Bogotá en pie



 Dos equipos trabajados. Santa Fe con más fuelle por una simple cuestión de tiempo de trabajo, pero un Millonarios contestón promete dar batalla. Van a ser protagonistas del torneo sin duda, y competirán por él, pues parecen hechos el uno para el otro, tienen lo que al otro le hace daño y saben ejecutarlo. Habrá Clásicos. Y muy, muy buenos.

El Torneo de pretemporada que recién termina sirvió de confirmación para ciertas cosas que habíamos dejado diluir en lo espeso que resultó el segundo semestre de 2018 para los equipos de la capital.

Daniel Muñoz, un lateral diferente

Los laterales, no es ningún secreto, son motores ofensivos de una importancia incuestionable en el fútbol contemporáneo. Síntoma de todo esto es que estamos viviendo una época en la que a los laterales se les pide más peso creativo, más implicación en el juego y más calidad individual que nunca. Pero esto va más allá de haberle dado por completo la vuelta a aquello de que “los laterales primero deben defender y luego atacar”.

Puro pragmatismo para Zambrano

Raro es, en la actualidad del fútbol, el entrenador que no le pide a su hombre más adelantado que deje de serlo en según qué momentos del juego, alejándose así de su teórico hábitat. Sean falsos o reales, estén más o menos dotados técnicamente, los centrodelanteros de hoy en día han ampliado su radio de acción más allá del área grande, han incrementado su participación y han diversificado el sentido de sus intervenciones.

El DIM del goce

Uno de los dos encuentros disputados ayer por los cuartos de final de la Liga entre Independiente Medellín y Atlético Bucaramanga estuvo marcado por la fragilidad defensiva del equipo de Flabio Torres. En lo individual, ninguno de sus zagueros alcanzó el nivel mínimo requerido para un partido de estas instancias, mientras que en lo colectivo formaron una caótica línea del fuera de juego que facilitó las cosas sobremanera a su rival.

Como tiburón en el agua

De repente nada estaba en su lugar. De repente la trama había desviado su curso lógico, a la manera del mejor teatro del absurdo, y Julio Comesaña, que anhela la Copa Sudamericana como ninguno, fue el dramaturgo estelar. La antilógica del uruguayo imperó en El Campín: Santa Fe fue preso de una presión alta y Atlético Junior impuso el ritmo en la altura bogotana como pocas veces se ha atrevido