Gerardo Pelusso hurgó en el baúl del los recuerdos del fútbol colombiano buscando historias para volver a contar. Para contarlas mejor. En Macnelly Torres encontró la historia de un general de guerra capaz de llevar a su tropa a la semifinal de Libertadores casi en solitario, como hizo con el Cúcuta Deportivo, y entonces quiso que hiciera algo semejante en el Deportivo Cali. Entre la generación memorable del Mundial de Brasil 2014, Pelusso encontró un hombre caído en el anonimato, un tal Carlos Carbonero que ni siquiera registraba en el libro de pases del FPC. A él también lo quiso relanzar.

A falta de medir a Torres en las noches grandes y ver la evolución de Carbonero, Pelusso ya puede presumir de su primer acierto: Darwin Andrade. El cordobés, aunque más modesto, también puede alardear de un pasado alegre. En su haber cuenta un paso prematuro por Europa que, si bien dejó un sabor amargo, le valió el llamado a la selección de José Pékerman. El rótulo de lateral promisorio, que ya se ganó a pulso en La Equidad, parece pertenecerle de nuevo.

Andrade ya no es sólo un lateral que desborda, sino un lateral que inventa cosas

Para llegar a este punto, Andrade ha estado a las duras y a las maduras. Su carrera ha sufrido todo tipo de impases, desde lesiones hasta sanciones de meses de duración. Así, el cordobés ha tenido que lidiar con la peor de las suertes para un futbolista: la falta de ritmo. Y cuando parecía que el Deportivo Cali, con Héctor Cárdenas a la cabeza, estaba dispuesto a recuperarlo, Darwin Andrade cayó nuevamente en la marginación.

Pero llegó Pelusso y, a pesar de encontrarlo nuevamente en el quirófano, apostó por él. Con el pasar de los partidos nos quedamos esperando aquel lateral zurdo que, como contó en su momento nuestro colega Irati Prat desde España, brillaba en el frente de ataque en la liga belga. Pero Andrade ya no es eso. O es más que eso.

Darwin se ha reinventado a partir del pase. Sus aportes ya no buscan desbordar todo el tiempo, sino que procuran primero juntar al equipo. Desde el lateral izquierdo aporta una técnica difícilmente al alcance de otro en su posición en la Liga Águila, haciendo gala de un rango de pases generoso y complejo. Un rango de pases con pistas incluidas. Si la tira corta es para que el receptor huya de su marca. Si la tira larga es para que el receptor emprenda una carrera victoriosa. Nuestro protagonista facilita las cosas con su criterio pasador, como puede dar fe el precario fútbol de John Edison Mosquera (qué sería de él sin Andrade).

Sí, Darwin Andrade ha vuelto a nacer.

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