Argumentos sin coherencia

Ante la Juventus, el Real Madrid jugó un partido extraño que deja sensaciones del mismo tipo. La actuación no fue del todo preocupante, pero sí bastante deficiente: el nivel individual de más de uno fue nefasto. Varane se vio inusualmente lento e impreciso; Carvajal, en más de una jugada desmesurado y, en el repliegue, algo desordenado. Se vieron también sumamente incómodos Gareth Bale y Sergio Ramos: el primero poco resolutivo, y fuera de contexto recibiendo de espaldas y sin espacio; y el segundo absolutamente carente de compostura ante el agite del mediocampo de la vecchia signora.

Lo más extraño, sin embargo, es quizá lo de Ancelotti. Primero, desde minutos iniciales, el cuadro merengue se vio enfrascado en una búsqueda vertiginosa por la línea de fondo que más que sorpresiva se vio infructífera. No queda claro si Carletto creyó que el centro rápido y el uso de la banda tras el robo podrían ser herramientas ante una posible línea defensiva con tres centrales, o si simplemente buscó innovar; pero lo cierto es que el equipo acabó embotellado en una corriente de centros que, más que ideas, generaba espacios a espaldas de los laterales. Y de Toni Kroos. Alrededor del alemán, de hecho, ocurría el problema más grave: si bien la inclusión de Sergio Ramos en el medio debería haber aportado (en teoría) mejor lectura y cobertura en la recuperación, es incomprensible que éste se encontrara tan a menudo lejos de una posición de respaldo defensivo para Toni. Tévez y Vidal son máquinas de movimiento y gestación -nada que no sepamos- y ante su partido sublime, Kroos quedó desnudo.

Hace falta Modric. Por supuesto. Los huecos a espalda del mediocentro no-mediocentro del Real Madrid no hubieran sido tan beneficiosos para la Juve con el criterio del croata sobre el campo. Tampoco lo habrían sido, quizá, con el galopar de Sergio Ramos a sus espaldas en vez de a sus costados. Pero, ¿qué se puede decir de la Juventus sin Pirlo? El partido del regista bianconero fue pésimo –Andrea fue, contra todo pronóstico, el jugador que más perdió balones en su equipo-, pero la Juve no dejó de verse espectacular. A Massimiliano Allegri se le puede acusar de ser muchas cosas, pero nunca de ser poco resolutivo. Los desmarques de Morata, el dinamismo libertino de Tévez y, sobre todo (¡sobre todo!), la plenitud física y exquisita de Arturo Vidal, son las bases del estratega para tomar riendas del carruaje ante el inminente (y tal vez cercano) descenso de l’architetto. Y en plena Semifinal de Champions League éstas demostraron, aunque sea parcialmente, ser un acierto.

James sigue siendo el generador de momentos

James Rodríguez se ha ganado tanto los murmullos como los alaridos del madridismo por su capacidad innata de sacar fantasía de los contextos más secos. Su técnica primorosa es la de siempre, pero sus movimientos son cada vez más peligrosos e incontenibles. De sus botines llegó la asistencia para el primero, y de su cabeza un remate al travesaño que tendrá aún vibrando el aluminio en el Juventus Stadium. Sobran ya las palabras para el ’10’ colombiano, que, sin duda alguna, será pieza clave para una posible remontada en el Santiago Bernabéu.

Huyendo de la presión

La presión alta se ha convertido, sin duda, en uno de los recursos más utilizados del fútbol moderno. Con el nacimiento de los equipos enamorados del juego de posición se volvió altamente importante buscar una manera de recuperar el balón rápidamente para evitar que, una vez armados los circuitos de pase, el rival tomara el control casi absoluto de la jugada. Bien ejecutada, la presión alta se torna en un arma tanto defensiva como ofensiva. No sólo se traba la salida del rival, sino que también se puede recuperar la bola mucho más cerca al área contraria lo que, en términos de espacio, ya es mucho más positivo que recuperarla en terreno propio. Aunque tiene sus debilidades. Al presionar hacia el frente se dejan espacios a la espalda que el rival puede aprovechar atacando verticalmente, pero para poder explotar estos espacios también se necesita de coordinación y trabajo, no es sólo lanzar directamente hacia adelante, River no entendió eso.

River no pudo salir de la presión con efectividad

Bastante lejos de la excelencia estuvo la presión ejecutada por Boca en el primero de los tres Superclásicos que se disputarán en poco más de una semana, pero aún más lejos de la misma estuvo River en su intento por salir de ella. El equipo millonario se mostró incapaz de ocupar los espacios que dejaba el onceno xeneize cuando presionaba la salida de Barovero. Por momentos intentaron ampliar la posición de Maidana y Pezzella para airear la salida, pero la poca ductilidad de éstos con la bola en los pies sumada a la ya mencionada pasividad para ocupar los espacios que dejaba el rival hacía que el intento de salir de una mejor manera se viera frustrado. Además, el mejor lanzador de River, Pisculichi, no jugó el partido: significó un impedimento al planteamiento ofensivo que proponía el equipo de la banda cruzada.

El tridente ofensivo de Boca significó un problema para la zaga de River Plate, no por generarle constantemente jugadas de peligro, sino porque en faceta defensiva, cuando Boca no tenía el balón, se convertían inmediatamente en un obstáculo para la salida de River, que en lugar de enfrentar la presión huía de ella intentando un ataque más directo que quedó disminuido a meros balones largos con destino incierto que, normalmente, terminaban en los pies del equipo rival. Ciertamente huir de la presión, por lo menos de esa forma, no era la mejor opción.

Teo, en banda, clarificó el juego de River

Un Teo abierto en banda izquierda resultó un oasis en el desierto. El delantero colombiano, convertido en lanzador, recibía abierto y desde ahí intentaba darle pausa y sentido al fútbol del equipo millonario. Los pelotazos constantes, buscando evadir la presión de Boca, lo único que conseguían era destruir la identidad de juego del equipo que a pesar de que no pasaba apuros en defensa no inquietaba en lo más mínimo al equipo rival. Solo una ocasión clara tuvo River en todo el partido, gestada por izquierda después de un buen movimiento de Driussi que logró ganarle la espalda a Cubas y jugar el balón rápido para Teo quien, desde la izquierda, envió un balón cruzado para Sánchez y el rey de los apoyos disparó con fuerza, pero el travesaño escupió una gran jugada, que pareció más producto del azar que del sistema de juego.

Finalmente, cuando el partido parecía condenado al empate, la defensa de River quebró y en 5 minutos Boca se llevó el partido. Excesivo premio para tan pobre demostración. Los xeneizes sin deslumbrar con su fútbol, se llevaron un Clásico muy importante en lo anímico; ahora se vienen otros dos partidos, Boca seguirá presionando y River… ¿huyendo?

Centrocampista total

Atlas asestó un golpe de autoridad en su visita a Tijuana y se puso líder del torneo mexicano. Sus mediocampistas destacan por su notable nivel técnico y, a pesar del campo sintético de Xolos, no tuvieron inconvenientes para mostrar su gran juego asociativo. Aldo Leão Ramírez fue importante haciendo tres cosas: recibía el primer pase en el círculo central para enseñar sus dotes como organizador del juego; se abría pegado a la banda derecha para atraer a los dos mediocampistas de Xolos y generaba espacios por dentro; o se metía como mediapunta para cambiar de orientación hacía el paraguayo Caballero, buscar la pared con Barragán o intimidar con su golpeo a portería

Como si fuera un truco

En el arte del ilusionismo, uno de los trucos estridentes por excelencia es la desaparición de objetos o personas. Los espectadores que permanecen atentos al escenario observan como una cortina cae sobre el objeto en cuestión; cuando el telón se levanta, la audiencia cree que el objeto se ha esfumado, solo para descubrir, segundos después, que el objeto yace en el extremo opuesto de la sala

El fabricante de momentos

Resulta curioso, incluso para algunos puede ser hasta injusto, que el fútbol sea recordado por momentos. Sí, el deporte rey, dotado de una complejidad imponente termina reduciéndose muchas veces a pequeños lapsos en la línea temporal que normalmente, por cuestión de durabilidad, son incapaces de retratar el largo camino que se ha tenido que recorrer para llegar a ese punto. Pero que por su fuerza emocional son incluso más potentes que cualquier sensación que se haya producido a lo largo del extenso proceso, son rayones mentales que se fundamentan simplemente en su condición de extremadamente oportunos o decididamente bellos. Normalmente parecen producto del azar, producto de pequeños momentos de lucidez que sólo a algunos pocos se les presentan, momentos al servicio de un grupo aún más selecto. Los que son capaces de fabricarlos…

Corría el minuto 21 del primer tiempo. En la cancha del Pascual Guerrero un joven delantero buscaba incesantemente su oportunidad de anotar. Ansiosamente esperaba el momento de quedar mano a mano con el portero rival para batirlo y comenzar a forjar su camino en el fútbol profesional colombiano. Finalmente vio la oportunidad, un balón largo dirigido hacia su compañero de ataque, Wilmer Parra Cadena, pareció desacomodar a la defensa del Once Caldas. Aceleró hacia el espacio vacío, rápidamente lanzó una mirada hacia su derecha y vio como Parra Cadena le pasaba el balón al primer toque. Parecía una situación ideal, sólo hubo un problema, el pase iba demasiado atrás. Todo el estadio parecía resignarse, todos menos él. Sacó un taconazo tan rápido como certero para recuperar el balón retrasado y dibujar cuidadosamente una parábola sobre su cabeza y la de los defensores rivales que no tuvieron más remedio que ver como Luis Fernando Muriel eludía a Héctor Landazuri para abrir el marcador, así fue su primer tanto de la noche, los otros dos vendrían de potentes remates con la izquierda, su pierna menos hábil. Primer hat-trick como profesional y ya había fijado cuidadosamente su nombre en la mente de los amantes del fútbol.

Ese día, Deportivo Cali goleó 3-0 a Once Caldas

Lastimosamente para los colombianos su participación en el balompié nacional fue bastante corta, un par de meses después de aquella tripleta ya emigraba al viejo continente. 1,9 millones de dólares pagó el Udinese por quedarse con el 70% del pase. Pero no fue tenido en cuenta para el primer equipo, decidieron cederlo al Granada de España, donde no tuvo muchas oportunidades. Tan sólo disputo 7 partidos, pero le alcanzó para marcar un gol. En una tanda de penaltis cobrando a lo Panenka.

Así, después de un paso corto por España marcado por su indisciplina y sus pocas chances de jugar volvió a Italia. Esta vez el Lecce lo recibió, también en calidad de cedido, para que un Muriel aún de 19 años comenzara a construir pieza a pieza nuevos momentos para su nuevo equipo, pinceladas de su fútbol que rápidamente lo llevarían a ser tenido en cuenta por el equipo dueño de su pase. Destacó junto a Cuadrado y difuminaron a diestra y siniestra defensas contrarias entre los dos.

Ese año, Lecce descendió a la Serie B

En su vuelta a Udine aquel juvenil delantero, de una constitución delgada, había desaparecido para darle lugar a uno mucho más corpulento pero igual de hábil con el balón en sus pies. En este punto, con la ayuda de Guidolin, su técnico, comenzó a desplegar al máximo sus capacidades. El técnico Italiano experimento cuanto pudo con un Muriel que se encontraba, tal vez, en el punto más alto de su carrera hasta ahora. Por derecha o por izquierda, como delantero centro o como segundo punta, en casi todas las posiciones ofensivas lo probó y en casi todas respondió. La calidad de Muriel, como la de los grandes jugadores, no diferencia entre posiciones en la cancha, entre alturas, entre jugar junto a la cal o jugar frente al arco sólo entiende un idioma, el buen trato a la pelota.

De la mano de su progresión llegó su mejor galardón a nivel individual. En el año 2013 fue premiado como jugador revelación del Calcio. A sus 22 años parecía que no tenía techo pero una luxación en la cadera y problemas para controlar su peso comenzaron a disminuir su participación en el Udinese; Guidolin comenzó a dejarlo en el banquillo, lo que derivó en que perdiera su puesto con la selección Colombia de cara al mundial. Guidolin se marchó del Udinese y con la llegada de Stramaccioni a la dirección técnica Muriel no tuvo muchas chances. Lo que significó que la otrora promesa del club bianconeri emigrara hacia Génova para jugar en Sampdoria.

Sampdoria es el tercer equipo de Muriel en Italia

El club genovés lo recibió bastante bien y en los primeros meses ha logrado tener bastantes minutos lo que se ha reflejado en su cuota goleadora. 4 goles en 11 partidos, lo que de una u otra forma ha comenzado a poner nuevamente al oriundo de Santo Tomás en la agenda internacional, por lo cual no sería extraño que José Pékerman estuviera considerando convocarlo de cara a la Copa América. Ya veremos si el fabricante de momentos nos arma un taconazo memorable en un panorama más relevante.

El diez en cohete

James Rodríguez jugó en Balaídos sobre un cohete. El Toto Berizzo empujó a los suyos hacia adelante y el 10 blanco se lanzó hacia el espacio. Se llevó con él a Chicharito y a Cristiano, lo cual fue suficiente para garantizar la victoria del Real Madrid. El pitazo de arranque dio paso a la ignición de otro performance altisonante del cafetero, clave inalienable en esta recta final de temporada para su escuadra. En esta ocasión, el cucuteño logró exhibirse a máxima velocidad y con toda la potencia, tal como lo exigió el rival y el escenario. Cada decisión que tomó fue óptima para el acelerado y turbulento viaje de su equipo hacia el objetivo final.

El plan local fue propicio para el espectáculo. Nolito, Orellana y Mina rajaron por los tres carriles a los de Ancelotti en ataque. A cambio, cada transición visitante era fugaz, y adquiría fuerza y sentido en los pies de James. Él armó el empate, dibujó y asistió el 1-2, y firmó el 2-3. Demasiado espacio dejó el Celta, lo que aprovechó el campeón de Europa, comandado por su diez, para viajar hacia la galaxia del triunfo en una noche divertida, y volverse a casa con la seguridad de seguir a muy poca distancia de su archirrival.

El toque de James

El partido del Vicente Calderón jamás finalizó, quizá solo presionaron ‘pause’, se fueron a merendar y siguieron jugando. En el Santiago Bernabéu el hilo de la historia fue el mismo: Real Madrid controló la pelota y el encuentro. Ante las bajas de Marcelo, Modrić , Benzema y Bale, el panorama pintaba complicado; Carletto debía armar un nuevo once, nombres distintos que brindasen la misma dinámica, sin que afectasen el sistema, aunque éste iba a estar sujeto a dos de ellos: Toni Kroos y James Rodríguez. Alemán y colombiano tenían la obligación de armar el juego y activar los ataques junto a Isco.

James tuvo los mejores minutos jugando como mediapunta

Ancelotti ante las bajas planteó su caprichoso 4-3-3 que mudó a 4-3-1-2 mostrando el invento de Ramos como interior derecho. El técnico italiano no sólo consiguió someter a su rival, sino que sus jugadores dominaron el partido con creces. La posesión nunca corrió riesgo, los laterales situados a la altura de ¾ de cancha rival permitieron el pase en diagonal que generó de vez en cuando ventaja de dos contra uno en los costados colchoneros. James entregó pases cortos y cambios de frente que fueron una opción válida, pero no muy efectiva para intentar sorprender a un equipo del Cholo que al ser superado no entregó muchos espacios a causa de lo replegado que estuvieron. El ‘10’ cafetero tuvo libertad de movimientos; cayó al medio y también a la banda donde estaba Carvajal dándole ocasionalmente profundidad a los ataques de su equipo.

James lució más horizontal, pero acertó en el momento de ser vertical

La calidad en el último pase de James fue lo que más creó ventajas para su equipo. A pesar que el colombiano no es buen regateador, creó ventajas sacando jugadores y gestó las mejores opciones para sus compañeros. Y como está dicho: “Una defensa cerrada se destruye construyendo con una pared”, James se acordó del libro del fútbol, dio con la página y aplicó lo aprendido. Los movimientos de Cristiano y el peligro que representa tenerle cerca más el brillante partido de Chicharito que tiró desmarques hasta que marcó y se lesionó fueron claves para obtener el tiquete a semifinales. James fue quien los invitó, él dio el pase para estar una vez más entre los cuatro mejores de Europa. De la Copa de Europa. Nada más. Nada menos.

De espaldas a Courtois

En Stamford Bridge, Radamel Falcao dirigió más tiempo su mirada hacia Rooney que hacia Courtois. Louis van Gaal, por la baja de Michael Carrick, decidió dar entrada al Tigre para uno de los partidos marcados con asterisco en el calendario. Un Chelsea-United es, sin lugar a debate, uno de los grandes choques del siglo XXI, y, en este caso, el samario lo jugó desde el arranque. Al otro lado, en el banquillo de casa, Juan Guillermo Cuadrado esperaba su oportunidad.

Falcao no es protagonista en el plan escogido por Van Gaal

El plan de juego del Manchester United, justo hace una semana, parecía estar firme y contrastado: Carrick y Herrera para dirigir las operaciones, Valencia y Young para dar amplitud, Blind para tocarla bien desde atrás, Mata para aportar fluidez en ¾, Fellaini para bajarla y tener continuidad arriba, y Rooney para dinamizar todo el ataque. Falcao no tenía sitio en hoja de ruta, pues Louis prefería lo que podía añadir Marouane a lo que ofrecía el colombiano. Y tiene sentido, porque mientras que Fellaini no exige un rol 100% ofensivo, ya que no es una estrella del ataque, Falcao sí necesita un papel protagónico en ese sentido.

Aún así, para este envite, la baja de Carrick condicionó al tulipán de acero y tomó la determinación de retrasar a Wayne y ubicar a Falcao en punta. La duda radicaba en cómo fluiría el United con la tenencia, pues sin Carrick y sin Blind se antojaba más complicada la gestión del esférico. ¿Llegaría la bola limpia a Radamel? Habría que verlo, porque el Chelsea tampoco iba a permitir que eso sucediera con facilidad. Mourinho envió a Zouma junto a Matic para cerrar todo lo que pasara por esa zona. Hazard, Cesc y Oscar ocuparon la mediapunta. Atrás estaban Ivanovic, Cahill, Terry y Azpilicueta. Todo un muro. Arriba esperaba Didier Drogba.

El Tigre apoyó mucho de espaldas

En dicho escenario, el Chelsea permitía a los centrales del United -McNair y Smalling- iniciar la jugada y tapaba a los receptores. Cuando Ander Herrera o Rooney lograban recibir, pasaban cosas. Shaw, a diferencia de Blind, aporta más profundidad que control, y eso fue una vía de salida para los rojos en todo el partido. Falcao, muy arriba, debía retrasar su posición para contactar con la pelota. Así tiró muchos apoyos de espaldas que dejaban la pelota limpia para el 10 red. Sin embargo, muchas veces priorizar esa acción lo dejaba lejos de la zona de remate. Así fue todo el primer período, y así Falcao perdió un balón que terminó en el gol de Hazard.

Para la segunda parte, el guión fue prácticamente el mismo hasta el 60’, cuando el partido se rompió un poco y el ritmo aumentó. Falcao entonces sí encontró posición de remate. Con algo de espacio, todo lo que puede hacer el Tigre es excepcional. Véase el desmarque de medio metro que lanzó, y segundos después le coló un postazo a la defensa blue.

Se debe apuntar que la incidencia que tiene Falcao sobre el juego de su equipo no es ni siquiera considerable para todo lo que él ha demostrado. El 9 es un delantero capaz de condicionar al máximo el juego de sus conjuntos con resultados notables. Aún así, Van Gaal decidió tomar otro rumbo, en el que él no suma tanto. Por eso ayer, en ocasiones, se le veía tan solo, y con poca presencia. El futuro de Radamel es una incógnita que se resolverá en dos meses. Mientras tanto, deberá apañárselas con que no es fundamental para el devenir del proyecto en el que se encuentra.

Ser Izquierdo en Europa

Hace nada José Izquierdo era el mejor futbolista de la liga colombiana. Por lo menos era el más determinante. Su fútbol se basaba en un regate portentoso que empezaba en zonas de base de la jugada y que termina en la frontal donde sacaba a relucir su otra gran arma: su gran golpeo con pierna derecha. En Bélgica ya ha demostrado algo de eso, pero su fútbol todavía no ha logrado adaptarse al viejo continente. Esa falta de aclimatación le costó a su equipo oportunidades de triunfo ayer ante el Dnipro y es que si Izquierdo hubiera logrado ser él mismo, su equipo hubiera sumado ventajas que lo hubiera acercado a la victoria.

Izquierdo no ha terminado de acomodarse a Europa

Pero, ¿qué es ser José Izquierdo en el fútbol europeo? Es muy difícil que Izquierdo pueda repetir en Brujas su jugada favorita: recibir el balón de espaldas en zona del lateral zurdo, esperar a que lo presionen, girarse y eliminar rivales con su giro para luego conducir a zona de definición para golear o asistir. Esa jugada era posible gracias a contexto del fútbol colombiano, con sistema defensivos poco pulidos y toneladas de espacios. Izquierdo tenía tiempo para pensar y ahí su físico y su técnica marcaban diferencias. En Europa el escenario es distinto. No sólo los sistemas defensivos a los que se enfrentan están más preparados para detener a jugadores como él, sino que su físico y su técnica no son una ventaja abismal. Sin tiempo para pensar, Izquierdo duda en su trayectoria y no tiene el respaldo que sí tenía en Colombia para eliminar a todos los rivales. Las dudas de Izquierdo lo llevan a perder el control del balón, a equivocar la trayectoria, a dar tiempo al sistema defensivo a recomponerse. Si Izquierdo no dudara, si pudiera ser agresivo desde su primer contacto con balón y ser mucho más continuo en sus desmarques, su fútbol daría a su equipo ventajas que hoy no tiene. De lograr ese cambio de chip depende el éxito de su aventura en el fútbol de élite. Tiene tiempo.