Envuelto en un ambiente de escepticismo en este arranque de temporada, Independiente Santa Fe cuajó una de esas victorias que traen respiro. Una victoria que visualmente causó un impacto un tanto desproporcionado respecto al juego que la respaldó, pero que tiene cerca al equipo de Gregorio Pérez de su primer objetivo del semestre: la clasificación a la fase de grupos de la Copa Libertadores 2018.

La impresión fue que a Santa Fe todo le salía

En líneas generales, la sensación que ha dado el expreso rojo en este inicio del curso es la de aferrarse a unos clavos ardientes. Las premisas que busca el conjunto cardenal han carecido de ejecución por motivos técnicos, tácticos y, sobre todo, anímicos. Ante Santiago Wanderers las premisas no cambiaron, pero los cardenales contaron esta vez con condiciones favorables para su fútbol. Y mucha inspiración.

Temprano en el encuentro, Santiago Wanderers no tardó en acomodarse a una de esas premisas albirrojas: el marcaje personal. Los chilenos vieron rentable el pasarse el balón en el medio, atraer rivales para luego, pase entre líneas mediante, encontrar a su delantera mano a mano con la zaga cardenal. Esta dinámica se dio con cierta frecuencia en el primer tiempo, mucho más en el segundo, por lo que el partido se libró principalmente en campo de Santa Fe. Santiago Wanderers no reflejó sus llegadas en el electrónico porque careció de un delantero resolutivo. Un Wilson Morelo.

Así las cosas, el conjunto chileno no exigió lo suficiente a la zaga albirroja. Es decir, Santa Fe no pagó caro su permisividad en el medio. Todo lo contrario: como su mediocampo no terminaba de replegar cuando debía, los contraataques lo encontraban muy arriba, y desde ahí los cardenales pudieron transitar a placer. El panorama le vino de maravilla a Baldomero Perlaza, libre para sacar a lucir sus cambios de orientación. Por él Santa Fe fue amplio y sobrio en sus contraataques.

La determinación de Morelo cuando más se necesita

Como resultado, Santa Fe también halló frecuentemente situaciones de uno contra uno, con la diferencia de que necesitaba menos que Santiago Wanderers para llegar a ello. Esto, sumado a la excesivamente lenta zaga chilena, fue una auténtica inyección de confianza. Anderson Plata mostró una sobriedad de la que no se tenía noticia desde hacía varias temporadas (con el atenuante del poco competitivo Luis García, hay que decirlo). Y Wilson Morelo, en una nueva demostración de su alcance resolutivo, hizo olvidar ese andar cardenal incierto y a la topa tolondra. Al menos por una noche.

Fotos: CLAUDIO REYES/AFP/Getty Images

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