Calambres de paso

Colombia jugó acalambrada contra Perú en su primer partido rumbo a Rusia 2018. Y ganó. Triunfó con los dientes apretados y el ceño fruncido. Además, lo logró contra un equipo que se desempeñó al máximo de sus posibilidades durante un buen tramo del encuentro. Eso sin James Rodríguez, ni Macnelly Torres, ni Gustavo Cuéllar. El problema es que ahí residió la dolorosa contracción muscular del fútbol del equipo. La tricolor no convenció a base de juego… otra vez.

Pékerman dibujó el mismo 4-3-3 de hace unas semanas en New Jersey, sólo que ahora no contaba ni con el mediapunta/extremo izquierdo (James), ni con el interior zurdo (Macnelly), ni con el derecho (Cuéllar). Así, los reemplazos fueron Cardona, Guarín y Cuadrado. Los dos primeros se colocaron por delante de Carlos Sánchez, y el hombre de la Juve ocupó el extremo derecho, lo cual desplazó a Teófilo a la banda contraria.

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La diferencia de las piezas se notó en seguida

La principal consecuencia de estas modificaciones fue que los mediocampistas de Colombia, por pura diferencia de calidad individual, trastocaron para mal la idea del sistema, ya que pasaron a ocupar una sola altura, a diferencia de hace tres semanas, cuando ocuparon cuatro: Sánchez por delante de los centrales, Cuéllar un escalón adelante, Macnelly hacia la izquierda en diagonal, y James esperando entre líneas. Ayer, Guarín se pegó a Sánchez, Cardona se ofreció poco tanto abajo como entre líneas, pero sí mucho más cerca de la cal, donde puede jugar de cara, y Cuadrado buscó recepciones que no supo volver productivas entre los férreos volantes peruanos. Ante este averío en salida de balón respecto al partido anterior, Teófilo, simplemente, quedaba muy lejos de la jugada, cuando era el único capaz de dar un pase que desorganizara al rival.

Aún así, el equipo cafetero tenía el control del envite, ya que los de Gareca se mostraban muy pasivos en la presión, tal vez por ahorrar energías en un estadio tan difícil como el Metropolitano. Lo cierto es que esta actitud de los peruanos permitió al combinado nacional asociarse sin miedo a sufrir una pérdida comprometedora. Pékerman pedía cambios de orientación para mover a los visitantes, y tenía todo el sentido, ya que al no haber líneas de pase claras por dentro, la opción restante era enviarla todo el tiempo de Cuadrado-Guarín-Arias hacia Teo-Cardona-Fabra y viceversa para buscar espacio. Y justo así llegaron varios disparos de media distancia de Guarín y Cardona que lograron inquietar un poco a Gállese. Pero poco más.

El gol de Teo modificó el rumbo del encuentro

Luego del 1-0 (quinceavo gol para Teo Gutiérrez con Colombia, los mismos que marcó Aristizábal), los visitantes cambiaron el chip, adelantaron su posición, y empezaron a morder el (mal) inicio de la jugada cafetera. El primer afectado fue Guarín, quien al verse incómodo y sin margen de maniobra dada su poca capacidad para optimizar una salida de pelota, se entregó al desorden de sus instintos. El hombre del Inter ha demostrado ser una pieza diferencial cuando se le otorgan funciones de box-to-box, con la espalda cubierta, libertad para presionar, ir a los lados, y disparar desde donde quiera. Pero pedirle que gestione desde atrás es condenarlo.

Desde que Perú se mostró más agresivo y Guarín se supo arrollado, el reparto de espacios en la derecha pasó de ser complicado a caótico. Cuadrado no descifró el problema, y naufragó de nuevo en esa posición híbrida entre el extremo y la mediapunta que tan mal le sienta en la Selección. Entre medias, Paolo Guerrero rozó el empate con un disparo desde la frontal que el poste le negó. En vista de todo esto, Pékerman decidió simplificar las acciones del partido, y sacó a Guarín por Mejía, para tener piernas frescas en el centro y cuidar el –corto- resultado.

El cambio no mejoró a Colombia. No le otorgó control del espacio, ni de la pelota. Lo que pasaba seguía siendo voluntad de Perú. Y para contrarrestar la ofensiva visitante emergieron Zapata y Murillo, notables en lo individual y como pareja, ayudados por un Carlos Sánchez incansable, y un Frank Fabra absolutamente distinto al de New Jersey. La participación de Mejía, en palabras de La Roca, ayudó a amainar la ofensiva peruana.

En esa tónica transcurrió el encuentro hasta los minutos finales, con una que otra transición errática de Colombia hacia la portería rival. Por el camino entró Falcao y dejó, de nuevo, buenos movimientos y toques importantes que hacen pensar que sólo necesita continuidad y una dinámica favorable de equipo.

Ya con el tiempo reglamentario cumplido, y con Perú volcada al ataque buscando las tablas, la pelota le quedó a Cuadrado, regateó a uno, condujo, y la pasó a Cardona, quien ya se quejaba de dolor hace varios minutos, pero no chistó en controlarla perfecto con la izquierda y picarla con el borde externo de la bota derecha. El 11 y el 8 decidieron como saben: con espacio y vértigo. 2-0, final, 3 puntos y a Uruguay.

No hay visos cercanos de evolución

El martes tampoco jugará James, y la presencia de Macnelly es dudosa por dos factores: el primero es que no tiene rodaje hace semanas, y el segundo, que un ambiente tan complicado en lo físico y en lo mental como Montevideo, Pékerman no ha demostrado apostar todas sus fichas a una idea de la que ni siquiera se muestra convencido a día de hoy. En unos meses, tal vez. Pero por ahora, Colombia se parecerá más a lo de ayer. Podrá ganar, por supuesto. Eso es lo excepcional de este grupo. Pero de ahí a evolucionar… queda tiempo. Dentro de poco, José Néstor volverá a pedir paciencia.

El león constrictor

El Junior de Barranquilla saltó al césped del Campín con Guillermo Celis, Jarlan Barrera, Vladimir Hernández, y Gustavo Cuéllar como comandante, y se marchó goleado, y con sólo dos tiros a la puerta de Santa Fe. Por cómo se han venido desarrollando las cosas este semestre, lo que pasó anoche en Bogotá suena excepcional. Y en cierta medida, lo fue. Santa Fe, sin Ómar Pérez por 75 minutos, dominó al equipo que mejor ha jugado durante el torneo en Colombia.

Gerardo Pelusso amarró todo desde el planteamiento. El técnico uruguayo decidió ajustar con un 4-4-2 dúctil que dificultara las circulación a Junior. El eje central sería el pasillo clave, pues por ahí construye su superioridad el onceno de Alexis Mendoza, así que la primera tarea era taponar esa zona. Los encargados fueron Quiñones y Borja arriba, Soto y Gordillo en el medio, y Meza y Mina atrás. La línea de volantes la completaron Seijas por izquierda y Roa por derecha, y la defensa Cummings y Anchico. Bajo palos se situó Róbinson Zapata.

La escuadra de la Arenosa, por su parte, alineó al completo con Viera en portería -tremendo partido-; Jossymar y Domínguez como laterales; Bareiro y Tesillo en el centro de la zaga; Cuéllar y Celis en el doble pivote; Vladimir, Jarlan y Aguirre por delante, y Toloza en punta.  El 4-2-3-1 de siempre, pero sin Ovelar, Pérez y Murillo.

Santa Fe vs Junior - Football tactics and formations

Cuéllar fue vigilado y sus receptores, taponados

La atención sobre Cuéllar fue lo primero que se notó recién empezó el partido. Si no eran Quiñones o Borja, eran Gordillo o Soto, según la altura de una presión siempre acertada, dicho sea de paso. Gustavo no tenía la facilidad para maniobrar de otros días, lo cual empañó la calidad de la jugada de Junior desde un principio. Esto hizo que el 8 tiburón buscara más espacio cerca de sus centrales, y ahí llegó el atasco.

Con el pelirrojo abajo, y con las recepciones de los mediapuntas junioristas vigiladas de manera celosa por los volantes locales, las posibilidades restantes de envío eran Celis y los laterales. El problema es que estos últimos, apenas recibían, eran presionados y llevados al error. Y aparecía entonces el contragolpe santafereño.

Quiñones destrozó a Jossymar

La transición de Santa Fe comenzaba en campo visitante, lo cual facilitó sus ataques y desmoronó poco a poco a Junior. A medida que avanzaba el encuentro, Viera sumaba más y más atajadas importantes, mientras que su equipo no lograba hilvanar una jugada positiva. El electrónico señalaba empate hasta que Borja, luego de una recuperación adelantada, activó con un pase cruzado una diagonal de Quiñones, quien dejó regado a un Jossymar muy inferior a la situación, y a Domínguez, para luego centrar y que Meza marcase a placer. 1-0.

El 2-0 llegó tras el descanso de la misma forma. Quiñones rompió a Bareiro, centró, y Domínguez la mandó al fondo de su propio arco. A partir de ese punto, con un Junior venido a menos por el duro golpe psicológico del autogol y la certeza de ser inferior en los detalles definitivos, Santa Fe se exhibió. Y no sólo en defensa, sino con la pelota en los pies. Para ello entró a la cancha Darío Rodríguez, en reemplazo de Almir Soto, lo cual desplazó a Seijas al círculo central.

El último tramo del encuentro se caracterizó por la impotencia de Junior y la prolijidad de Santa Fe, vitoreado por su hinchada a punta de Oles, canciones y aplausos. Ómar Pérez jugó escasos quince minutos al final, y dejó esos toques suyos parsimoniosos y repletos de maravilla. Ahora que volvió, habrá que ver cómo encaja de nuevo en un equipo que le necesita por su misma condición de ídolo absoluto, pero que ha logrado sobrevivir sin él y superar escollos complicados. El porvenir cardenal suscita mucha curiosidad. Junior, mientras tanto, se va con otro aviso de que queda mucho por trabajar.

Su cuerpo le obedece

El centro del campo de Millonarios está conformado por futbolistas cuya virtud principal no es, ni mucho menos, el regate. La generación de ventajas en un uno contra uno no es algo que se pueda esperar de Robayo, Vargas, Insúa o Silva –aunque de éste un poco más que de los otros–. La sorpresa está por otra parte… cerca a la raya lateral zurda, donde habita Déiver Machado.

El chocoano es un lateral imaginativo. Por su mente pasan cosas que siempre van a beneficiar a su equipo en fase ofensiva. “Se la paso a Robayo, pico al espacio, la recibo de nuevo, regateo al defensa y toco de nuevo hacia dentro con ventaja”. Esa secuencia, tan común en el papel, está al alcance de pocos defensas en la práctica. Y Déiver la logra. Una y otra vez. Ésa y otras más, porque su cuerpo y sus piernas obedecen a su cerebro, y su cerebro dicta buenas decisiones. El conjunto embajador tiene ahí una firme ventaja. Que la disfrute.

Alternativas centrales

Millonarios reincorpora a Elkin Blanco y a Harrison Otálvaro para este segundo semestre de 2015. Ambos fueron figuras importantes en el último título conseguido por el equipo embajador hace ya tres años, con Hernán Torres al mando en el banquillo. Ricardo Lunari, quien hoy da las instrucciones, no se ha topado con ninguno de los dos durante su estancia en Bogotá como técnico hasta ahora.

Ambos futbolistas juegan por dentro

Que estos dos se adapten a la realidad del conjunto albiazul en el plano futbolístico, a priori, no parece un problema. Aunque los roles que tendrán si se antojan distintos, tanto en relevancia como en funciones. Uno es mediapunta, y el otro, mediocentro. Ambos, en el 4-3-1-2 de Lunari, salvo sorpresa, ocuparán el eje vertical.

El mediocentro titular, hoy por hoy, es Fabián Vargas, con una tarea más creativa y enfocada a la dirección desde atrás que de romper el juego del contrario, donde Elkin Blanco expone sus facultades como futbolista. Si Lunari coloca a Elkin como primer hombre por delante de la defensa, no le pedirá lo mismo a él que a Vargas. Está claro. Por lo tanto, lo previsible es que el chocoano no comience el curso como titular, y sus posibilidades de ganarse el sello de ‘indiscutible’ dependen del plan que trace el jefe.

Sobre Otálvaro, quien llega luego de un semestre regular-pobre en Nacional, se puede decir que tiene la entrada al once más sencilla que Blanco. ¿Por qué? Porque las prestaciones de la posición sí encajan con su perfil a día de hoy, y porque Federico Insúa, titular en detrimento de Máyer Candelo por cuestiones de capacidad para el desgaste, no es especialmente creativo siendo mediapunta. Otálvaro lo es mucho más, y garantiza poder jugar sin perder el oxígeno el mismo tiempo que el Pocho.

Millonarios gana fondo de armario

El hecho es que Lunari adquiere dos piezas más que aceptables para esta parte complementaria del año, las cuales servirán, por lo menos, para rotar sin perder mucha calidad y competitividad. A partir de ahí, que sumen más de lo esperado está en ellos y la hoja de ruta del técnico. Veremos.

El escapista

La única constante positiva de la Selección Argentina esta Copa América, además de Messi, ha sido casualmente el rendimiento del único socio del 10: Javier Pastore. El hombre del PSG no contó para Sabella a lo largo de todo su proyecto. Por lo tanto, de buenas a primeras se vio beneficiado con el cambio de entrenador, ya que Martino traía consigo la idea de cambiar el juego de la subcampeona del mundo. Y Javier sería capital en ello.

Pastore ha ocupado la posición de mediapunta en el 4-2-3-1 argentino. Su adaptación fue inmediata, y su desempeño ha sido lo único ligero en medio de la espesura de la posesión de su conjunto. El ex-Huracán recorre todo el eje horizontal para tocar la pelota. Y siempre intenta darle ayudas asociativas a Messi. El flaco, dentro del esquema, es imprescindible. Lo mejor es que también demostró su valía al correr con pies ligeros, contra Paraguay hace unos días. Hoy, en la Final, contra Chile, en Santiago, Argentina competirá por un título que anhela. Ha sido demasiado tiempo sin tocar metal para un país tan devoto al balompié, y Pastore seguro será importante. Se lo ha ganado.

Mejor con pies ligeros

El agotamiento visual que provocaba ver a esta Argentina de la Copa América era tremendo. El Tata Martino había arrojado al campo una jaula con todos sus jugadores encerrados, y solo Pastore, el Flaco, podía colarse entre los barrotes. Los demás estaban limitados a ver qué sucedía en medio del hacinamiento. Sin poder gozar de espacio, los futbolistas albicelestes se movían intentando agitar algo mientras el reloj contaba los minutos. Por esa razón, el equipo no había disfrutado ni un minuto de los 360 que había jugado… hasta anoche, durante el segundo tiempo contra Paraguay.

A todos les cambió el semblante cuando vieron que por fin un rival estaba dejando algo de espacio para poder aprovechar. No habría más gestos de frustración. El panorama estuvo más claro, todos se lavaron la cara, esbozaron una sonrisa, y salieron a correr. Tal y como un reo sin grilletes, por fin libre, Argentina galopó hacia la portería de Villar. Y cayó un saco de goles. El combinado nacional que maravilló al mundo entre principios de 2012 y finales de 2013 con su arsenal ofensivo desatado volvió a hacer tal cosa ayer durante un rato. Y cómo no, si Messi volvió a sonreír.

Messi entre dudas

Llionel Messi está pletórico. Hay que partir de ese hecho -porque no es una suposición, es un hecho- para abordar todo lo que tenga que ver con los equipos en los que él milita. El 10 del Barcelona y de Argentina llega en un estado de forma excepcional a afrontar los cuartos de final de una Copa América que está obligado a ganar. Más aún después del precedente del Mundial, y de haber conseguido el segundo Triplete de su carrera siendo la estrella absoluta en su club. El nivel de presión es tremendo. Y, sin embargo, su equipo, el dirigido por Gerardo Martino, ha sido más de sombras que de luces en esta competición.

Messi en la derecha de Argentina no encuentra lo mismo que en la derecha del Barcelona

Señalar por esto último a Messi no tendría sentido alguno. Todo jugador de este deporte está atado al amplio contexto de sus equipos. Y Lionel, que esta temporada ya demostró ser un universo incontenible de fútbol a poco que le ayuden, no encuentra situaciones para brindar calidad y superioridad a la albiceleste de forma constante. El Tata Martino ha trabajado con el 10 en banda derecha, al igual que Luis Enrique en España, pero los entornos y los resultados son sustancialmente distintos en clave Messi, y ello se reflejado en el juego de su bando.

En el Camp Nou, desde enero, la hoja de ruta ha tenido siempre como constante, primero, que Messi tenga una opción de pase fija en la izquierda, y segundo, que encuentre libertad para irse a zonas interiores desde su posición de extremo sin que el equipo pierda amplitud por derecha. De la izquierda se encargaban Alba o Neymar, y de la derecha, Suárez, Rakitic o Alves. Pasa entonces que en Argentina, por lo general, Zabaleta no se está proyectando en ataque, y el interior del flanco de Messi -Biglia- nunca ha sido de coquetear con la línea de cal. Además, Di María, el teórico extremo izquierdo, no se queda estirando en su banda para esperar el pase enroscado de Messi, y Rojo, el lateral izquierdo, cuando recibe arriba, no tiene capacidad técnica para hacer productiva su ventaja posicional.

Argentina, teniendo en cuenta todo lo anterior, es un equipo de marcada vocación ofensiva a través del manejo de la pelota, pero sin las facultades para hacer efectiva su arma más letal: nada menos que el mejor futbolista del mundo. Y los demás jugadores del grupo albiceleste, ubicados en un sistema específico, tampoco se prodigan tocando la pelota con tanto acierto y sentido como para desorganizar al contrario de manera constante. De ahí que sus arranques de partido en esta Copa siempre hayan parecido apabullantes: porque con aire y resto físico ejecutar es más fácil. Luego, cuando falta oxígeno y las piernas dejan de responder, Argentina se queda en poco. Messi puede producir muchas cosas al mismo tiempo por sí solo incluso con todas las trabas expuestas antes durante la primera media hora. Después, cuando necesita un cable de sus compañeros, encuentra un panorama desalentador.

Colombia deberá sobrevivir la primera media hora

Colombia, aún al borde del colapso, y mermada por la baja de su doble pivote al completo, tendrá opciones si sobrevive a los 30 minutos iniciales de Messi, Pastore y Agüero, y si logra superar a Mascherano corriendo hacia Romero. Los encargados de llevar a buen término la hazaña serán Ospina, Murillo, Mejía, James y Teófilo. Complicado, sí, pero no imposible. Las dudas no las tiene sólo el conjunto de Pékerman. Messi y compañía tampoco gozan de muchas certezas.

Un gran anfitrión

Si tomáramos en sentido literal eso de que la Copa América es en realidad una fiesta tremenda que está organizando Chile, podríamos decir, con toda facilidad, que la Roja hasta este punto del evento ha tratado muy bien a sus invitados, que seríamos todos. Porque esta Selección divierte. Complicado es aburrirse viendo cómo Alexis, Vidal, Aránguiz Díaz, Vargas y cía merodean por todo el césped con una armonía pasmosa mientras se pasan el balón.

Jorge Sampaoli ha intentado reforzar las virtudes de los suyos y tapar los defectos. Chile no sale en largo con un envío de Bravo porque no hay quien garantice bajarla. En cambio, Medel y Díaz, central y mediocentro respectivamente, acumulan más de 90% de acierto en sus pases durante los partidos. Chile no va al choque porque les da más renta entregarse la pelota a ras de hierba y ganar segundas jugadas cuando su rival está empotrado contra su propia portería. Para lograrlo, la afinación de la dinámica sin la pelota resulta fundamental. Y el mecanismo está engrasado al 100%. Chile promete. Luego es probable que no se lleve el premio mayor de la fiesta que planeó, pero el show ha sido magnífico. Gracias.

Una reminiscencia

Diego Godín y Josema Giménez se atrincheran en uno de los dos rectángulos más pequeños de un campo de césped para despejar con cualquier parte de su humanidad algo que represente una amenaza, ya sea una una pelota, una pierna, una cabeza, o incluso un cuerpo entero. Del otro lado, Javier Mascherano otea el panorama desde una posición lejana, consciente de la dificultad del escollo. Unos metros más adelante, Leo Messi, taciturno, y por lo tanto no-omnipotente, busca la oportunidad de derribar, como sea, la resistencia de esos hombres abstraídos por la fe que tienen en sí mismos. La intensidad sube a la par de la temperatura, la tensión se dispara, y el conflicto se cierne sobre el lugar. En algún lado hemos visto esa escena, y no una vez, sino varias. No sólo en La Serena, Chile. Tal vez en otro lugar distante… como España.

Si hay múltiples paralelismos que juntan a la Uruguay del maestro Tabárez con el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone, lo de ayer se asemejó mucho a los duelos que mantenía el equipo colchonero con el FC Barcelona del Tata Martino, quien ayer no duró más de media hora a pie de campo. El resultado, que en dichos enfrentamientos favorecía casi siempre a los rojiblancos, no cayó del lado uruguayo porque hizo falta un gran rematador para la faena -Suárez-, y porque la albiceleste, con el 10 en un estado infinitamente mejor al de aquellos días de 2014, y con un poco más de convicción, supo sobrevivir a las oleadas de pundonor de su rival. La gran favorita de esta Copa aún debe convencer, y su eterno contendor, como siempre, camina sin que nadie quiera encontrarlo por el camino.