Dejar muy pocas cosas al azar. Es el primer camino que toman los proyectos ganadores: restar margen a lo fortuito y controlar la mayor cantidad de eventos que se presentan en ese universo de posibilidades llamado fútbol. Que sean más las cosas que quiero las que ocurran. Dominar.

El segundo camino, no necesariamente excluyente del primero, es jugar a cometer menos errores que el rival. Dijo alguna vez Savielly Tartakower, describiendo lo que es una partida de ajedrez, que “los errores están ahí, en el tablero, dispuestos a ser cometidos”. La cancha de fútbol no escapa a esta lógica. También son incontables los casos de éxito a base de evitar al máximo el fallo propio. José Pékerman llegó a la selección para ser lo primero, luego viró a lo segundo en su etapa post-Brasil 2014 y ahora, a 90 minutos de definir su suerte en la Eliminatoria, no se reconoce ni en lo uno ni en lo otro.

Una vez más a Colombia le pesó el balón

Anoche el estadio que vio a la sociedad entre Camilo Zúñiga, Macnelly Torres y Teófilo Gutiérrez hacerse un lugar en un Mundial fue testigo de la secuencia Dávinson-Zapata-Dávinson-Zapata repetirse hasta el cansancio. El contraste es muy diciente: Colombia ya no se pasa el balón para marear al rival sino porque no halla salida. Y eso, el salir con balón dominado, ha sido y será el gran debe de la segunda etapa de Pékerman con la tricolor.

Si Colombia pudo pasar al ataque contadas veces tuvo mucho que ver Frank Fabra. Esto porque el antioqueño ha madurado a la velocidad que necesitaba el proceso para su lateral izquierdo. Su despliegue con sentido liberó a Edwin Cardona para interponer escalones entre las ajustadas líneas paraguayas. Pero Cardona lleva buen tiempo sin jugar al ritmo de Colombia (que es el de James), por lo que su participación no llegó a buen puerto. Que Frank Fabra fuera el hombre más influyente de Colombia no era la mejor señal.

A juzgar por su espesura en ataque y su repliegue bajo se puede afirmar que los de Pékerman buscaban una postura contemplativa, un cometer menos errores que el rival. Lo cierto es que defender cerca de David Ospina no se tradujo en defender mejor. Paraguay no requirió mucho para exponer a Santiago Arias y Carlos Sánchez, estrellar un postazo y declarar que se lo pasaba mejor en Barranquilla.

Esta vez no bastaron los chispazos

Para la segunda parte Pékerman dictó un cambio táctico apenas perceptible liberando a Cuadrado y Cardona de las bandas. Lo que sí surtiría efecto fue la inyección de empuje por cuenta de James Rodríguez y el posterior ingreso de Teófilo Gutiérrez. El barranquillero sirvió de puente entre Radamel Falcao y el resto. El ‘tigre’, siempre generoso, lo gratificó con una diana llena de júbilo y Mundial. Y todo parecía un déjà vu.

Pero también generosa ha sido la Eliminatoria con José Pékerman. Han sido años de chispazos de Edwin Cardona, James Rodríguez y Radamel Falcao salvando puntos y maquillando el fútbol de un equipo que muestra ideas a cuentagotas. Chispazos que se celebraron como triunfos y que bien pudieron servir de premonición para Pékerman, a la manera del pueblo romano susurrando al oído de sus generales embriagados de victoria: “recuerda que eres mortal”. Anoche la mortalidad se hizo guante de arquero. La Colombia de los destellos esta vez no pudo refugiarse ni en David Ospina. Hoy estamos en jaque.

A una generación que bien podría ganar jugando bien, el martes se le pedirá que gane como sea. Y eso es ya de por sí una derrota.

Fotos: RAUL ARBOLEDA/AFP/Getty Images

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