Llegados a la mitad de la fase de todos contra todos, con el Once Caldas como líder y luego del partido de anoche ante Millonarios, cabe preguntarnos ¿para qué está el equipo de Hubert Bodhert? Si hablamos de lo estrictamente mental, el blanco-blanco se siente capaz de todo. Así lo demostró su talante que, pese a sufrir los que tal vez fueron sus peores minutos del semestre, supo mantenerse en firme y salir ileso de El Campín. Lo mejor: su espíritu en estado de gracia se mostró suficiente para llenar sus vacíos futbolísticos. El Caldas se está gustando en la noches grandes.

Ni siquiera sus peores minutos hicieron dudar al Once Caldas

Aquellos vacíos de juego, sin embargo, piden mesura. Si bien el equipo de Bodhert se ha hecho una máquina letal infalible, marcando en los primeros minutos de los encuentros tan puntual como reloj suizo, su trabajo del resultado favorable, al menos ayer, dejó bastantes dudas. Durante una buena media hora, el Caldas se vio ampliamente superado por Millonarios.

La razón estriba en que no se vio nada cómodo con el balón justo en los momentos en que el partido le pedía serenidad y gestión. Pese a contar esta vez con Marcelino Carreazo, un extremo más relacionado con la pelota que el lesionado Kevin Londoño, el mediocampo albo no dio con la fluidez necesaria para ordenarse con el balón y perderlo lejos de su portería.

Millonarios sigue careciendo de eficacia

Millonarios no tuvo mayores problemas para robar donde quería —en buena medida por la correcta actuación de Stiven Vega— y para generar ocasiones le bastó con un pase, lo que puso en evidencia a un Once Caldas partido. El embajador hizo de ese pase todo lo peligroso que pudo encontrando como receptor a Óscar Barreto muy arriba, con lo que su control orientado resultaba eliminando nada menos que al último defensor albo, Andrés Felipe Correa.

Once Caldas no salió de aquella inferioridad con táctica, pues en el segundo tiempo no intentó nada que no hubiera intentado antes. La situación la revirtió con entereza. Dejó atrás las dudas para insistir en lo que quiere. Mantuvo la confianza en que cualquiera puede ser su momento. En que todos son sus momentos. De eso también se tratan las noches grandes.

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