá el equipo con el sistema más sólido y estructurado del fútbol colombiano. La calidad de su fútbol es indiscutible y la triangulación que logra tener en los últimos cuartos de cancha y espacios reducidos es asombrosa.

El equipo de Gamero enamora con su estilo

Hablar del equipo de Gamero es imaginar inmediatamente a un grupo de jugadores en ofensiva corriendo ferozmente al espacio para hacer daño a su presa. Pero a pesar de que el equipo de Alberto domina y mantiene el control generalmente de los partidos, no importando a quien enfrente,  aún no logra dar las mordidas salvajes que dejen paralizado y sin oportunidad de escapar a su rival.

La falta de efectividad es el talón de Aquiles de los Pijaos

La mayor fortaleza del equipo tolimense es manejar la pelota en campo contrario. Las transiciones defensivas si bien no son las mejores, lucen bastante claras como para salir a ras de piso y que el cuero llegue sin tropiezo a pies de Uribe. Matheus es un mediocentro con un posicionamiento eximio. Una técnica que le sobra y alcanza para prestar a sus compañeros. Sus pases siempre van bien dirigidos, precisos y son trascendentales para la continuación de la batida tolimense.

Matheus da destellos de poder ser un Verratti

El Tolima que no modifica en su táctica, -el 4-2-3-1 parece innegociable- domina con criterio. El aporte de sus mediocentros es valioso pero el trabajo de Estrada es vital. El ritmo que imprime con espacios es admirable. Jonathan suele partir de la izquierda donde está Ibargüen, hacia al centro. Allí conecta con Ramírez que se muestra y aparece más fuera del área que dentro.  Robin es el puente para que Estrada conecte ahora sí en la izquierda con Ibargüen, que aprovechando su riqueza individual deja defensores en el piso y suele escoger bien a quien pasar nuevamente o lanzar un buen centro en carrera para que otro remate.

Todo parece perfecto hasta el momento y ojalá lo fuera. Pero no, Tolima no tiene quien estampe la firma de los negocios y grandes sociedades que viene creando. Ramírez es un jugador con poco gol, no es goleador y Gamero lo sabe. Tolima debe buscar soluciones dentro de su plantilla, pues, si quiere pelear por el título debe dar mejores y mayores mordidas. Hoy son candidatos y mañana ellos no saben.

El empaque tolimense

Tolima y Millonarios se enfrentaron en el Manuel Murillo Toro y dejaron un partido que sirvió para medir el potencial de ambos equipos cuando se han jugado pocas fechas de esta Liga Águila. Los de Lunari, que contaban sus choques ligueros por victorias, visitaban Ibagué con el propósito de mantener la línea o de, incluso, mejorar. No se antojaba nada fácil para los azules ante un equipo con tantos recursos como el de Alberto Gamero. Los locales, incluso con diez jugadores, superaron ampliamente a sus contrincantes durante buena parte del compromiso. El conjunto vinotinto y oro sale reforzado de este envite, y Millonarios se marcha con la constancia de que debe mejorar para enfrentar situaciones más complejas que las que había tenido que encarar hasta ahora.

Lunari alineó a sus habituales, los cuales vienen siendo Ochoa y Machado de laterales; Henríquez y Torres en el centro de la zaga; Fabián Vargas de mediocentro con Silva cerca; Reina con mucha libertad, e Insúa de mediapunta, sin trabajo defensivo. Arriba, Agudelo y Uribe. Gamero, por su parte, salió con Obando, Quiñones, Monsalve y Banguero; Barrios, Rivas, Delgado, Figueredo, Ibargüen; y de 9 Robín Ramírez. Un 4-2-3-1 de manual.

El ritmo favoreció más al Tolima que a Millonarios

Al pitido inicial lo siguió de manera automática un ritmo altísimo. Millonarios metió mucha gente en campo contrario, buscando presionar la salida de los pijaos y forzar el error. En un primer momento, los bogotanos lograron su cometido. Uribe, Agudelo, Reina y Silva mordían mucho para obligar al rival a dividir la posesión. Lunari ha logrado instalar con éxito ese chip en sus jugadores. El Tolima se veía muy exigido. Para poder salir con claridad, debía ejecutar a alta velocidad y con mucha precisión, que igual es capaz de hacerlo. Así arrancó el encuentro. Pasados los ocho minutos, el juez ya había sacado tres veces su cartulina amarilla y el Tolima había logrado salir con precisión en dos oportunidades. El panorama se tornaba interesante.

El plan embajador empezó a desmoronarse por el mal partido sin pelota de Fabián Vargas y la imprecisión y poca movilidad de Insúa. Vargas, como mediocentro de un equipo con la idea de Ricardo Lunari, debe ser siempre una opción de pase seguro y debe garantizar optimizar las jugadas. Hoy no fue eso. Los apoyos ofrecidos por el ex-Boca Juniors no eran los mejores. Su orientación corporal no fue la adecuada en muchos momentos, y además se movía muy lento. Unos metros más arriba por el carril central estaba Insúa, que tampoco ofreció el máximo de sí a quienes estaban detrás de él. Millonarios no lograba hilvanar 5 pases seguidos en campo contrario a pesar de presionar bien arriba, en buena parte por lo dicho anteriormente, y porque el Tolima realizaba un trabajo impecable en defensa posicional.

A los 20 minutos, Millonarios ya estaba en la cuerda floja. La intensidad de su presión dejó de ser la del inicio, y el Tolima estaba más cómodo para salir. En ese contexto, Ibarguen, Delgado y Obando se pusieron las botas. Sobre todo los dos últimos, que por el costado derecho provocaron muchos sustos a los azules porque Déiver Machado era el lateral ofensivo visitante. El gol local habría llegado más rápido si a los 28’ no hubiese sido expulsado Avimiled Rivas. Eso supuso un bajón general de ritmo que se prolongó hasta los 40’, cuando el Tolima inició a demostrar que con uno menos igual dominaba el discurso del enfrentamiento.

Gamero optó por replegar y dar espacio a Vargas

El segundo tiempo siguió la línea del primero. La colocación de los centrocampistas embajadores les dejaba fuera de la jugada en transición defensiva. El Tolima jugaba a placer por los desmarques de sus jugadores exteriores. Así fue que llegó el penalti que convirtió Robin Ramírez. Con el 1-0 y en inferioridad numérica, Gamero ordenó replegar cerca de su portero. Eso le dio más espacio a Fabián Vargas, que dejó de verse superado, pero acentuó el mal rendimiento de Insúa, que tuvo menos tiempo para maniobrar.

Estaba más cerca el 2-0 que el 1-1 cuando entró Máyer Candelo por el Pocho y dio opciones reales a los suyos. El caleño, mucho más móvil que Insúa, se ofreció como alternativa de pase entre líneas, y eso hizo que Millonarios subiera la altura de su posesión, aparte de que el golpeo del 10 es mejor. Las tablas estuvieron a muy poco de llegar, pero la inoportuna pasividad rematadora de Maxi Núñez evitó el reparto de puntos.

El choque terminó y el Tolima dejó certezas de que es un equipo hecho, con una variedad de registros admirable. Habrá que seguirlo con asiduidad. Millonarios, que iba a confirmar sensaciones, sale convencido de que habrá que mejorar. Lunari tiene más trabajo.

Un poco de magia para liberarse del agobio

Los protagonistas, dentro del terreno de juego, acaban de terminar los saludos protocolarios. Rápidamente cada uno de ellos toma su lugar dentro de la cancha y parece que el partido comenzará pronto, pocos segundos transcurren hasta que el juez de turno, de azul para esta ocasión, da inicio al encuentro entre Deportes Tolima e Independiente Medellín. La bola comienza a correr a través del campo, los equipos parecen darse una tregua mutua, en los primeros instantes del partido dejan que el esférico ande lentamente de un lado a otro. Tolima es quien decide atacar primero. Su 4-2-3-1, con Marco Pérez y Andrés Ibargüen como mediocampistas adelantados por derecha y por izquierda respectivamente, lanza una presión alta supremamente intensa. Sobre la línea de cal los rizos oscuros de Alberto Gamero se zarandean con fuerza, el técnico del Tolima arenga a sus jugadores a presionar más y estos suben el ritmo a la par de su entrenador que de tanto moverse comienza a desgastar la grama de su zona técnica.

El Tolima dejó claras sus intenciones desde el comienzo del partido

El agobio es incesante. Los jugadores del DIM son incapaces de elaborar jugadas bajo semejante presión, cuando reciben de espaldas tienen un jugador muy cerca, no importa hacia que lado giren siempre van a encontrar algún jugador del Tolima y si agarran el balón de cara al arco rival todos los posibles receptores están bien cubiertos, dejando el pase largo como única opción. De este modo el Deportes Tolima toma el control del juego. Aprovecha las falencias del 4-3-3, con Marrugo como vértice adelantado, que ha presentado el Independiente Medellín en el inició de la temporada. Comienza a encontrar espacios a espaldas de Hechalar y Pérez, logrando además tapar la salida de los laterales del DIM. Las constantes recuperaciones rápidas lograran que el Tolima genere bastantes oportunidades de gol hasta que finalmente en una jugada a balón parado abren el partido. Estrada centra al primer palo donde peinan el balón para que Monsalve, el lateral por izquierda del Tolima, reciba solo en el segundo y anote con total libertad.

El panorama para el segundo tiempo se ve de la misma manera, el Tolima no tiene pensado retroceder y cada vez empuja más al rival hacia su propio campo. El Independiente Medellín parece incapaz de generar peligro, pierde el balón muy rápido y siente la ausencia de John “goma” Hernández, encargado de dar el equilibrio en la mitad de la cancha. Pero justo en ese momento, cuando al parecer el Medellín se resignaba, aparece Hechalar gambetea a tres jugadores y con el borde externo de su pierna zurda clava el empate en el marcador.

Las individualidades le solucionaron un partido complicado al DIM

El Tolima decide buscar nuevamente la victoria, Mateus Uribe y Jonathan Estrada organizan el juego interior del equipo y con sus pases dejan solo frente al arco al paraguayo Robín Ramírez quien termina despilfarrando una tras otra las oportunidades que generaron sus compañeros y en el fútbol, que tan poco importan los merecimientos, esos errores se pagan. A diez minutos del final Vladimir Marín frotó la lámpara y cobró de manera excelente un tiro libre para darle una victoria muy poco merecida al Medellín.


Misión suicida

El estadio Manuel Murillo Toro presenció un acto impensado: Santa Fe renunció incluso al contraataque. El plan que Gustavo Costas tenía en mente contemplaba un empate en Ibagué. Resignó cualquier tentativa de ataque a cambio de alcanzar cierto equilibrio defensivo. No buscó ganar, sencillamente aspiraba a no perder. Con este propósito, Santa Fe saltó a la cancha del Murillo Toro para afrontar la primera final de la Copa Colombia ante el Deportes Tolima.

Santa Fe apostó por una defensa replegada. La tarea del mediocampo sería acechar al rival una vez cruzara la mitad del terreno. El resultado estaba siendo nefasto. Las mordidas de Pérez, Roa y Torres presentaban una desincronización absoluta y dejaban un espacio abismal a su espalda. Al Tolima le bastaba con dos o tres toques de primera entre Barrios, Silva y Chará para gozar de esos espacios. No hubo ni huella de la presión de partidos anteriores. Santa Fe presionó de la peor forma que lo ha hecho en la era Costas. Si Tolima no se iba arriba en el marcador fue por imprecisiones en el último pase y porque cayó la lluvia en una cancha cuya mala condición es bien sabida por todos.

Santa Fe renunció incluso al contraataque

Si dijimos que Santa Fe no se postuló como candidato a vencer fue por sus transiciones (in)ofensivas. Ni Cuero ni Morelo buscaron alguna ventaja para desequilibrar. Todo apunta a que reservarían sus desmarques para la final de vuelta en Bogotá. Los lanzadores tampoco aportarían mayor cosa. Enviaban el balón por enviarlo, por hacer algo sin hacer mucho. Santa Fe siempre quiso alejar al balón.

Para la segunda mitad, Sergio Otálvaro y Luis Carlos Arias cerrarían su posición. La intención estaba dando resultados: los espacios entre líneas que devoraba Yimmi Chará estaban siendo acordonados. El cierre de pasillos interiores por fin mostraba a un Santa Fe competitivo. Pero la competitividad le duró 22 minutos, lo que tardó Alberto Gamero para darle ingreso a Andrés Felipe Ibargüen. Con Ibargüen en cancha, Tolima encontró el juego exterior del que parecía ser ajeno. La victoria que había logrado Santa Fe por dentro se desvanecía. A través de Ibargüen, Tolima profundizaba mejor que nunca. Entonces llegó el penal.

Santa Fe no estaba en condiciones para reaccionar ante un gol en contra

El gol de Félix Noguera arruinó a Santa Fe. El plan de Costas, no perder, se vino al piso. Su obsesión por no recibir gol fue tal que renunció a diseñar estrategia ofensiva alguna. Nada le salía a un Santa Fe arrojado en el desespero. El mismo desespero que condujo a Camilo Vargas a salir en falso en un cobro de esquina de Ibargüen y concederle a Chará el 2-0. El éxito del plan radicalmente conservador de Costas hubiera sido toda una hazaña. Esta vez fue una auténtica misión suicida.

Inerme ante lo estático

Independiente Medellín demostró, el fin de semana pasado, que con espacios es un equipo letal. Cuando el contrario decide adelantar líneas y tratar de encarcelar al “poderoso”, sus jugadores forman un bloque sólido que ahoga el ataque rival en el momento que éste intenta llegar al último tercio de la cancha. Recuperaban el balón rápidamente y, con el adversario empujando hacia el frente, surgían a espalda de los centrales espacios ocupados rápidamente por Germán Ezequiel Cano, Javier Calle y Daniel Hernández. Quienes esperaban ansiosos que Cristian Marrugo dotara de sentido el ataque con un envío al espacio libre. Después de eso la muerte estaba anunciada. Era cuestión de uno o dos toques más para que uno de los miembros de su tridente ofensivo quedara de cara a portería. Normalmente el balón terminaba en el fondo de la red, cuando no era sólo para establecer la excepción que crea la regla. El Medellín con espacios es mortal.

Los dirigidos por Torres querían asegurar la clasificación en casa

Pero…¿sin espacios? Cuando no tuvo lugar para desarrollar su temerosa contra, el DIM se mostró indefenso, inerme ante la solidez y la quietud de la defensa tolimense. Formando con un 4-1-4-1 absolutamente estático y muy compacto, prácticamente sin espacio entre sus líneas, el técnico Alberto Gamero complicó y ganó desde la pizarra un partido clave para las esperanzas del equipo “pijao”. Sus zagueros se mostraron tranquilos y fuertes en los cierres, escalonando fácilmente las embestidas irracionales del Medellín. Al Tolima no le dio vergüenza regalarle una y otra vez la esférica al rival y el “poderoso” se vio falto de ritmo y calidad en los últimos metros para poder causarle problemas al equipo visitante.

Sin embargo, el Medellín no era el único con problemas a la hora de atacar. Los jugadores del vinotinto y oro tampoco eran capaces de generar peligro. Gamero prefiere la solidez defensiva sobre la solvencia en el ataque. Su equipo está diseñado para ser atacado constantemente. Olvidando la faceta ofensiva del juego, encargándosela a Yimmi Chará y su don de la autosuficiencia. Pero incluso Yimmi estaba teniendo problemas para gestar algo, su equipo estaba muy atrás y él se encontraba escorado a la derecha, limitado por la línea de cal. Una decisión táctica generó el primer quiebre del partido, Gamero ordenó a Chará ubicarse como mediapunta y subió a Jhon Hurtado a la segunda línea de 4 mudando así a un 4-4-1-1. Esto generó inmediatamente que la primera línea del Medellín tuviera que tomar referencia sobre Yimmi. Además, liberó el carril derecho para la subida de Didier Delgado, lateral de 22 años muy inteligente para atacar, quien recibió a espaldas de Vladimir Marín un envió del central Julián Quiñones para después driblar a dos rivales y poner un centro flotado que Charles Monsalvo sólo tuvo que empujar para poner a festejar al elenco “pijao”.

El planteamiento que Gamero propuso fue fundamental para que su equipo ganara

El primer periodo había dejado la sensación de que el partido no iba a cambiar para la segunda mitad. Sobre el terreno de juego se disputaba una lucha táctica muy meticulosa que por el momento perdía Hernán Torres. Pero al inicio del segundo periodo la anarquía se desató. Técnicos y jugadores se olvidaron por 10 minutos de la pizarra. Errores en marca, diagonales poco ortodoxas y una intensidad que rozaba con lo absurdo invadieron la cancha y llenaron de emoción la partida de ajedrez que se disputaba en el terreno de juego. 4 goles fue el saldo final de esos 10 minutos, dos por cada lado para dejar el marcador 2-3 a favor del visitante. En los 35 minutos restantes el orden volvió a tomarse el partido, Gamero puso un central más y Torres metió a Yorleys Mena para tratar de mover la zaga rival. Pero el partido se convirtió en un trámite que terminó por sellar la victoria tolimense.

Sin brillo

En el Metropolitano de Barranquilla destacó la falta de fútbol y de público. Junior y Tolima se enfrentaban por la onceava fecha de la Liga Postobón. Un gol de Jorge Aguirre cambió el resultado en favor de los tiburones y le dio vida a un equipo que tendrá que trabajar mucho para poder clasificar a los cuadrangulares. Por su parte, Tolima ahondó en una crisis que comenzó el 6 de septiembre cuando perdió 5-0 con Santa Fe. Hoy, los pijaos ya llevan 4 partidos sin ganar. En estos solo han anotado 1 gol y han recibido 11.

Junior quedó de décimo en la tabla de posiciones, mientras que Tolima bajó al puesto 12.

Julio Comesaña mandó un 3-4-3 a la cancha. Por su parte, Gamero envió un 5-3-1-1 con el que mostró su intención desde el primer minuto: disminuir la cantidad de goles recibidos por su equipo. Así entonces, Junior se hizo del dominio del balón pero no fue profundo. Mientras que el Tolima esperó y cuando tuvo la chance de contragolpear, no la aprovechó. El juego del elenco vinotinto y oro era muy previsible. El juego estaba canalizado por el centro entre Mahecha, Chará y De La Rosa. El juego no fluía y ellos siempre chocaban con Narváez o con Ramírez. Cuando los superaban aparecían Tesillo, Bareiro o Correa para recuperar sin problema alguno.

El Junior se acercó con más peligro al arco de Leonardo Burián cuando Jossymar Gómez se proyectó por la derecha. Allí aparecían Barrera o Aguirre para ayudarlo pero a los locales les seguía faltando. Las ráfagas ofensivas eran insuficientes para un equipo que necesitaba ganar sí o sí.

Gustavo Cuéllar no apareció. Cuando juega por la izquierda pierde influencia.

Y apareció Vladimir Hernández. El volante juniorista mandó un balón alto que le llegó a Jorge Aguirre. El ex jugador de Aguilas Doradas recibió a espaldas de John Valencia, que marcó mal, y venció al portero Burián, que tuvo una mala salida y fue fácil de vencer. Un 1-0 a favor del equipo que dominaba sin ser profundo.

En la segunda mitad, Alberto Gamero sacó a Valencia y metió a Charles Monsalvo. La intención del cambio era darle un mayor peso ofensivo a su equipo con el 4-4-2 en rombo ancho. El Tolima se hizo del dominio pero no lograba acercarse. Junior cedió el balón y se replegó.

Al final, los locales ganaron y siguen con opciones de clasificar a los cuadrangulares. La duda que hay es sobre cómo van a hacerlo. Por su parte, los pijaos no han logrado salir del bache en el que han entrado. Gamero está entre la espada y la pared. Los resultados no lo han ayudado y la forma de jugar de su equipo tampoco.

El Tolima en fase inofensiva

El domingo 7 de septiembre significó un punto de quiebre para el Deportes Tolima 2014-II. La caída 5-0 contra Independiente Santa Fe confirmó el mal momento que está pasando el plantel comandado por Alberto Gamero. Con la confusión que genera perder así, porque nadie trabaja toda la semana para caer 5-0, el técnico samario optó por una decisión un tanto extrema. Saltó a la cancha del Guillermo Plazas Alcid con un 5-3-2 la primera línea conformada por tres centrales muy pesados -Bonilla, Valencia, Monsalve- y dos carrileros con buena salida: el juvenil Omar Albornoz y Henry Obando.

El Tolima cambió su idea y no resultó

Teniendo en cuenta la idea del sistema, la primera línea tiene mucho sentido: hacerse fuerte en el medio para dar más libertad en salida a los carrileros con la intención de estimular el ataque por banda. Los problemas comienzan en el medio campo. El tridente conformado por Alejandro Mahecha, Wilmar Barrios y Jhon Hurtado fue contraproducente. Pasivos en marca y estáticos en ataque convirtieron al Tolima en una roca impenetrable pero absolutamente inofensiva.

Los sacrificados fueron Yimmi Chará y Héctor Acuña quienes, sin apoyo, eran los encargados de atacar el arco rival. La autosuficiencia de Yimmi ayudó a generar la única jugada ofensiva del Tolima en 90 minutos.

Para el Atlético Huila el partido fue tortuoso. Se esforzó constantemente con la intención de penetrar la coraza del vinotinto y oro pero falló una y otra vez. Lastimosamente el equipo opita tomó la peor decisión para intentar hacer daño al Tolima, el centro desde los costados. Con Hechalar, Murillo o Perlaza desbordando constantemente el equipo huilense cayó en la tentación de buscar una y otra vez a Juan Fernando Caicedo en el centro de área. Uno tras otro los centros del Atlético Huila fueron despejados por el tridente de centrales tolimenses.

El juego directo no le dio réditos al Huila

En el segundo tiempo la cosa pintó un poco mejor para los opitas que lograron combinar en zona central para sacar de posición a los zagueros pijaos y encontraron así dos oportunidades muy claras de gol. Una desperdiciada por Caicedo y la otra errada bajo el arco por Marcelo Bergese. Más que eso no pudo conseguir el Atlético Huila que en la segunda parte del segundo tiempo se dejó llevar por la impotencia de no conseguir el resultado y decidió dejar a un lado las jugadas elaboradas para cambiarlas por el juego directo donde, por obvias razones, la zaga tolimense fue quien venció.

El Tolima sigue sin ganar y aunque Gamero logró consolidar una roca difícil de penetrar ahora tendrá que buscar la manera de que ésta sea capaz de buscar el arco de enfrente. Con el medio campo que propone el samario la misión se ve difícil pero con un par de cambios en la zona medular este Tolima, que prometía tanto al inicio del torneo, podría llegar a dar la sorpresa. El problema es que el tiempo se agota.