La de esta noche será una prueba sin precedentes para Gregorio Pérez en lo que va de su ciclo en Independiente Santa Fe. Luego de caer derrotado en el partido de ida por Copa Sudamericana ante Libertad de Paraguay, el expreso rojo se verá en la obligación de buscar el arco rival desde el minuto 0 por primera vez en el semestre.

Así las cosas, el tridente cardenal está en el ojo del huracán. Esta vez enfrentará a un rival sin mayor interés por volcarse al ataque, es decir, sin grandes probabilidades de conceder los espacios que tanto requieren los Valencia, Pajoy y Plata.

Sin espacios para correr, el tridente suele venirse a menos

El entrenador uruguayo confía como nadie en el poderío individual de los tres de arriba. Y sí, la velocidad punta de Anderson Plata es digna de un atleta, John Freddy Pajoy pasa de estático a torpedo en cuestión de un suspiro y Juan David Valencia suele dejar destellos del jugador profundo que fue.

Así mismo, de no hallarse en su mejor noche el tridente deviene en el comienzo de un Santa Fe predecible y plano. Para Gregorio Pérez esta situación no es ningún alto en el camino, sino la oportunidad de impresionar con un giro de los suyos.

Si bien entre el mediocampo y la delantera albirroja no hay medias tintas —esto es, o juegan muy rápido o juegan muy rápido—, el factor sorpresa del charrúa para los segundos tiempos suele estar en la inclusión de una figura que sepa dar otra cadencia al juego e ilumine con creatividad la medialuna rival.

Gregorio Pérez suele alterar los partidos desde los cambios más que desde el planteamiento inicial

Entre ensayo y ensayo, Gregorio Pérez ha formado un abanico de revulsivos impactante. El más talentoso es Kevin Salazar, quien es capaz de mezclar la velocidad imperante en el equipo con decisiones inteligentes y diversas amparado en una técnica prodigiosa. No menos interesante es Yamilson Rivera, a quien Pérez ha devuelto acertadamente al carril central donde su gambeta es más venenosa, su pausa es sabia y sus pases señalan el gol.

Pero entre todos es Omar Pérez el santo de su devoción. Al argentino le podrán rechinar las rodillas, pero su liderazgo no tiene parangón. Entre todos es el único capaz de cambiar el discurso, el fútbol y la mente del Santa Fe más parco. Con él su equipo cree en la remontada. Once Caldas lo sufrió.

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