Felipe Aguilar es un central de otro tiempo. Está en todas, defiende el área y batalla cada duelo con el linaje de los Iván Ramiro Córdoba y Mario Alberto Yepes. Pero lo hace en una época que pide a sus centrales ser más como Dávinson Sánchez, como Yerry Mina: custodiar zonas lejos de portería y pesar cuando se trata de sacar el balón.

Así, Aguilar fue nuevamente víctima de su anacronismo ayer en el clásico paisa. De esta manera empezaron los tropiezos para el 3-4-3 de Juan Manuel Lillo que declaraba cruyffismo por todas partes, pero que le costó montones hallar fluidez y dominio ante su eterno rival, que dio pelea y estuvo a la altura de la riqueza táctica a la que fue obligado.

Aguilar claudicó frente a la presión del DIM

Manifiesta la incomodidad de Felipe Aguilar sacando el balón ante un Independiente Medellín sorprendentemente agresivo, Lillo no tardó en reordenar la defensa situando a Aguilar como líbero y alejándolo de la presión. Desde ahí, Nacional trabajó sus ataques por la banda derecha, donde el reposicionado Carlos Cuesta inclinó la cancha con su consabida técnica y carácter. Su atrevimiento encontró respuesta en Luis Carlos Ruíz, que fijando en la banda abrió carriles para Daniel Bocanegra y Dayro Moreno.

Si el panorama se complicaba para el DIM fue porque su lateral por izquierda, Andrés Felipe Álvarez, se veía solo y superado. Ni Yairo Moreno lo ayudaba debidamente ni Didier Moreno llegaba hasta la banda. Ricardo Calle no fue ajeno a esto y también modificó su dibujo: Eduard Atuesta, el especialista defensivo, pasó a defender la zona donde Nacional hacía estragos.

Lo que en principio fue una medida defensiva resultó invirtiendo el control del partido. Esto porque Atuesta no solo puso freno a la banda derecha verdolaga, sino que hizo del ataque del DIM una amenaza. Las dudas sobre su rendimiento jugando adelantado han quedado en el pasado. Atuesta incluso doblaba a su lateral y abría carriles para Yairo Moreno. Similar a lo de Nacional con Bocanegra y Ruíz, con la diferencia de que la banda izquierda del poderoso pedía menos automatismos tácticos para oler a peligro.

Ninguno de los dos equipos supo conectar sus bandas

El libreto de ambos equipos se mantuvo durante gran parte del encuentro. El juego se libró sobre la misma línea de cal y el carril opuesto fue tierra de nadie. En el caso del DIM, porque el paso de Atuesta de derecha a izquierda privó a Juan Fernando Quintero de su socio ideal. Y el medellinense poco pudo pesar en el partido.

Para Nacional las cosas son más complejas. El equipo de Lillo está curtido tácticamente y sus posiciones dibujan triángulos y líneas de pase por doquier. Pero ayer se echó en falta intensidad para explotar todo lo anterior. El verdolaga no supo imprimir ritmo a su circulación de balón y su casi 60% de posesión no se tradujo en dominio.

Sobre su ataque inconexo, todo apunta a que a Nacional le está costando relacionarse en largo como hace en corto. Mucho tuvo que ver, eso sí, tanto el trabajo de Leonardo Castro sobre Alexis Henríquez como el acordeón poderoso que supo ahogar a Macnelly Torres. En efecto, Nacional no pudo mirar a lo lejos, que es justamente uno de los mandamientos del cruyffismo.

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