El partido entre Millonarios y La Equidad en El Campín fue una nueva muestra de las paradojas en la dirección de campo de Miguel Ángel Russo esta temporada. Una vez más, los cambios del entrenador albiazul parecieron ir en detrimento con las bondades de su equipo y terminaron frustrando sus buenos pasajes. El triángulo Silva-Barreto-Salazar, mediante el cual el fútbol de Millonarios parecía ir en alza y hacer daño a La Equidad, resultó disuelto por las decisiones de su entrenador.

Con David Macalister Silva de regreso en la base de la jugada, Millonarios tuvo la desenvoltura que carece en dicha zona por la rigidez de Juan Guillermo Domínguez. Óscar Barreto, recibiendo en las zonas que más herían a La Equidad, no tardó en convertirse en una productiva línea de pase que, con la amenaza del promisorio Juan Camilo Salazar en la banda, redondeó un trío interesante y recursivo en el frente de ataque. Sin embargo, para la segunda mitad Russo desestimó dicha sociedad, redujo el número de pases con cada nombre que ingresó desde el banquillo y se entregó, nuevamente, a la pura verticalidad.

¿Cuál es la razón detrás de esto? Sir Alex Ferguson, en situaciones de repliegue del rival, apostaba por reducir el mediocampo a su mínima expresión con la esperanza de que, con su equipo partido, su oponente no renunciara a contraatacar saliendo de su encierro. En el caso de Russo, esto cobra sentido teniendo en cuenta que el escenario de repliegue rival ha traído las frustraciones que tienen sumido al equipo en la crisis de confianza actual. Sus decisiones obedecen a su renuncia a un escenario, lo cual no deja de ser paradójico luego de forjar un campeón dispuesto a competir en cualquier fase del juego.

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