No cabe duda de que es apresurado esperar del Independiente Medellín una mejora notable en su primer partido post-Juan José Peláez y con un cuerpo técnico interino. Dicho esto, el rojo de la montaña es hoy el que mayores dudas deja entre los equipos llamados a comandar la liga colombiana. Su fútbol no encuentra luces ni en defensa ni en ataque, y su arribo a la final de la Copa Águila resulta un premio bastante generoso. Esta vez no propuso más juego del que ha mostrado en la temporada, pero sí una inyección anímica que lo mantuvo en competencia, al menos, mientras duró Juan Fernando Quintero.

DIM llegó a la final por Quintero, y por él compitió en el partido de ida

Como decimos, el fútbol del DIM fue más de lo mismo respecto a lo que ha sido su temporada. Daniel Cataño como inicialista no ofreció mayores soluciones a la espesura y falta de fluidez que acusa el equipo. Pero si el DIM compitió durante 45 minutos fue por su oficio defensivo, ratificado en una presión en la medular que supo estar a la altura de la intensidad del Junior de Barranquilla. Y porque tiene a Juan Fernando Quintero, que crea situaciones de gol donde no las hay.

Así, el conjunto de Comesaña no tuvo la desenvoltura de siempre, aunque tampoco se vio dominado. Esto en gran medida gracias a James Sánchez, que ejerciendo de segundo enlace en el 4-3-2-1 asimétrico dejó unos minutos agradables entre líneas que impedían que el DIM se viniera encima. En términos generales, vimos un Medellín revitalizado anímicamente pero sin otro argumento futbolístico que Quintero; mientras que el Junior se mostraba cómodo por pura calidad colectiva.

Jarlan Barrera desde el banquillo está siendo de lo más desequilibrante del FPC

El espejismo enérgico del local se esfumó tan pronto cayeron las lesiones. A la temprana baja de Yairo Moreno se sumó Daniel Cataño y nada menos que Juan Fernando Quintero. Ya sin la figura que lo hace parecer a lo menos desafiante, el DIM puso al descubierto sus conflictos colectivos, que no son pocos. Juan José Peláez dejó un equipo espeso, desentendido y caótico al que se le advierten flaquezas por doquier.

Comesaña, en cambio, ha dado vida a toda suerte de sinergias colectivas que tienen a su equipo viviendo el paraíso. Y los suyos responden con un estado de forma y emocional pletóricos. Así, por ejemplo, el ingreso de Jarlan Barrera es suficiente para paliar el mal partido de Yimmi Chará, que abusó de las paredes y creó pocas ventajas. Al Junior parecen llegarle las soluciones de casualidad. Por todo esto, la final de ida de la Copa Colombia expuso un contraste abismal que arroja como gran conclusión el menosprecio que ha venido sufriendo este certamen. La promesa de un cupo en competición internacional parece ya no ser suficiente para garantizar nuestro juego en todo su esplendor.

3 comments

  1. «Y porque tiene a Juan Fernando Quintero, que crea situaciones de gol donde no las hay.» Linda forma de decir que el paisa es un mago con la pelota. Me gustaría verlo en un equipo donde pueda potenciar toda la calidad que tiene, por ejemplo, Junior de Barranquilla. Que como usted dice en el artículo existen un montón de sinergías que parece hasta casual la forma cómo le llegan las soluciones al equipo de Comesaña…tal vez no es casual sino expresiones de puro talento…me pregunto si les alcanzará para los otros dos torneos

    1. Esa es la clave de Comesaña, Armando: la expresión pura del talento. Tal cual. Sobre eso, le comparto un Café 93 que hizo nuestro compañero Jairo Ramos sobre la obra más representativa del uruguayo: http://eldoradomagazine.com.co/wp/2015/04/24/atletico-junior-torneo-mustang-1993/

      Sobre el largo plazo, yo pienso que Comesaña depende mucho de su materia prima. Como todos, claro, pero me parece que lo de Comesaña es extremo. Sus equipos, como decimos, son todo talento y nada más que eso. Por ningún lado les encuentra uno el sello de su entrenador. Tal vez esa sea la clave de su éxito: estar ausente, que el fútbol sea exclusivamente de los futbolistas y motivar hasta al más anónimo del vestuario.

      Cuando no tiene materia prima pareciera que queda debiendo a la hora de echarle mano al equipo. Todo lo contrario a Gustavo Costas, por ejemplo, que además de que sus equipos llevan su sello por todas partes, puede crear sistemas sólidos con equipos tirando a flojos como fue el Santa Fe campeón de 2016.

  2. Entonces me gustaría ver a Comesaña de seleccionador nacional. Entre las tantas labores en una selección creo que esta es muy importante: La gestión del talento. Pero no se si le alcance para tener éxito…talvez con la selección de Brasil

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