Vislumbrar la copa futbolística

El duelo entre Deportivo Cali y Deportes Tolima de la noche anterior disputado en el Pascual Guerrero fue confortante. Ambos conjuntos, a través de sus armas, intentaron fundar un juego agradable por medio de propuestas reconocibles dentro del césped del estadio sanfernandino que derivaron en 90 minutos en donde hubo ritmo, fricción, estudio y fútbol, mucho fútbol.

Los minutos de intensidad del Once Caldas

Once Caldas y Tolima abrieron la jornada de ida de los playoffs de la Liga Águila en el Estadio Palogrande. El equipo de Alberto Gamero llegó a la eliminatoria tras ganarle en Cartagena a Jaguares y quedar en la cuarta posición del torneo, mientras que los dirigidos por Javier Torrente perdieron con el ya desaparecido Uniautónoma y desaprovecharon la oportunidad de ser una de las cuatro cabezas de serie, justamente, en detrimento de su rival.

El Once Caldas superó al Tolima durante el primer tramo del partido gracias al ritmo alto que impuso. Los envíos largos de los centrales y de Henao para los jugadores de ataque, e incluso para los interiores que aparecían bien adelantados, fue fundamental porque la defensa del Tolima estuvo lenta e imprecisa. Además de esto, Patricio Pérez y John Freddy Salazar aparecieron para ofrecer apoyos y para darle rápida circulación al balón. Fue así como el equipo generó varias oportunidades de gol y anotó.

Harrison Henao aprovechó un rebote, que generó un remate fallido de César Quintero después de una serie de toques en las cercanías del área, y remató desde fuera del área para anotar el 1-0

Con el paso de los minutos, Tolima fue reaccionando. Wílmar Barrios fue fundamental en la medida en la que recibía y le pasaba el balón a Andrés Felipe Ibargüen, que aparecía muy solo entre líneas. Ahí fue donde el caleño hizo daño porque tenía bastante margen de maniobra. Lo que salvó al equipo local fue el alto nivel mostrado por Franklin Lucena y por Hernán Menosse, que estuvieron seguros en los cierres e impidieron que Marco Pérez recibiera de cara al arco.

Para la segunda mitad, Javier Torrente envió a la cancha a Michael Ordóñez por César Quintero. Lo que el argentino quería era equilibrio. Sin embargo, el espacio que había entre defensas y mediocampistas seguía siendo amplia, razón por la que Jonathan Estrada comenzó a aparecer ahí para recibir con espacio para controlar y pasar. En esta etapa, Ibargüen apareció por la banda derecha y aprovechó los huecos dejados por Luis Murillo cuando se proyectaba y no retrocedía. El elenco vinotinto y oro se hizo del control del balón y del partido.

Once Caldas intentó contratacar pero el resultado no fue el esperado. Johan Arango estuvo desconectado y fue remplazado por un Cristian Fernandes que tampoco produjo mucho. Además de esto, John Freddy Salazar realizó un desgaste importante en el primer tiempo cuando tuvo que retroceder para ayudar a marcar y por eso en los ataques no pudo ser explosivo. Y Patricio Pérez, que era el jugador que recibía más adelante, desconoce la posición de delantero y no logró marcar diferencias, en especial si sumamos que por lo anteriormente dicho, no aparecía nadie para ofrecer apoyos.

El partido de vuelta se jugará en el renovado Estado Manuel Murillo Toro de Ibagué

Al final, Tolima no pudo empatar y el encuentro terminó 1-0 en favor del Once Caldas. Javier Torrente tendrá que corregir muchas cosas, tanto en defensa como en ataque, si quiere clasificar a los cuartos de final. Si bien su equipo mostró unos primeros minutos intensísimos, el resto del partido lo sufrió. Por el otro lado, Deportes Tolima tendrá que ser más efectivo de cara al arco, si no va a tener el mismo destino que tuvo hace un tiempo en la Copa Sudamericana, cuando Sportivo Luqueño lo eliminó.

Refinería competitiva de Óscar Upegui

Alianza Petrolera, quizás sin querer, prolongaba su clasificación a playoffs de la misma manera que en Barrancabermeja los carrotanques vierten el combustible fósil en el interior de su armazón: mirando el reloj. Los partidos avanzaban y el objetivo era esquivo. Quisquilloso. Esta vez el Daniel Villa Zapata acogía al Deportes Tolima de Alberto Gamero, que a donde va indispone a sus rivales, los saca de casillas y hace aparecer jaquecas que por momentos son incurables para sus adversarios. Óscar Upegui instruyó de buena forma a los suyos y les recetó una estrategia que aplicaron para catapultar la victoria.

Con Nelson Barahona y Martín Arzuaga en su mejor punto Alianza se impuso en el primer tiempo

El conjunto pijao encaró el partido desde el inicio asumiendo protagonismo. Con Ibargüen por la izquierda el desequilibrio es garantizado. Y de enlace, esta vez, estaba John Médez. Compañía más que agradable. Aunque la posesión era vinotinto y oro, del control y desarrollo del juego se apoderó Alianza Petrolera. Lo hizo principalmente gracias a Nelson Barahona y Martín Arzuaga. El primero con sus toques diferenciales y el segundo con un despliegue racional y furioso. Pasaron casi diez minutos entre los dos goles que colocaron arriba al equipo local: desde la inspiración de Fígoli hasta la culminación a bocajarro de Barahona producida por Arzuaga. Ventarrón absoluto con origen en la banda izquierda gracias a las proyecciones de Felipe Banguero, del cual el equipo tolimense salió con síntomas de mareo, presentando pequeñas contusiones.

Con el tablero anunciando un marcador positivo, Alianza Petrolera replegó de ahí en adelante llevando al Tolima a no encontrar el tan anhelado pase final para pulir la jugada y transformarla en ocasión. En este contexto Víctor Castillo mostró sus dotes como mediocentro destructivo. Hizo el trabajo sucio a la perfección y junto con Córdoba condujeron a sus contendientes a un callejón sin salida.

Alianza Petrolera, con la victoria a cuestas, replegó ante un Tolima imposibilitado para descubrir brechas

Para el segundo tiempo, Jonathan Entrada ingresó con el ánimo de enriquecer la circulación de los de Ibagué en el último cuarto, pero su aparición no provocó el efecto deseado. En parte porque los caminos hacia Jeréz eran ásperos, y porque cuando podían transitarlos al final se topaban con un Ricardo enfocado, seguro. La gestión desde el banco no hizo que Alianza Petrolera sufriera desajustes, mostrándose cada vez más impermeables y seducidos por la consumación de un objetivo trascendental.

Ambos consiguieron cupos para estar en la gala final. Ambos aseguran competición

El semestre pasado hubo una revelación muy grata en cuadrangulares (Atlético Huila) y este semestre la excepción tomó entera posesión del colectivo aurinegro integrado por jugadores de muy buena condición, que tienen un futuro halagüeño y un míster metódico. Ya dieron el paso que tanto les había costado y lo hicieron frente a un equipo como Deportes Tolima que siempre anima el campeonato, sin reparar en sus jugadores y cuerpo técnico. Ambos equipos ya reposan con la clasificación sobre sus hombros. Ahora solo resta esperar el momento en donde se miden fuerzas, ocasión para la cual los santandereanos tienen una estructura rígida, que dio de que hablar y a la cual será difícil desarmarle.

Zarpar sin brújula

El fallo en el fluido eléctrico en el Fernando Cáceres de Paraguay anunciaba, quizás sin quererlo, una noche oscura para el Deportes Tolima tras su empate en Bogotá. Y es que Alberto Gamero de alguna forma así lo quiso, pues decidió poner a su jugador artístico, Jonathan Estrada, en una posición en la cual no podía mover su pincel y exponer sus ideas.

Salir con Estrada en banda hizo que Tolima no contara durante el primer tiempo con una posesión óptima en campo rival. Al volante guía nunca se le pudo encontrar y, tampoco, su marcha sobre el campo hizo que obtuviera protagonismo. Esto, que cayó como anillo al dedo para Sportivo Luqueño, dejó ver un planteamiento erróneo desde el vamos del cual el rival se aprovechó para controlar y llevar peligro. Gamero trazó, desde el inicio, un camino equivocado en el mapa que conducía a cuartos de Sudamericana.

No contar con el desahogo en banda –no estaba Ibargüen- hizo que Tolima se viese forzado en salida y perdiese el balón en un pestañeo. Luqueño supo taponar el inicio y, además, nubló a los delanteros pijaos que nunca pudieron pivotear para oxigenar. Gamero para el segundo tiempo intentó modificar el transitar de su equipo que con la entrada de Bermúdez gozó de su mejor momento. La reacción fue tardía y, para más desconsuelo, la abordó el desamparo que significó la expulsión de Banguero cuando el empate empezaba a ser una posibilidad para aferrarse a la clasificación. Esta baja del lateral puso la firma a la postal de la eliminación de los tolimenses.

El reto de salir bajo presión

La visita de Sportivo Luqueño a Techo se llevó toda la atención. Principalmente porque el Tolima no acaba de acomodarse jugando de local en Techo. Es decir, su fortín, el Manuel Murillo Toro, no adhiere los mismos condimentos de su nuevo hogar. Fue aquí donde el Tolima-Sportivo Luqueño dejó muchas cosas por analizar, sobre todo porque no parecía haber un dueño de casa.

La imagen poco competitiva que venía mostrando el Deportes Tolima en el marco de la Copa Sudamericana tuvo una mejoría notable en Barranquilla frente al Junior. En este escenario, con la aparición de Jonathan Estrada, las situaciones y soluciones se repartieron entre Ibargüen y el antioqueño. Desde ellos dos, precisamente, fue lo mejor que mostró el Tolima en el primer cuarto de hora, hasta el 1-0. Estrada apoyando entre líneas e Ibargüen desbordando por fuera. Pérez sumó desde la derecha acelerando, pero su desacierto restó mucho más. El cuadro pijao prácticamente no circulaba el balón por sus dos pivotes, sino que directamente buscaba a sus cuatro atacantes por el simple hecho de que Sportivo Luqueño se comportaba jugando con interiores cuando su dibujo era un 4-2-3-1. En este instante Eduardo Rivera modificó la pizarra y el partido se inclinó a favor de los paraguayos.

La salida de balón del Tolima tiene muy pocos intérpretes creativos

Eduardo Rivera reajustó la estructura y el comportamiento estilístico los 75 minutos restantes. Sportivo Luqueño pasó a jugar con un 4-1-4-1 donde Godoy –sobre Estrada– era el mediocentro, Miño –Rivas– el interior diestro y Mendieta –Barrios– el interior zurdo. Los paraguayos anularon a Estrada, cerraron ambos carriles laterales y, dicho sea de paso, apretaron la salida de balón rival. El Tolima intensificó las pérdidas, pues Delgado, Quiñones, Monsalve y Banguero tocaron el balón mucho más de lo que están capacitados. Este singular detalle aclaró las cosas: iniciación plana versus presión alta. El Tolima dejó de pisar con cierta frecuencia campo contrario debido a su aguda ausencia de creatividad en los primeros pases.

Tras el descanso, Alberto Gamero buscó compensar estas limitaciones metiendo a su equipo arriba gracias al regate de Brayan Bermúdez. El Tolima lo hizo en contadas ocasiones, pero la frecuencia ya no era la misma. No habían perdido sólo regularidad, también acierto en la toma de decisiones. Sportivo Luqueño había diseñado un plan para empatar –colaboración desafortunada de Silva–, recogerse muy concentrado e intentar desplegar las veces que fueran posibles con Oscar Ruiz a la espalda de Didier Delgado. Pese al empate, que no es un resultado positivo para el vinotinto y oro, y reprobar el curso de salir bajo presión, la mala noticia es que su futbolista más autosuficiente y determinante en varios registros, Andrés Felipe Ibargüen, se pierde la vuelta por sanción.

De vuelta al mejor sistema

Hace unos meses Tolima transmitía la sensación de ser el equipo con el sistema más sólido y, precisamente ante Junior, ayer, pareció volver serlo. El mejor ataque del fútbol colombiano no logró exponer las flaquezas de su rival, en gran parte, a la virtud de Alberto Gamero. Su equipo no otorgó oportunidades y defendiendo en estático lució impenetrable.

Tolima vistió con su habitual 4-2-3-1. La reaparición de Estrada pone las cosas en su lugar, sobre todo, los ataques. La influencia en el sistema ofensivo es total por parte de Jonathan; en estático, imprime el ritmo de las posesiones, se asocia con Ibargüen a espalda de los centrocampistas y logra triangular cerca del arco contrario; contraatacando, elige el momento y destinatario correcto a lanzar.

Pasó todo lo contrario en el equipo de Alexis Mendoza. Las posesiones carecían de calidad; primero porque Cuéllar no estaba en el campo; segundo, Narváez era el pivote más adelantado que conducía los avances por delante de Celis; y por último, el sistema ofensivo está desconectado sin Ovelar. La poca movilidad de Vladimir, los pocos receptores por delante de la línea del balón y la capacidad de anticipación de Wilmar Barrios obligaban a retroceder en cada jugada.

Sin juego por dentro y los habituales apoyos de Roberto Ovelar, Junior sólo llegó a enfrentar a Joel Silva saltando las líneas defensivas con un pase ‘globo’ o lanzamientos en largo para Vásquez que pescó un par de oportunidades. Con la entrada de Cuéllar, Junior se hizo con el dominio de la pelota, aumentó el ritmo y dio altura a sus posesiones, pero no logró filtrar pases entre líneas ni mandar en el partido porque un imperial sistema defensivo de Tolima no lo permitía. Gracias a Jonathan.

Sólo necesita cicatrizar

Desde el pitazo inicial, Independiente Medellín y Deportes Tolima bajaron la guardia y pactaron un juego de agresión total. Los equipos de Alberto Gamero y Leonel Álvarez se hirieron en demasía, al punto de exponer todas sus flaquezas. Fue de suponer, entonces, que entre tantos asaltos, el equipo que encontrara espacio para cicatrizar se haría con la llave. Así fue como Independiente Medellín, en un acto introspección, recordó su golpe letal, su ataque vertiginoso, y hoy es finalista del fútbol profesional colombiano.

Tolima logró imponerse en el primer tiempo

Para que el DIM se hiciera con la llave, tuvo que pasar, incluso, por la agonía. El Deportes Tolima nunca fue un rival fácil. De hecho, en los primeros 45 minutos se mostró superior. Fue un primer tiempo en que el DIM no hallaba respuesta a la sociedad entre Jonathan Estrada y Andrés Felipe Ibargüen. Los de Alberto Gamero parecían inalcanzables; primero, porque Ibargüen y Estrada se asociaban a espalda de los mediocampistas del DIM; segundo, porque Estrada lo hacía tocando de primera, moviendo tanto el balón como su propio cuerpo a una velocidad que ni John Hernández ni Cristian Restrepo podían alcanzar.

Y cuando al DIM le correspondía el balón, el escenario favorecía nuevamente al Tolima. La primera línea de presión del vinotinto y oro –Ibargüen, Estrada y Pérez– lograba desconectar a Cristian Marrugo del resto del equipo. La marca cercana de Wilmar Barrios fue otro factor en contra para Marrugo. John Hernández quiso tomar cartas en el asunto y superaba la línea de presión descolgándose inteligentemente. No obstante, Hernández no es ningún prodigio del pase en largo y lo del DIM eran prácticamente todos pelotazos.

En la segunda mitad, Tolima le dio una comodidad que no le podía permitir al DIM

El declive del Tolima llegó con el bajón de Jonathan Estrada. Quien otrora inclinaba la cancha a favor del Tolima, fuera juntándose con Ibargüen o presionando, tuvo un segundo tiempo más bien discreto. Los de Alberto Gamero ya no tenían argumento alguno para mantener el balón lejos de su portería, lo cual sirvió al DIM para cicatrizar heridas y volver a la pelea. Leonel Álvarez cambió el dibujo táctico: pasó a jugar con tres centrales y sumó un jugador a espalda de la línea de presión del Tolima.

Una mejor salida de balón era lo único que necesitaba el DIM. El resto corre por cuenta del tridente ofensivo: Hechalar y Pérez permutan posiciones sin parar, abren espacios permanentemente y, junto con Caicedo, atacan el segundo palo como ningún otro en nuestro fútbol colombiano. Lo único cierto en todo esto es que el Medellín necesita poco para agredir. A lo largo del semestre, nadie quiso enfrentarse al tridente ofensivo del DIM. El Deportivo Cali, en la finalísima del fútbol profesional colombiano, no será la excepción.