Las primeras palabras de Jorge da Silva como entrenador escarlata fueron una promesa: el América de Cali no descenderá. A falta de dos fechas, la promesa parece cumplirse, sobre todo, por una increíble cuota de fortuna. Esto porque la llegada del ‘Polilla’ coincidió con el pinchazo del sólido Tigres, la turbulencia del consistente Jaguares y toda suerte de resultados favorables.

Además, sin jugar necesariamente bien, el América ha logrado valiosísimos puntos a base de jugar menos mal que sus rivales. En este sentido, el juego ante el Independiente Medellín no dejó sorpresas. El poderoso de la montaña no está lejos de los playoffs por cuestión de puntos, pero sí por juego. Y sin brillar, así lo hizo ver el equipo de Da Silva en el Pascual Guerrero.

Martínez Borja fue profeta en el desierto

Por estos días, el fútbol del América es fiel reflejo de la agonía del descenso, mostrando un estrés inhumano por no cometer fallo alguno y olvidándose así de tomarse la menor libertad. En otras palabras, los once escarlatas defienden toda vez con una entrega irrenunciable, pero entran en pánico una vez se hacen con el balón. Por todo esto, el gran problema para ‘Polilla’ da Silva está siendo quién pida el balón. Anoche, Cristian Martínez Borja fue el único, y al DIM le bastó con encimarlo para frustrar cualquier iniciativa americana.

Entrando en detalle, el América no pudo hilar un buen ataque en gran parte del encuentro porque sus futbolistas no estaban donde Borja los requería. En efecto, los Bottinelli, Lizarazo y García no mostraron el menor atrevimiento para ofrecerse y desahogar a su equipo de la presión del Medellín. En este sentido, dice mucho la actuación de Didier Moreno que, sin ser el colmo de la técnica defensiva, completó un 80% de acierto en los duelos. El América no se lo puso difícil.

El gol, resultado más de una obra Providencial que del desarrollo del encuentro, trajo a los escarlatas toda la serenidad que necesitaban y cedió la presión al DIM, que no fue capaz de una mayor agresividad de la que había mostrado, que fue muy poca. Al final, quién lo diría, hubo tiempo hasta para el «ole» en la tribuna. El resultado le sonrió al América. Jaraguay y el Polideportivo también le sonrieron. La fortuna simpatiza por el diablo.

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