Por la formación tiburona, muchas dudas surgían en torno a las intenciones manifiestas de Julio Comesaña para la visita a Cerro Porteño. No en sí como tal, pues era patente el objetivo de no encajar gol y aprovechar los metros libres a la hora de contraatacar, trabajando la eliminatoria cada minuto de sus 180 por disputar, sino sobre la sostenibilidad de un plan basado en defender su área, sobre todo teniendo en cuenta que el rival de en frente era paraguayo. No obstante, tanto el desarrollo como el resultado le dieron el crédito correspondiente a Comesaña, por la serenidad de lo realizado, y dejó aspectos a destacar en Junior.

Como Once Caldas y Cortuluá hicieran en su momento, el Cerro Porteño de Leonel Álvarez apostó, aunque de manera infrecuente y menos entregada, por presionar las primeras relaciones de Junior. En ese escenario tan conflictivo para los de Comesaña, debe decirse que salieron jugando en un par de ocasiones con personalidad y sutileza, pero se repitió la constante de los dos partidos citados: el rival extrajo rédito de esa presión media-alta.

Narváez afrontó la presión de Cerro Porteño tal y como se debe

La respuesta rojiblanca llegó por medio de Luis Narváez. El ayer reemplazante de Víctor Cantillo en el once titular, además de mostrarse muy preciso y detallista para meterse en el área en cada centro lateral, llegar a las coberturas y tapar el envío en largo, exhibió una claridad desconocida con la pelota. Girando la primera línea adversaria que le miraba de cara, reorientando la circulación hacia los laterales y raseando con técnica el balón, Narváez brilló.

Garantizada su salida en corto, Junior ejerció gradualmente un papel más propositivo en el segundo episodio. Reconociendo que salir rápido, en vertical y con conducciones largas no estaba dando sus frutos, pues no sobraban los espacios por delante y las piernas de Pico, Sánchez o Hernández no eran las ideales para explotar los pocos que habían, Comesaña decidió apropiarse de la posesión y, por supuesto, del ritmo. No lo hizo desde un marco radicalmente ofensivo, pero sí de control. La sustitución de Cantillo por Hernández tuvo el efecto deseado por el entrenador uruguayo y terminó de reforzar la idea.

Desde el punto de vista táctico, Ovelar tuvo un impacto increíble

Antes de eso, clave el nombre de Roberto Ovelar. Es cierto que a título goleador no está en su mejor instante, pero eso no quita que haya jugado de maravilla. Se movió por todo el campo, recibió el esférico cuanto quiso y lo administró con esa particularidad que tan bien lo define. La participación del paraguayo, como si se tratara de un mediocampista más, alivió los problemas de movilidad y lectura de Sebastián Hernández: alimentó de espalda a Chará, se creó sus propias oportunidades de gol y se involucró en muchísimos registros. En resumidas cuentas, entendió las necesidades ante la inoperancia de esa teórica figura del enganche. La actuación de Ovelar recordó a la de sus mejores días: el preparado a todo para relacionarse y el irregular a la hora de finalizar.

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