El Junior de Barranquilla se encontró desnudo e indefenso frente a un Defensa y Justicia que lo superó en ritmo de juego y en intensidad defensiva. Desbordado, Julio Comesaña cambió su idea inicial de presión en campo contrario, idea que había asumido con la esperanza de encontrar un gol que definiera la eliminatoria de manera prematura, y replegó en un segundo tiempo en el que, con más de lo mismo, su deficiente ocupación de espacios hizo agua ante un equipo tácticamente muy superior.

Junior deberá solucionar defectos estructurales si quiere sobrevivir a la presión del Santa Fe de Sanguinetti

En jaque, el tiburón echó de menos mecanismos para salir del ahogo. El mero hecho de juntar jugadores técnicos para solucionar problemas con el balón es obsoleto y resultó insuficiente. La modernidad, con su carácter imperial e invasor, inundó ayer a Junior con un fútbol que parecía venido de otra dimensión, y para el que no tuvo casi respuestas desde el banco, salvo la entrada de Yony González, tal vez la mejor decisión de Comesaña en una noche en la que gracias a Víctor Cantillo, que cargó al equipo en su espalda durante los más de noventa minutos, a base de pequeños regates, maestría en el manejo de los tiempos y conducciones filosas, tendremos un finalista colombiano en la Copa Sudamericana.

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