Si el fútbol fuera exclusivamente una cuestión de fe, Santa Fe lo ganaría todo. La llegada de Omar Pérez en 2009 fue el primer hervor en la sangre de un equipo destinado a forjar una voluntad irreductible. Un corazón espartano. Los fieles santafereños no tardaron en conmoverse con aquel equipo que jugaba como si fuera uno de ellos, y vigorizaron el aliento de sus guerreros. Como en los viejos tiempos. “¡Y dale, y dale, y dale, rojo, dale!”.

Con las máximas del empuje, entrega y sacrificio, Independiente Santa Fe, junto a Atlético Nacional, ha dominado el rentado colombiano. Y eso no es poca cosa. Pero las noches continentales son a otro precio. No basta con jugar con el corazón por delante; hace falta llevar la pelota cocida al pie.

Santa Fe pagó caro su falta de ideas

Con el consabido tridente en ataque sin espacios para prosperar, el fútbol del expreso rojo se redujo a la emoción, justamente ante un Libertad de Paraguay que puso a prueba las ideas. No sorprendió el bajo rendimiento de Juan David Valencia y Anderson Plata, dos futbolistas que han demostrado llevar un peso de juego que les puede. Preocupó, eso sí, la falta de respuesta de aquellos llamados a poner buena cuota de fútbol, como Baldomero Perlaza. El tulueño se desentendió de la circulación y, en efecto, Santa Fe perdía el balón incluso sin haber cruzado la línea divisoria.

Pero como Santa Fe es todo corazón, fueron esos de quienes nada se espera en ataque los que dieron empuje. Yeison Gordillo no es creativo, pero inventaba cambios de frente. William Tesillo, que no llegó a El Campín para sacar el balón, afirmó con autoridad que tiene carácter y precisión para hacerlo. Los pájaros tirándole a las escopetas.

Para la segunda parte, Gregorio Pérez intentó recomponer, y acertadamente, los males de su equipo. Pero las noches continentales son impecables y no perdonan el tiempo perdido. Y Santa Fe pasó 45 minutos ajeno a lo que pedía el partido: ideas. Ante esto, el mensaje de Gregorio Pérez parece claro. El uruguayo no contempló a Kevin Salazar ni siquiera para completar los tres cambios. ¿Creerá que el talento es incompatible con la garra? Todo apunta a que sí, y ese es su gran pecado. Anoche el fútbol se lo cobró.

Foto: RAUL ARBOLEDA/AFP/Getty Images

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