Aquella lejana noche del 9 de diciembre de 2015, cuando el frío cielo bogotano se tiñó de rojo como nunca, parecía convertirse en un recuerdo borroso. Las idas y vueltas a ritmo frenético de un deporte que tiene más altibajos que una montaña rusa la empezaron a desaparecer.

Después de estar en lo más alto, a Santa Fe le empezaron a llegar los golpes de un destino que, tantas veces mezquino, le tenía preparados. Ese épico campeón empezó a tambalear: llegaron los problemas y las dudas. Pero, sin embargo, el campeón continental no se caía. Con la garra —siempre presente— sobrevivió a los embates sin fin. Aún así, el mayor de los golpes estaba por llegar. El 17 de diciembre, también en una fría noche en la capital, el león caía de una vez por todas al abismo.

Parecía el fin del mundo. Pero lo cierto es que Santa Fe, y sobretodo su gente, eran los únicos capaces de recomponerse, pararse y luchar de nuevo. Haciendo de tripas corazón como tantas veces en su historia, y empujado por su gente, el mismo león que meses atrás estaba postrado en la pena se levantó. Con orgullo se antepuso a dificultades que lo habían acompañado toda la vida, pero que esta vez venían acompañadas de nefastos presagios que temían que se repitiera aquella fatídica noche decembrina.

Porque si en algo Santa Fe ha encontrado su gran aliento ha sido en la adversidad. Y en las noches de Sudamericana. En ellas el león ha encontrado su hábitat más natural. Ellas son la pulsación de su corazón de león. Se acostumbró a jugar estos partidos, a pelearlos, a lucharlos, pero sobretodo, a ganarlos. Muchos cometieron el error de subestimar el corazón de un campeón. Y luego de un semestre que arrancó lleno de dudas, el león se encuentra ad portas de una nueva final continental.

El Independiente Santa Fe de Guillermo Sanguinetti, envuelto en una ferocidad revitalizada, hoy está ante una nueva oportunidad de recobrar su linaje continental. Rindiendo honor a su nombre, su fe inquebrantable está puesta en que la Copa Sudamericana nuevamente atienda al latir del corazón de león.

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