Atlético Nacional mostró en el Estadio Palogrande de Manizales una de sus mejores versiones. Sometió y dominó al Once Caldas casi todo el encuentro, triunfó y nunca vio peligrar su botín. Sin embargo, el equipo de Juan Manuel Lillo dejó una tarea pendiente: generar más oportunidades de gol,  propinar el golpe final y derribar a su rival.

A Nacional le costó acomodarse luego del arranque frenético del blanco-blanco

En el inicio, el equipo de Francisco Maturana intentó sorprender a los antioqueños con Hansel Zapata, el extremo que recibió con mucha libertad y que aprovechó su velocidad para entrar al área por el costado de Alexis Henríquez. Allí, Once Caldas consiguió desnudar uno de los defectos de Atlético Nacional: su vulnerabilidad por las bandas. En el primer tramo del partido, los verdolagas perdieron el balón en la mitad de la cancha y su rival aprovechó eso para abrir la cancha y encontrar con espacios en los costados a los volantes abiertos, quienes solo tenían que deshacerse de uno de los centrales para herir. Zapata, López y Soto lideraron la embestida blanca.

No obstante, la reacción de Nacional fue veloz y comenzó a encontrar un mejor contexto de juego. Las pérdidas de balón ocurrieron en posiciones de ataque, lo que le daba tiempo a los mediocampistas para replegarse, reacomodarse y evitar que el local consiguiera explotar la velocidad de Zapata. Los dirigidos por Lillo también se hicieron con la posesión y con ello lograron someter a su rival, que tuvo muchas dificultades para recuperar el balón y superar la efectiva presión post-pérdida de los visitantes.

El único gol del encuentro llegó  en una jugada colectiva entre Macnelly Torres y Jeison Lucumí, quienes desajustaron a la defensa local con una serie de toques y lograron entrar al área para anotar y vencer la resistencia de José Fernando Cuadrado.

Once Caldas, como a lo largo del semestre, no pudo reponerse

Once Caldas no volvió a encontrar espacios y tuvo muchas dificultades para acercarse al arco de Franco Armani. Las pocas oportunidades que generó para empatar el encuentro se dieron por errores del contrario o por jugadas individuales que no fueron concretadas. El trabajo defensivo de Nacional tuvo un cambio drástico en estas dos semanas de parón por la fecha FIFA, pero Juan Manuel Lillo sabe que tiene una tarea pendiente y es que su equipo cree más situaciones, que el dominio del balón le permita ser más profundo a su equipo y que este tipo de partidos, en los que somete a sus rivales, se definan más pronto.

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