El Independiente Medellín de Octavio Zambrano llega a la segunda parte del campeonato con muchas más dudas que certezas. Es cierto que David González es un aval competitivo como no hay muchos, que Jesús Murillo y Jorge Segura han dado un paso adelante en la zaga central y que Andrés Ricaurte –gracias a su técnica privilegiada– siempre termina sumando pese a intervenir tan abajo por asuntos de la pizarra, pero esto no está resultando en lo esperado luego de heredar de Ismael Rescalvo un lienzo algo más claro con relación al actual.

Porque al DIM le está costando horas de sueño resolver defensas férreas, replegadas y compactas. El partido en El Campín, la victoria ante Rionegro o aquel día en Palmaseca son muestras claras de que, al contrario que en semestres anteriores, el Medellín se ve más cómodo desde un plan más reactivo. Y esto en el día a día les está penalizando, donde la necesidad de ganar para reingresar al grupo de los ocho se antoja el principal objetivo en el corto plazo.

Zambrano necesita que sus bandas produzcan más juego y goles

El ciclo de Zambrano tiene sus rasgos característicos —que no es lo mismo a ofrecer su mejor fútbol— como la intensidad, la energía y el vértigo que le imprime el DIM a todas sus acciones. Esto, con mucho desorden de por medio, ha sido una constante. Pero si algo ha lastrado la propuesta del entrenador ecuatoriano ha sido la limitación de extremos. Ni Anchico, ni Barboza ni Blanco cumplen el perfil requerido por el sistema. No dinamizan, no solucionan problemas, no eliminan rivales y, por supuesto, no producen más que las escasas 2 asistencias que suman entre sí en 9 duelos de Liga y 2 de Copa.

Ante este contratiempo, y con la incertidumbre de lo que pueda aportar la nueva incorporación de Alejandro Barbaro, Zambrano ha puesto sus últimas esperanzas en Leo Castro como extremo, quien por una necesidad puntual de su 4-4-2, ha impedido contemplar, como acompañante de Germán Cano, una pareja 100% complementaria y que podría calar hondo. A priori, las virtudes del capitán argentino se adaptan a los defectos del atacante caucano y viceversa. Dicho esto, la caída a banda, antes una zona de visita más en los movimientos de Castro y ahora su punto de origen, ha representado una notable pérdida de reproducción en sus agresivos e inteligentes desmarques al espacio, pues él no siente recibir abierto y continuar por fuera tras hacerlo. El DIM, tácticamente, tampoco es mejor equipo con el ex Pereira ocupándose de un costado.

Cano se las ha arreglado en soledad

Todo este contexto accidentado llena de méritos la grandísima temporada de Germán Ezequiel Cano. Interpretando todos los roles ofensivos, el argentino se las ha ingeniado para firmar 8 goles por Liga y 1 por Copa en lo que llevamos de semestre. Porque con un ‘9’ como Caicedo que no le destapa el área y que le dificulta tirar apoyos, Cano está siendo, libra por libra, uno de los mejores futbolistas de la Liga. Además, poco le ha importado que a su alrededor tampoco tuviera la profundidad que se esperaba del funcionamiento poderoso. Su toque de balón, su maestría para conservarla y su olfato bastan para añadir y mezclar calidad en el juego, capacidad de supervivencia y repertorio en el área para aumentar cifras. Sea con metros por delante o tocando en la frontal, Cano está demostrando estar para todo. Es un fenómeno de la competición.

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