Raúl Gómez Jattin, poeta cartagenero del siglo pasado, tituló una de sus célebres poesías “Isabel ojos de pavo real”, en uno de los más bellos retos de las letras colombianas al lenguaje. ¿Cómo son posibles unos ojos de pavo real? ¿Unos ojos que tengan todos los colores? ¿Unos ojos que sean todos los ojos?

Es el problema entre lo particular y lo universal: ¿puede una virtud ser en sí misma todas las virtudes? A Héctor Lavoe lo llamaban La Voz. Es decir, la particularidad de su instrumento natural era capaz de la universalidad del canto. Su voz era todas las voces.

En 2014, Colombia se entregó a una zurda que es todas las zurdas. Un flaquito, cascarrabias y obsesivo que con 23 precoces años pregonaba esperanza para una selección sin Falcao. Pékerman, vaya uno a saber por qué diantres, le creyó. Y menos mal lo hizo. Desde entonces él es Colombia, y Colombia es él.

James Rodríguez era alegre y entonces Colombia era también alegre. James Rodríguez pasó a sufrir y entonces Colombia aprendió a sufrir. James Rodríguez, que hoy es grande, hace que Colombia juegue como equipo grande. Porque Colombia, en estos tres años de Eliminatoria, jugó como tal: infundiendo temor por sus estadísticas, suscitando respeto con sus nombres, permitiéndose licencias para reservar lo mejor para el final, ganando incluso jugando mal y, hoy, reclamando un cupo al Mundial como por derecho propio.

El combinado patrio se clasificó a Rusia en unos 90 minutos que bien pudieron resumir lo que fue su Eliminatoria. El seleccionado de Pékerman no tuvo su partido más brillante pero reafirmó el credo de su gente. Al final, eso que a Perú le costó infinidades, Colombia pareció encontrarlo de un estornudo. El gol. La zurda que todo lo puede. La zurda que es todas las zurdas. La zurda de pavo real.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *