Quien atraviesa el jardín llega más rápido, pero pisa las flores. Miguel Ángel Russo, preso de la mala racha de Millonarios en Bogotá, y que amenaza con invadir por completo la moral azul, decidió cortar camino de cara al gol y atacar, ante el Junior de Julio Comesaña, con tres delanteros puros, con las características propias que los diferencian, pero delanteros al fin y al cabo, y con un lanzador compulsivo de balones largos. ¿El resultado? Un equipo sin la creatividad necesaria para disponer de la pelota a la altura que le exigía el partido.

¿Qué lógica había detrás del planteamiento?

Suponiendo el repliegue del rival, como finalmente sucedió, y el espacio ganado en consecuencia, la pólvora ofensiva debería hacer volar en mil pedazos la resistencia juniorista. Encontrarse ante tal planteamiento exige, por el contrario, una dosis extra de desequilibrio individual, de un mejor manejo de los tiempos en el uso de la pelota y mayor variedad en el direccionamiento de los pases, todas características ausentes ayer en El Campín.

Comesaña, por otra parte, planteó una defensa baja, con un mediocampo poblado y ancho sobre el césped capitalino. Junior se plantó en Bogotá con un 4-4-2, cuyas puntas eran Teo Gutierrez y Jarlan Barrera, y con un James Sánchez con la función de no permitir el aislamiento de los delanteros, labor encomiable y bien desarrollada durante todo el partido.

Si bien los volantes ofensivos azules con capacidad inventiva tanto en conducción como en pase -Macalister Silva y Santiago Montoya- no están disponibles por lesión, los ataques fueron previsibles, y el agua caía sin mojar. Junior, con el tiempo, fue tomándole la mano al partido, flotando a placer en aguas calmas en lo que en principio amenazó con ser una agresiva marea azul. Millonarios perdía cada vez más rápido la posesión, y el tiburón fue confiando cada vez más en su pie cuando recuperaba la pelota, y aunque por momentos fue lento, también fue certero en los pases, atacando de manera escalonada y ocupando espacios con gran inteligencia.

La intención de explosividad del equipo de Russo, malinterpretada por él mismo, nunca hizo que Junior se sintiera desbordado. Pisó las flores, pero otro resbalón hizo que ni siquiera pudiera llegar al final del camino.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *