El DIM del goce

Uno de los dos encuentros disputados ayer por los cuartos de final de la Liga entre Independiente Medellín y Atlético Bucaramanga estuvo marcado por la fragilidad defensiva del equipo de Flabio Torres. En lo individual, ninguno de sus zagueros alcanzó el nivel mínimo requerido para un partido de estas instancias, mientras que en lo colectivo formaron una caótica línea del fuera de juego que facilitó las cosas de sobremanera a su rival.

Como tiburón en el agua

De repente nada estaba en su lugar. De repente la trama había desviado su curso lógico, a la manera del mejor teatro del absurdo, y Julio Comesaña, que anhela la Copa Sudamericana como ninguno, fue el dramaturgo estelar. La antilógica del uruguayo imperó en El Campín: Santa Fe fue preso de una presión alta y Atlético Junior impuso el ritmo en la altura bogotana como pocas veces se ha atrevido

Vértigo con buen pie

El fútbol vertiginoso y campeón del Deportes Tolima se topó en El Campín con un rival que lo superó hasta hacerlo ver mal. Esta vez no contó con Rafael Carrascal en el mediocampo y seguramente eso fue un gran condicionante, pero no deja de ser un indicio que se haya visto tan superado por un equipo que habla su mismo idioma: verticalidad, agresividad y transiciones a pleno pulmón.

Verde que te quiero verde

El amor gitano, decía Federico García Lorca, es una voz milenaria. Es una memoria, una tradición, una verdad imperecedera. Y Nacional es un gitano. Pasan los años y no hay mayor verdad que Nacional y las finales. Todos buscan separarlos y ellos resisten, con la heroicidad de quien prefiere morir antes que perder el recuerdo. Una final es una excusa para Nacional hacerle frente a los invasores de la historia, los raptores de memorias.

Historia de dos partidos

Esta es la historia de dos partidos. Uno llegó a jugarse tan sólo unos minutos, terminado por la circunstancia y el devenir del fútbol. Y el otro empezó de ahí en adelante. En los dos partidos, el eje del juego de Millonarios fue un rombo; la diferencia fue su vértice. El centro del campo azul incluyó tres mediocampistas, y en el primer partido el que completaba la figura era el delantero, Roberto Ovelar, que se unía desde el balón y el apoyo

Sin defensa para Piedrahita y Díaz

Sebastián Beccacece visitaba Barranquilla con una de las propuestas —sin importar la calidad en líneas generales— que más agrada en estos momentos en Sudamérica desde el pase y la organización colectiva en torno a la pelota. Y el choque que les citó anoche en el Metropolitano dejó muchas cosas para analizar. El conjunto rojiblanco adaptó su versión del día a día, más controladora y propositiva, ante la ausencia de un peso pesado como lo es Jarlan Barrera.