3 victorias, 2 empates y 3 derrotas; 8 goles a favor y 11 en contra. Así ha sido el rendimiento numérico de la Selección Colombia fuera del Metropolitano camino a Rusia 2018. Dicho esto, los resultados y trámites han ido acompañados de un plan común y un ritmo concreto. Es decir, haya ganado, empatado o perdido, José Pékerman ha guardado cierta coherencia como visitante y no ha apostado por la extrema versatilidad que sí ha caracterizado a la absoluta a lo largo de la Eliminatoria en casa. Una propuesta que ha tenido como común denominador guardar la posición y mantener altos niveles de concentración con sus dos primeras líneas de hombres, es decir, con el 4+3 en Santiago de Chile, La Paz, Asunción y San Juan o con el 4+2 en San Cristóbal, Manaos y Quito. Posiblemente, dicha reformulación de ideas haya tenido como raíz el 3-0 en Montevideo, donde el experimento del Guarín-Sánchez, como en muchas otras citas, no arrojó el resultado esperado.

Colombia tiene muy claro su ritmo de juego fuera de casa

Como visitante, Pékerman prefiere ritmos bajos. Directamente. Porque como local, aunque esa no sea su voluntad, futbolistas como Cristian Zapata, Carlos Sánchez, Abel Aguilar o Edwin Cardona obligan a eso. Pero afuera sí que lo quiere así y lo busca. No necesariamente con plenas garantías competitivas, pero su intención es plantear partidos enmarcados en la ausencia de acción. Ante Venezuela, Paraguay, Ecuador y Chile, por ejemplo, concediéndole el balón por largos tramos a los de Dudamel y Arce o con marcas individuales a Antonio Valencia y Alexis Sánchez, alcanzó el escenario deseado. Todo lo contrario contra Argentina y Brasil, quienes no regalaron un ápice de dominio.

Y aunque Colombia cuente con dos fenómenos en las áreas (propia y ajena) que sirven como argumentos para hacer válido semejante plan, y un jugador que transmite siempre el peligro de colar el detalle de gol, que gana partidos por sí solo cuando acompaña la cabeza con acierto, la propuesta ha sido prolongada por los resultados. Colombia es, después de la Brasil de Tite, el mejor visitante.

Eso, como decimos, en los números. Porque en la realización es un colectivo que, pese a ocupar todo el terreno horizontalmente, mostrar firmeza en la defensa aérea y tener trabajado su bloque defensivo –altura, achique o basculación–, se frustra por cada error y se precipita en la toma de decisiones sobre el rival que lleva la pelota o en cubrir cierto espacio. Ni siquiera sufre o se siente incómodo por no tener la posesión del esférico, pues se vale de una gran transición defensa-ataque. Y esta apuesta es la que explica que Colombia haya perdido la identidad y personalidad con el balón que lo catapultó a Brasil 2014 como una de las mejores selecciones del planeta fútbol. Por lo que hoy, nuevamente, la atención estará en otro lugar: en lo que haga el Perú de Ricardo Gareca.

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