Construir un equipo después de la derrota es infinitamente más fácil que construir un equipo después de la derrota en manos del eterno rival. Para lo primero basta con responder a la pregunta ¿qué hemos hecho mal? Pero lo segundo conduce inevitablemente a una angustiosa duda mayor: ¿ahora qué somos? Porque ningún club que se sepa de tradición soporta la idea de que las páginas negras de su historia lleven la triunfante firma vecina. Porque responder al qué somos implica una nueva identidad a partir de la derrota. De esa derrota.

Guillermo Sanguinetti ha sido el elegido para mostrar el amanecer luego de aquella funesta noche azul. Tras un desafortunado mercado de fichajes, con incorporaciones que difícilmente mejoren al plantel, los primeros rayos de luz que arroja su equipo son las sensaciones que transmite su fútbol. El Santa Fe de hoy intenta cosas un tanto extrañas para el fútbol local que precipitan escenarios para los que no suelen estar preparados los equipos de la Liga Águila. A la pregunta sobre qué ser después de la derrota, Sanguinetti ha respondido sin sombra de vacilación.

La calidad en el área ya no es determinante

Si bien el juego del Santa Fe multicampeón de los últimos 6 años se sostuvo directa o indirectamente en su dinastía de centrales (Carlos Valdés, Francisco Meza, Yerry Mina y William Tesillo), la realidad en el área cardenal hoy es bien distinta. A Carlos Henao le ha costado mares reencontrarse con su mejor forma; Javier López vive preso de sus pulsaciones y la confianza de Héctor Urrego parece haberse congelado en aquella noche azul, amén del lesionado José Moya. Pero más allá de los momentos de forma de cada caso, no hablamos de una batería de centrales con la calidad y mentalidad ganadora de antaño.

Y, sin embargo, Independiente Santa Fe osa la valla menos vencida de la Liga Águila, con un sugerente promedio de 0.5 goles en contra por partido. La causa estriba en el giro de Guillermo Sanguinetti: su solidez ya no se apoya en la calidad en su área, sino en la defensa lejos de ella.

En un primer momento, el entrenador uruguayo probó mil maneras para que su equipo se defendiera con el balón en sus pies. Su elección de los once titulares, así como sus ajustes durante los encuentros, demostraron plena coherencia con su propósito; sin embargo, éste duró lo que tardó su equipo en mostrarse insuficiente en la materia. Tanto la indisciplina táctica como la escasa calidad general de Yeison Gordillo, Baldomero Perlaza, Luis Manuel Seijas y Diego Guastavino en un fútbol de posesión terminaron frustrando la apuesta de Sanguinetti.

El Santa Fe de Sanguinetti busca redefinir la presión alta en el FPC

Entonces, ¿cómo defender sin apelar a la reducida calidad en el área? Santa Fe ha propuesto una solución propia de la Copa Libertadores: presionando hasta el banderín del corner. En Colombia solemos llamar “presión alta” lo que en realidad son aventuras individuales de los delanteros haciendo sombra sobre los defensores rivales. De aquello, en el mejor de los casos, resulta un pelotazo que divida la posesión. Lejos del simple y llano fastidio sobre el rival, lo que pretende este Santa Fe es hacer verdaderamente chica la cancha y, más que forzar pelotazos, robar muy, pero muy arriba.

Para esto, el equipo de Sanguinetti ha formado automatismos reconocibles. A las arremetidas de Wilson Morelo se suman Baldomero Perlaza y Yeison Gordillo interceptando cualquier filtración a la espalda del cordobés, así como Luis Manuel Seijas y Arley Rodríguez aguardan como aves de rapiña alguna salida lateral. Expuesta con una intensidad frenética, la presión alta de Santa Fe debe resultar en la recuperación de la posesión en cuestión de segundos.

A la pregunta sobre qué ser después de la derrota, la respuesta de Guillermo Sanguinetti es ir al frente. Y sin mirar atrás.

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