El Atlético Nacional de Juan Manuel Lillo ha visto con buenos ojos el pasar del semestre. Desde el día 1 se ha visto con claridad varios de los conceptos que ha querido poner en práctica el entrenador español y sobre los que piensa estructurar y fundamentar el futuro verdolaga, sobre todo en salida de balón, pero no ha sido hasta las últimas jornadas donde Nacional ha traducido en permanente asedio sus intenciones con la pelota. Porque al dos veces campeón de América, por una cuestión de integración y modificación de ideas, pues Lillo vino a introducir una idea, una manera de pensar y comprender la velocidad del juego muy distinta a la desempeñada con Osorio y Rueda, le costó en su momento encontrar tanto el ritmo como el posicionamiento a partir del pase de inicio.

La determinación de la doble punta Rentería-Moreno le ahorró tiempo a Lillo

El juego que impone Juan Manuel Lillo requiere que Nacional se abra mucho y adelante lo máximo posible sus líneas. Asimismo, es un modelo que exige paciencia y donde valen más las reflexiones que las reacciones. En este sentido, interpretar, actuar e insistir en la idea no es nada fácil. Al equipo verdolaga, en partidos como frente al Junior o Millonarios, lo consumió la desesperación por no ver que el balón le llegara a determinados jugadores en zonas establecidas desde lo táctico. Pero, de mes y medio para acá, este comportamiento ha cambiado. Ayer, frente a Patriotas, se vio como Atlético Nacional, pese al control inicial de los de Diego Corredor, jamás perdió la calma para agruparse, robar, salir, pasar y situarse. Fue un manual de cómo jugar con y sin la redonda.

Muy importante el tema posicional. Los interiores en vez de juntarse con el pivote se abren y suben para trazar líneas de pases ambiciosas pero muy peligrosas. Los centrales se incorporan, los carrileros profundizan y, al final, Nacional mete muchos futbolistas por delante de la línea de balón. Así, tanto la circulación como la posterior presión funcionan mejor, evidentemente. Ya lo vimos en la visita del América al Atanasio Girardot. Pero para ello hay que, en lo primero, tomar las correctas posiciones y, en lo segundo, asentarse arriba y lograr que la pérdida sea de calidad o, en su defecto, finalizar aproximaciones. Y el Nacional del último tiempo lo está consiguiendo. No es casualidad, de hecho, la consecución de los últimos 15 puntos en disputa como tampoco la integridad de su portería.

Cuando no se asienta en una mitad del campo, Nacional sufre por fuera

Sin embargo, no todo es color de rosas para el equipo de Lillo. Si existió una evidente mejora en la defensa replegada, que era en la faceta donde más sufrieron o donde más dudas transmitieron en la primera parte del campeonato, ahora su principal problema pasa por los costados. Si Nacional no completa la presión tras pérdida o no retrocede el bloque defensivo a su propio campo, sufre severos daños corriendo hacia atrás, en especial si el rival vuelca su transición defensa-ataque saliendo por fuera. Con la lentitud que rubrica a Alexis Henríquez como defensor, la posición que por momentos alcanza de interior derecho Carlos Cuesta, las aventuras aisladas en conducción de Felipe Aguilar que luego no le permiten llegar a cerrar en banda y la gran altura de los carrileros, es la nueva cuestión a dar con la tecla para que Juanma Lillo pueda seguir dando pasos hacia el título.

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