José Pékerman, que ha invertido más en estrategias para el partido a partido que en un sistema identitario que rodee a sus futbolistas de un dominio declaratorio, incontrovertible y rutinario obsesionado por el control de la pelota, ha considerado muy importante modificar su mediocampo para las distintas citas. Fuese con doble pivote, tres jugadores en línea paralela o Sánchez más dos interiores unos peldaños por delante, lo cierto es que el entrenador argentino ha vislumbrado en la base de su centro del campo la posibilidad de competir. Como si se tratase del origen de sus planteamientos. En el caso de hoy, en el importantísimo encuentro contra Paraguay, la suerte pasa por allí. Es lo que Pékerman cree.

Uribe tiene esa versatilidad que busca el seleccionador argentino

Para ello, la carta de Matheus Uribe se antoja como un comodín. Sea la fase de juego que se implante e imponga, el actual futbolista del América de México está condenado a tomar relevancia. Su energía, recorrido, agresividad y determinación lo demuestran así. Son características que llevan a considerarlo fundamental para esta tarde. Pero Uribe no sólo es acompañamiento desde segunda línea, sino también calidad técnica. Un punto de apoyo elemental para dar forma a un ritmo y un ataque muy particular. Está capacitado, desde cualquier sentido, para tocar, combinar y dinamizar. Para tomar decisiones –no constantes pero sí medidas– con el balón. Y con la obligación de los tres puntos para sellar el pase al Mundial de Rusia, tanto su iniciativa como su intención ofensiva con la pelota se antojan irrechazables.

Pero evidentemente, como ya hemos dicho, lo que identifica a Uribe es su gran aporte en situaciones de transición y llegada. En ataque, el paisa es un interior que vuela y rellena espacios con el fin de marcar diferencias. El físico lo acompaña con lectura, constancia y puntualidad. Y, como muestra de todo, con un plus de gol. En ninguna temporada su casilla de anotaciones ha quedado blanqueada. Se sabe multiplicar y, encima, sabe aparecer en el área. Con Carlos Sánchez, un pivote más fijo que cualquier otro en la presente convocatoria, se asume con certeza que su compañero en la sala de máquinas tiene como misión descolgarse siempre y sumarse desde atrás, por lo que Uribe puede aceptarla con completa naturalidad. Allí, con espacio e importancia por delante, impone su calidad. No se discuten sus virtudes.

Además de las virtudes propiamente suyas, el paisa también puede hacer las cosas que hace Aguilar

Ahora, con el aliciente de Abel Aguilar, no cabe duda de su papel. Parece su momento. Porque si la Selección ha alcanzado continuidad ofensiva es gracias al jugador del Deportivo Cali y su poderío de las segundas jugadas. Las gana todas. Sin la batería de hace unos años, lo logra y compensa con colocación. Y aunque no es su gran poder, Matheus también sabe localizar esas bolas. Además, tiene fondo para chocar y bregar. No es un esfuerzo de sobra. Es, a fin de cuentas, otra cosa de las tantas que realiza en el verde. Por esto y más, resulta competente su titularidad. Matheus Uribe por y para todos.

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