Hablar del Deportivo Cali a estas alturas de la temporada es lanzar una moneda al aire. Compita bien, regular o mal, es todo un enigma que el conjunto de Héctor Cárdenas corresponda su juego con resultados. Ayer, contra el Independiente Medellín por las semifinales de la Copa Águila, fue una demostración más de la impactante variabilidad que acusa el cuadro azucarero. Los de Peláez, ni cortos ni perezosos, aprovecharon los tres descuidos de Dany Rosero, quien fue el foco de esperanza del DIM para empatar la eliminatoria, forzar los penaltis y avanzar a la final.

Deportivo Cali dominó el primer tramo del encuentro

Sin embargo, atendiendo a la cronología del partido, el control lo impuso el Deportivo Cali. Siempre desde la pelota y no desde su bloque defensivo, sistema que funciona mejor por separado y no en colectivo, especialmente por las diversas características de sus jugadores, volcó el campo hacia el arco de David González y acribilló con paredes la frontal del dúo argentino del DIM. Teniendo a Mayer enfocado a la devolución, a Benedetti al último cuarto y a Duque a la definición, el plan del Cali dejó la sensación de ser equilibrado y, a su vez, de enfocar un potencial interesantísimo en el frente de ataque.

Fue un Deportivo Cali, en líneas generales, muy bien planteado, con roles determinados, una intención de juego totalmente concebida y, sobre todo, la tensión del reto asimilada. De hecho, entre el 1-0 y el 1-1, como si de haberse estudiado paso por paso se tratara, decidió reclinar sus líneas y defender el destino del pase de Quintero. Evidentemente, tratándose de Juan Fernando, no fue la mejor decisión, por lo que posterior al gol de Erramuspe apostó por presionar el origen de dicho pase con dos hombres, es decir, ir directamente a manchar la recepción de Quintero. En este sentido la idea funcionó, aunque perdiera cierto empaque por ganar algo más de agresividad.

Candelo volvió a tener una gran noche

Para la segunda parte, el discurso llevó el título de Mayer Candelo. Como se señala en un párrafo anterior, y entendiendo que su movilidad busca acercarse al juego, Cárdenas compensó la ofensiva verdiblanca tanto repartiendo la cuota de balón como racionalizando los espacios. Con Roa llegando desde segunda línea, Delgado pasando como una bala por la derecha y Benedetti ofrecido para la pared, el efecto fue el deseado por el entrenador azucarero. Además, desde que arribara a mediados del 2016 a Palmaseca, nunca los toques de Mayer se hicieron amo y señor del desarrollo como en el encuentro de anoche. Pausó, aceleró, mareó y punzó. Jugó como lo pidió cada jugada. Y si no llega a ser por una noche fatídica de Rosero en el fondo y por unas decisiones algo apresuradas de Cárdenas en los cambios, otro gallo cantaría. A ver cómo asimila este durísimo golpe el Deportivo Cali. Para la Liga, entre grogui y KO.

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