Uno de los dos encuentros disputados ayer por los cuartos de final de la Liga entre Independiente Medellín y Atlético Bucaramanga estuvo marcado por la fragilidad defensiva del equipo de Flabio Torres. En lo individual, ninguno de sus zagueros alcanzó el nivel mínimo requerido para un partido de estas instancias, mientras que en lo colectivo formaron una caótica línea del fuera de juego que facilitó las cosas de sobremanera a su rival. Si le sumamos que el Bucaramanga siempre quiere la pelota para esconder sus deficiencias defensivas y, por ende, siempre está expuesto a recibir una contra, tenemos lo que vimos: un encuentro comodísimo para el poderoso de la montaña.

El DIM es un conjunto ordenado en tareas de contención y con bastante físico en su primera línea de mediocampistas, que sabe mover la pelota hacia donde le conviene cuando la posee, con dos laterales que ven cosas más allá en ataque y con una creatividad interesante en su línea de tres cuartos. Es decir, se trata de un buen equipo de fútbol. Pero a día de hoy, el mejor DIM desata la sensación de que está contragolpeando todo el tiempo. Tiene tal creatividad abajo con Ricaurte y tal coordinación y técnica arriba con la Triple C (Caicedo, Cano y Castrillón) que el juego fluye muy directo y vertical, a tres pases a lo mucho para pisar zona de castigo. Y con el Bucaramanga perdiendo demasiados balones a muchas alturas del campo, el local anoche lo supo aprovechar.

El tridente ofensivo del DIM tuvo un partido redondo

A todo lo anterior, Bryan Castrillón a la contra le crea problemas al más pintado. Acostado sobre derecha, Castrillón intercambió recepciones pegado a la cal con otras sobre el carril interior izquierdo –permitiéndole entrar en juego a Ricaurte con mayor libertad– a las que Marvin Vallecilla no pudo detener y Gabriel Gómez no pudo llegar, y fue dominante tanto en ese escenario de ataque posicional menos constante antes de la ventaja en el marcador, como al contragolpe, cuando el combinado auriverde abrió más sus piezas buscando igualar el choque. El canterano del Medellín se encargó de generar las mejores acciones de gol para su equipo.

Ahí afiló el cuchillo el DIM para castigar a Torres y Quiñónez. La zaga leoparda, además de estar lenta e imprecisa con el cuero como el resto del equipo, se vio especialmente superada en la toma de decisiones. La pareja de centrales del Bucaramanga reculó demasiado en la defensa de los contragolpes. Amenazados por la tremenda velocidad de su jugador franquicia, Cano, más la superioridad de Caicedo en el juego directo, Torres y Quiñónez, en soledad ante las subidas prolongadas de Perlaza y Macías y con un ‘Gavilán’ Gómez yendo a presionar a zonas no recomendadas, eludían el choque y la anticipación para poder medir las carreras lanzadas de los puntas y Castrillón. En dicho escenario, para que el Bucaramanga no cediera mucho espacio intermedio, debía defender hacia delante, pero las pérdidas de balón y la inferioridad en el marcador acrecentaron y acentuaron los problemas atrás. Y mientras no fue el día del conjunto de Torres, Zambrano sigue sumando simplicidad y eficacia en todos sus planteamientos.

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