Los mediocentros colombianos están llamando la atención de todos por dos razones fundamentales. La primera deriva del hecho que además de estar saliendo en cantidad también son de calidad, por lo que en la mayoría de equipos del fútbol colombiano el concurso colectivo depende estrictamente de esa figura. En segunda instancia, verlos situados en el corazón del juego, apropiarse de una responsabilidad superior y conseguirlo con creces remueve el estómago. Es decir, cumplen a la perfección la función de centrocampista jerarca. Dicho lo cual, esta noche, en la primera final de la Copa Águila, muchas serán las miradas pendientes de Eduard Atuesta y Víctor Cantillo, dos centrocampistas que son tal para cual y que tienen proyección a mandones, pero que no están viendo gratificado, a nivel estructural, su formación futbolística con la importancia debida en sus respectivos clubes.

Atuesta y Cantillo, quienes deberían, no transforman el presente de sus equipos

El santandereano y el magdalenense no son centrocampistas continuadores al uso, sino protagonistas desde la generación con pases, conducciones o movimientos ciegos pero intencionados por detrás de la línea de balón. Pero en la presente campaña, tanto el del DIM como el del Junior están ejerciendo papeles secundarios a la hora de gestionar, organizar y elaborar juego desde el pase, por lo que su participación pasa a ser delimitada al apoyo, donde, pese a todo, no dejan a deber, pues posicionalmente son futbolistas fantásticos.

Ni Juan José Peláez (exentrenador rojo) ni Julio Comesaña, a lo largo del semestre, han creado un mecanismo de salida o un ecosistema alrededor de ambos para explotar exponencialmente de cara al juego su talento con el balón en los pies. Porque Atuesta y Cantillo, cuando juegan de cara, suelen anticipar el pase, pensarlo y ganar tiempo. De este modo, condicionados por Quintero en el DIM, que quiere tocarla en todas las zonas del campo, y el ‘Cha-Teo’ en Junior, que busca que el esférico pase el mayor tiempo posible en zona de gatillo, tanto Eduard como Víctor han sobresalido más por sus tareas sin la pelota que por su aporte con ella. De hecho, si de influir en salida se trata, tienen más peso Didier Moreno y Leonardo Pico, respectivamente.

Atuesta y Cantillo están sacrificándose en pos del colectivo

En el caso del de Vélez, como pivote de vuelo, su contribución táctica ha estado en soltarse hasta la mediapunta y en darle a Quintero lo único que necesita: una pared. Con eso, el ‘10’ poderoso sube desde la base hasta donde más hace daño. Pero como encima Atuesta es un jugador que reconoce la mejor opción para la jugada, sea durante su inicio o su construcción, ve con claridad la elección para el último pase y la llegada a remate con efectividad.

En el caso del de Ciénaga, más allá de hacer llegar pronto el balón al talento ofensivo diferencial rojiblanco, sin ventaja incluida de por medio, su valor pasa por seguir la jugada, esperar que regrese la pelota y cambiar rápido de flanco. Cuando Teófilo y Chará no se encuentran con espacios, Cantillo hace fluir el ataque.

Tanto el mediocentro del Independiente Medellín como el mediocentro del Atlético Junior están llamados a vivir momentos grandes con la Selección Colombia. Tal vez juntos. Esta noche, en el Atanasio Girardot, el fútbol los enfrentará por vez primera. Ni el uno ni el otro en su posición y rol ideal, pero buena parte de la cuota de calidad de esta noche irá por cuenta de ellos.

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