Continuando con nuestro cubrimiento de la convocatoria de Arturo Reyes, la primera después de la era Pékerman, el turno es ahora para el mediocampo. Si bien el sello diferencial de la generación actual está en su zona de enganches, donde Colombia cuenta con sus dos mejores futbolistas —James Rodríguez y Juan Fernando Quintero—, el gran debe de la selección ha estado en su primera línea del medio, la cual ha carecido de funcionamiento y calidad. Lo primero es un desafío mayúsculo para Nicolás Benedetti; lo segundo, una oportunidad inmejorable para Jorman Campuzano. Vamos con las dos caras nuevas del mediocampo colombiano.

Nicolás Benedetti, un enganche goleador

Como decimos, el poderío de Colombia y el argumento para aspirar a todo está en los pies de sus dos futbolistas de primerísima élite: James Rodríguez y Juan Fernando Quintero. Sin embargo, las lesiones del primero y la falta de minutos del segundo nos han privado de ver una dupla que hace buen tiempo debió consolidarse. Asimismo, juntarlos requiere un contexto muy específico al ser ambos zurdos, cosa que condiciona por completo la orientación del juego cafetero.

Por todo esto, a Colombia no le viene nada mal un tercer enganche como Edwin Cardona. Pero Nicolás Benedetti es mejor. Su fútbol irradia maneras europeas, dosifica toques, orienta su cuerpo a ganar tiempo y piensa primero en la jugada antes que en el balón. En su juego no hay rastro de los vicios propios del futbolista colombiano y sí muchas virtudes que pueden aportar al proceso a Qatar 2022. Además de las que hemos dicho: no hay un enganche en el fútbol colombiano cuya llegada al área rival sea sinónimo de gol seguro.

Jorman Campuzano, un mediocentro único

A Jorman Campuzano le llegó la hora de mostrar de qué está hecho. Con un puñado de partidos en Copa Libertadores y ya 22 años cumplidos, sus condiciones apenas han podido ser contrastadas en escenarios de alta exigencia. Eso sí: lo que ininúa ser no sólo es muy bueno, sino también único entre los futbolistas colombianos seleccionables. El gran valor de Campuzano está en producir cosas a partir de sus conducciones, con todo lo que eso significa para un país que rinde culto al pase.

En defensa, Campuzano ha mostrado una evolución insospechada bajo el tutelaje de Jorge Almirón, desarrollando un notable sentido de la ubicación ejerciendo como volante ancla a falta de uno mejor en la plantilla. Esto habla de una cierta disposición para resolver problemas, una valiosísima virtud en el fútbol. Sin embargo, se le nota coartado en ese rol. Él es otra cosa. Si su progreso se mantiene, Campuzano podría ser la oportunidad para la primera línea del medio colombiana reencontrarse con la pelota.

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