Anoche se disputó la final de la Súper Liga, y aunque todos esperábamos un poco más de competencia, y un partido más atractivo, sí hubo detalles que definieron parte de lo que podríamos ver este semestre.

Millonarios arrasó en el inicio del partido, y atascó, con una presión alta, la salida a ras de piso de Atlético Nacional. Sin embargo, el ritmo se convirtió en la cura y enfermedad de los de Miguel Ángel Russo (a quien, desde este espacio, le deseamos una pronta recuperación). Millonarios sacó ventaja en lo táctico porque es un equipo construido bajo el orden y la dinámica. La calidad de su plantilla, con relación al semestre anterior, fue potenciada: no con grandes nombres, pero sí con jugadores que podrían agregarle condimentos de buen gusto para las distintas recetas que se tengan en mente. Su alto ritmo de juego al pasar de defensa a ataque en escasos dos toques también se ha convertido en un problema. Los azules necesitan un polo a tierra, y ese es Santiago Montoya Muñoz, un jugador capaz de llevar, con pausas y aceleraciones, a Millonarios a conseguir el título de la Súper Liga y capaz de ilusionarles en Copa Libertadores.

Para el gran primer periodo que realizó, a Millonarios le faltó ese talento diferencial

Atlético Nacional, por su parte, intentó tener la pelota de arranque, aunque no logró ejercer el control. En la idea de juego de los de Almirón está el buscar una salida limpia, algo que conoce bien Nacional, pero que habiendo cambiado los intérpretes, les costó anoche ante Millonarios. A Loaiza, por el que el nuevo entrenador verdolaga apostó como el hombre capaz de llevarlos a campo contrario y asentarse allá, le faltó la velocidad suficiente para ejecutar y esconder la pelota en los momentos en que fue presionado. Vale contar que sus opciones para pasar eran pocas: Campuzano, posicionalmente, no se halló en la cancha en la primera parte, y Aldo Leao tuvo problemas para flotar entre líneas. Los laterales de Nacional ofrecieron altura en salida, pero no les sobró calidad técnica para potenciar las posesiones. En la primera mitad, el equipo más dominador, tanto en títulos como en juego, en la última década del fútbol colombiano, no superó las tres salidas con balón dominado, y en los momentos de angustia ni el mismo Alexis Henríquez consiguió la calma.

En muchos aspectos, se notó que siguen siendo partidos de preparación

Queda complejo entender a qué apostará Jorge Almirón en la vuelta. Vladimir Hernández parece necesario para activar a Dayro Moreno y desordenar las rígidas líneas de un sólido Millonarios. Y Gonzalo Castellani dio muestra de que puede hacerse con el peso del equipo en salida. Un título del fútbol colombiano nuevamente se definirá en el Atanasio Girardot, pero esta vez para los locales hay más dudas que certezas. Millonarios, en cambio, necesita saber llevar los ritmos, si todo se hace a tan altísima velocidad, no hay control, y sin él, resulta más complicado someter a un equipo que en el último lustro jamás perdió una final en casa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *