De repente nada estaba en su lugar. De repente la trama había desviado su curso lógico, a la manera del mejor teatro del absurdo, y Julio Comesaña, que anhela la Copa Sudamericana como ninguno, fue el dramaturgo estelar. La antilógica del uruguayo imperó en El Campín: Santa Fe fue preso de una presión alta y Atlético Junior impuso el ritmo en la altura bogotana como pocas veces se ha atrevido. El triunfo mayúsculo de Comesaña, que bien le puede valer la otra mitad de la gloria, estuvo en profundizar en esas heridas de Santa Fe que todos ven, pero que pocos se atreven a explotar.

Con el trivote Cantillo-Narváez-Sánchez, Junior se animó a presionar hasta el mismísimo Carlos Henao. Y con esto los pronósticos volaron por los aires. No sólo porque estábamos viendo a un equipo del trópico desplegarse a pleno pulmón en los Andes, sino porque esa ambición de defender tan arriba sólo la había mostrado en Colombia un equipo: el Santa Fe de Sanguinetti. Hubo un giro radical en la semifinal de ida en Bogotá: ahora es el tiburón quien reclama la Copa Sudamericana.

Con su precisa comprensión de los momentos, Junior hizo valer su superioridad individual

Para robar el balón arriba, primero hubo que perderlo ahí, cerca del arco de Robinson Zapata. Y en esto Junior fue impecable. El mecanismo de James Sánchez llegando a posición de centrodelantero —una constante en la temporada— funcionó de maravilla, pues su sacrificio jugando de espalda para poner a jugar de cara a los ‘Teo’, Díaz y Barrera permitió al tiburón mover el cuero a placer. La danza posicional del Junior fluyó a partir de una técnica desenfadada y artística: hubo toque-toque a la colombiana.

Y así como Junior se reencontró con su ADN, Santa Fe extravió el suyo. Cuesta encontrar un partido más conservador y permisivo en la temporada de Guillermo Sanguinetti que el de anoche, y el resultado fue demoledor. No hubo rastros de la presión alta que tan bien le viene a los cardenales; por el contrario, jugaron decididos a resistir (sufrir) en su propia área. Seguramente Sanguinetti pensó restarle espacio al tridente Díaz-Teófilo-Barrera, pero lo cierto es que su bloque bajo multiplicó la toma de decisiones en su zaga central, la zona menos interpretativa del equipo. Defensivamente, Santa Fe dejó una noche para el olvido, pero no sería riguroso decir que esto se tradujo en muchas ocasiones de gol para el Junior. El tiburón fue brillantemente eficaz, lo cual es una noticia todavía mejor para Comesaña.

Para Santa Fe, en cambio, el partido le dejó suficientes dudas. Con un escenario de remontada por delante en Barranquilla ya dio indicios alarmantes. Que Diego Guastavino sea su futbolista más cerebral y la figura sobre la que apoyarse en situaciones de adversidad es muy diciente. El uruguayo tiene vicios como usar mal su borde interno (gravísimo) o buscar al compañero más vigilado. Ante la escasez de ideas, la cuestión es si Santa Fe podrá competir en el Metropolitano. Y competir ante el Julio Comesaña que mejor ha demostrado conocer un torneo internacional.

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