Sebastián Beccacece visitaba Barranquilla con una de las propuestas —sin importar la calidad en líneas generales— que más agrada en estos momentos en Sudamérica desde el pase y la organización colectiva en torno a la pelota. Y el choque que les citó anoche en el Metropolitano dejó muchas cosas para analizar. El conjunto rojiblanco adaptó su versión del día a día, más controladora y propositiva, ante la ausencia de un peso pesado como lo es Jarlan Barrera. Por las cualidades y singularidades de Daniel Moreno, reemplazo del centrocampista samario en el equipo titular, no se replicó por banda derecha la misma cantidad de balón y los mismos movimientos que suelen originarse cuando coinciden Piedrahita y Barrera.

Desde otro registro, Junior se tuvo que moldear a la nueva pieza del sistema. Es cierto que tardó en hacerlo, pues en la primera media hora su ataque se fundamentó en un 4-3-3 con los extremos pinchados y recibiendo en estático, con los interiores a la misma altura y los laterales siempre abiertos y por detrás. Daniel Moreno y Sebastián Hernández —en su noche más gris desde lo técnico— con pérdidas en zonas comprometidas, permitieron al equipo argentino transitar fácil hacia el ataque, e incluso juntar pases con excesiva comodidad.

El ajuste de Comesaña surtió efecto y mejoró al Junior

Sólo un ajuste de Comesaña pudo detener la sangría. Esa modificación fue mezclar las recepciones de los extremos, Moreno y Díaz, no todas al pie sino unas cuantas al espacio desocupado. Esta maniobra, como primera solución, dotó al Junior de profundidad exterior y le permitió a Teófilo Gutiérrez gestionar el carril central a su antojo. La segunda solución, y no menos relevante, fue asignarle a Marlon Piedrahita una función más compleja, ya fuera para acelerar el ritmo de la circulación o intentar el cambio de orientación, demostrando que es uno de los laterales colombianos más capaces para tomar decisiones con el balón.

Especialmente trascendente fue lo de Luis Díaz, que dejó 90 minutos de menos a más de auténtica cátedra para sacudir ataques y poner en ventaja a todos los que vieran en él una opción de descarga a la altura que desearan. Enormemente inspirado en la totalidad de sus intervenciones, como es habitual cuando incrementa su participación, Díaz giró el encuentro hacia los intereses de Comesaña. En el arranque empezó bien Defensa y Justicia, con Leonel Miranda alternando la recepción interior y la combinación exterior, muy dañina a espaldas de Pico y Hernández por dentro en transición. Sin embargo, el extremo guajiro voló por el campo, inventándose otro partido; hizo subir la posición de Cantillo, Moreno y Piedrahita y metió a los de Beccacece no sobre su campo, sino sobre su área.

Marlon Piedrahita y Luis Díaz, los nombres propios que dejó el juego en el Metropolitano

A su lado, como mencionamos anteriormente, debe destacarse lo de Marlon Piedrahita, que puso muy difícil el enfrentamiento a Rafael Delgado. En realidad, con lateral y extremo en un día común y corriente, lo de la dupla juniorista no está teniendo un antídoto claro. Ambos, desde carriles opuestos, se entienden a la perfección para perforar desde distintas formas y con un trasfondo diferente, y juegan sus mejores manos para comprometer cada decisión defensiva de sus pares. Es muy difícil completar actuaciones defensivas de mérito ante Marlon y Luis, porque con sus movimientos y su lectura de lo que traza su compañero completan el apoyo, la ruptura y la expansión que le permite al Junior elegir y verticalizar. Del minuto 30 al 90, los tiburones gozaron de franca superioridad. El rédito fue un 2-0 para la vuelta en Argentina.

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