Sus primeros partidos del semestre como juniorista fueron realmente fascinantes, pero de repente, sin mediar palabra, se apagó. Llegado a esta altura de campaña, un momento propicio para ofrecer lo mejor de su fútbol en un club como el Junior que continúa vivo en dos frentes, Luis Díaz parecía estar destinado a interpretar el papel de esa figura diferente, especial, que no existe en la plantilla rojiblanca y que tan bien desempeñó para valerle su debut con la absoluta. Lo haría a su manera, porque el guajiro es el futbolista más capacitado para generar acciones de desequilibrio en el fútbol colombiano. Es gambeta pura.

Luis Díaz es una especie de mediapunta en banda que aparece por varios lados en búsqueda constante del rompimiento de caderas. El uno contra uno o uno contra dos ofensivo definen prácticamente la totalidad de su juego a día de hoy. Amparándose en un tren inferior típico sudamericano, su arrancada en seco es impactante, con unos diez metros iniciales que dejan la sensación de estar ante una amenaza permanente y que recuerdan a los del Dayro Moreno extremo.

El Junior ha reducido el margen de acción de Díaz a una jugada muy concreta: su llegada al segundo palo

Y aunque Díaz ha crecido a nivel de conexión con el juego y su lectura de la situación ha mejorado, tanto su contribución como participación actual es muy inferior a la de hace un par de meses. Con Jarlan Barrera asumiendo un porcentaje de balón cada vez más alto y Teófilo Gutiérrez gestionando el cuero como un centrocampista más siendo el referente ofensivo, la función de Díaz es meramente fijadora. Sin asumir como en un principio –por decisión técnica– tantos retos en ataque posicional con la pelota en los pies, su peso se reduce a picar hacia dentro para conectar el envío en rosca de Jarlan y en buscar la portería con sus movimientos compensando los desmarques de apoyo de Teo.

A pesar de ello, en el partido de esta noche, donde Atlético Junior recibe a Defensa y Justicia por los cuartos de final de Copa Sudamericana, Comesaña tiene la oportunidad de darle a Díaz una inyección de moral. La baja de Barrera por sanción condiciona el ritmo y la ocupación de los espacios, por lo que el ataque tiburón sufrirá profundas variaciones. Por una parte, sin un carril asociativo marcado (con Jarlan suele ser el derecho), Díaz incrementará sus contactos y mostrará más duelos individuales allí donde nunca se siente incapaz de desbordar, lo cual es una noticia estimulante. Por la otra, es cierto que tiene recursos propios para profundizar y algo de consciencia colectiva para guardar el balón, darle continuidad y enviar el pase en óptimas condiciones, pero el éxito estará en demostrar todo lo que su equipo no encuentra cuando lo aíslan. Para Julio Comesaña, es el jugador a activar para el tramo decisivo del año.

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