Carlos Darwin Quintero llegó a dominar la Liga MX. Su sociedad con Oribe Peralta catapultó a Santos Laguna a pelear cada temporada por el campeonato. Partiendo desde la banda derecha, el nariñense recibía al pie, aceleraba, regateaba, combinaba con Peralta en la frontal y generaba el caos. La velocidad y precisión con la que ejecutaba todo era insostenible para todos los equipos del campeonato mexicano. Después de triunfar en Torreón, su fichaje por el América —con una cantidad enorme de dinero de por medio— no sorprendió a nadie.

Pero en Coapa algo se rompió. Quien llegara como bandera del proyecto azulcrema, reencontrarse con Oribe extravió todo su fútbol nada más debutar en la cancha del Estadio Azteca. El ex jugador del Tolima empezó a fallar pases y goles; a perder duelos en el uno a uno; dejó de moverse y, al final, dejó de intentar cosas y perdió cualquier tipo de intimidación sobre los rivales. Sin saber cómo, Darwin pasó de ser una estrella de la Liga a ser segunda o tercera opción en las águilas.

El tumaqueño ha vuelto a recuperar la confianza que se creía perdida

En un verano donde su nombre pareció más fuera que dentro, el científico del gol finalmente se ganó un lugar en el proyecto de Miguel Herrera. Jugando cerca del costado diestro, el colombiano está marcando un inicio de torneo que recuerda a su mejor versión. Recibiendo pases del gran Guido Rodríguez o del juvenil Edson Álvarez, Quintero espera entre líneas en zonas intermedias para posteriormente girarse y sembrar el pánico en los oponentes. Cada toque de balón está mejorando cada posesión. Aprovechando las atenciones que demanda el peligroso Cecilio Domínguez en la izquierda, Darwin acelera cada vez que recibe, con la opción de tirar paredes con dos especialistas en el arte: Silvio Romero y Oribe Peralta. Las diferentes alturas que están ocupando los puntas americanistas le ofrecen varias opciones al 31 para poder romper la estructura de los equipos rivales por dentro.

Por si fuera poco, el regreso de Paul Aguilar como lateral derecho le está permitiendo abandonar la banda sin que el sistema lo resienta. Pero no solo es que tácticamente el equipo de Herrera le esté ofreciendo un escenario idílico a nuestro protagonista para mostrar sus virtudes, sino que el propio Carlos Darwin Quintero está haciendo cosas que parecían perdidas. Sus primeros toques marcan la diferencia y su regate en el carril central está volviendo a ser indefendible. Además, Darwin está conectando pases de una dificultad enorme que solo se intentan cuando uno irradia confianza. Con piezas aún por ensamblar, Quintero se está convirtiendo en piedra angular en uno de los candidatos a levantar la Copa en diciembre.

Foto: ALFREDO ESTRELLA/AFP/Getty Images

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