Si hay algo que ha diferenciado al Millonarios del primer semestre con el del segundo ha sido su altura en la cancha. De un equipo que vivía en campo contrario desde la presión asfixiante y la progresión simultánea de los laterales a otro que desiste del derroche físico por una medular expectante. En esta cuestión, y aunque el reajuste de Miguel Ángel Russo es muy coherente, pues para un año con más de 50 partidos es prácticamente insostenible mantener tanto ese nivel de intensidad como ese ritmo alto, mucho tiene como explicación el cambio de sistema al 4-3-3, con tres centrocampistas que, hoy por hoy, son más pivotes que interiores.

En teoría hay algunas trabas que desaconsejan esa disposición sobre todo si se desea practicar un fútbol de posesión, pero lo cierto es que el conjunto embajador ha ganado ese punto de control que le permite estar de pie los 90 minutos y no hacer del último cuarto de hora un correcalles, donde las posibilidades de ganar eran iguales a las de perder. De este modo, como interior, el único favorecido directamente, John Duque. El bogotano tiene un extra de gas y verticalidad que completa mejor el centro del campo y le da atajos a la posesión, de baja calidad desde aquel entonces. Sus desmarques hacia adelante, sus meteóricos y maratónicos eslaloms, simplifican asuntos en la circulación.

El Millonarios actual le brinda a Duque más espacio en ataque y menos en defensa

No obstante, el plus que, de interior, ofrece John Fredy en este marco táctico consistente en su influencia sobre el carril central, pues las bandas se dan por bien servidas con Jair Palacios y Santiago Mosquera. Ayer frente al Once Caldas, fue algo que se observó con absoluta lucidez durante todo el encuentro, en el que Duque no sólo aportó rellenando huecos en ataque con su diagonal, martirizando a la transición defensiva blanca o acelerando el juego, sino fijando con paciencia su puesto entre líneas a las espaldas del doble pivote manizalita.

Lo que provoca Duque consiste en que, con él, Millonarios puede mantener esa fiabilidad atrás sin la preocupación de exponerse pese a su vocación por buscar el robo, llegar desde muy abajo y atacar espacios libres. En general, Duque posee todas las cualidades de un buen interior defensivo: presiona con inteligencia, regresa a la luz de un rayo, es difícil de desbordar y tapa líneas de pase con calidad. Hasta no hace mucho, era el mediocentro con mayor impacto defensivo del campeonato. A día de hoy, sin descuidar lo anterior, se está haciendo valer por su movilidad arriba y sus intervenciones con la pelota. Futbolista condicionante en Primera División.

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