El sello distintivo de la carrera de Julio Comesaña como entrenador ha sido, y lo sigue siendo, entregarse al talento sin término ni condición. Así labró uno de los grandes equipos de nuestra historia, y así lo quiso anoche en el Metropolitano. Con Víctor Cantillo, Yimmi Chará, Teófilo Gutiérrez y esta vez Jarlan Barrera, Atlético Junior dispuso de un equipo artístico de cabo a rabo. Eso que Comesaña jamás pone en duda es justo lo que Héctor Cárdenas, en ocasiones, relega a un segundo plano. Ayer, eso sí, el técnico verdiblanco volvió a apelar al talento.

A pesar de su mediocampo, Cali deja dudas en defensa

El conjunto azucarero visitó Barranquilla sin mayor interés por disputar la posesión. Dicho esto, el plan del Deportivo Cali estuvo en un repliegue bajo y la intensidad defensiva de sus mejores días. El trivote Balanta-Pérez-Aguilar jugó tan bien como su fútbol y edad lo permiten, y esto llega a ser suficiente para coronar un mediocampo defensivamente correcto.

Con todo y esto, el Cali estuvo lejos de bordar un sistema seguro como hiciera en Copa Sudamericana ante el propio Junior. En primer lugar, porque su pareja de centrales no viene proyectando seguridad. Un par de centros a ras de suelo de los de Comesaña insinuaron que no es precisamente difícil recibir el balón libre de marca en el área azucarera. En segundo lugar, que este Junior no es el mismo de aquella noche continental.

Y es que, pese a lo tremendamente rentable que es el ‘Cha-Teo’, Comesaña no se duerme en los laureles. El uruguayo viene diseñando una nueva sociedad por izquierda con Teófilo Gutiérrez y Luis Díaz que se propone complejizar la ofensiva y terminar de desconcertar al rival. El Cali lo padeció a los 20 minutos de juego: lo que tardó Jarlan Barrera en hacer suyo el encuentro.

El ataque del Junior es ahora más complejo

Para la segunda mitad, Héctor Cárdenas ajustó lo necesario para su equipo adoptar una postura propositiva. El entrenador caleño debió solventar no pocos problemas: acercar al área rival al Benedetti-Roa, condenados asociarse muy lejos a causa de la superioridad de Leonardo Pico en transición defensiva; relevar a Duque, que mostró un ritmo distinto a su equipo y estaba siendo anticipado en todo momento; y, finalmente, ofrecer más líneas de pase a Aguilar, que se mostraba especialmente agresivo con sus pases.

El ingreso de Fabián Sambueza y Miguel Murillo resolvió buena parte de lo anterior, y nuevamente el Deportivo Cali llevó al Atlético Junior contra la lona. Si el marcador dijo lo contrario fue porque Néstor Moiraghi, Dany Rosero y Jefferson Duque distan mucho del nivel del resto del equipo. Es decir, al Cali le falta calidad en las áreas. Y el Atlético Junior es justo todo lo contrario.

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