Alexis Henríquez llegó hace 5 años y 8 meses a Atlético Nacional a vivir la aventura que más ha marcado su carrera futbolística. Desde entonces, con un pequeño traspié de rendimiento en la era Santiago Escobar, club y jugador forman una relación inseparable que ha marcado una época dominante de cabo a rabo en el plano nacional y un paso adelante, con entrenadores de turno, en el internacional. En dicha etapa, con Juan Carlos Osorio, Reinaldo Rueda y Juan Manuel Lillo dirigiendo desde el banquillo, ha sido el líder conceptual de una idea basada en el dominio integral del juego a través del pase y el asedio, dando por sentada su influencia dentro del proyecto más ganador del fútbol colombiano y del último campeón de Sudamérica. Alexis Henríquez, en el rectángulo, marcó un antes y un después.

Henríquez compensa sus debilidades a punta de inteligencia

El de Santa Marta, desde lo motivacional hasta lo puramente futbolístico, tiene una ascendencia brutal sobre el colectivo. Estamos hablando de un central lento y pesado, por lo que defender lejos de la portería le habría señalado como una víctima súper débil en duelos individuales que no se localizasen en espacios reducidos o cerca de su portero. No obstante, de forma muy convencional, Henríquez se las ingenió para compensar esa carencia de velocidad, reacción y recuperación de metros perdidos con un nivel de colocación que lo cataloga como uno de los mejores centrales (si no el mejor) en Colombia para detener transiciones defensa-ataque del oponente. Eso, de por sí, es un mensaje declaratorio: se puede sumar de todas las maneras sin necesidad de ser un engorro en cualquier tarea.

A Henríquez se le puede conocer por muchas cosas, pero su trascendencia para salir jugando desde atrás es la más incuestionable. Si en algo han coincidido los tres entrenadores que lo han dirigido vestido de verdiblanco es en su salida de balón, faceta vertebradora de todo lo que prosigue en el juego. En los tres períodos, exactamente, Alexis ha recibido el papel de director de operaciones, donde ha conducido ataques, coordinando juego y visionando posesiones. Además, bate líneas en innumerables ocasiones en un mismo partido y tiene pase largo hacia la banda contraria. Es decir, su papel supera estratégicamente el típico “primer pase limpio al volante central”. Henríquez, futbolista de un gran talento con el balón, maneja todos los registros con él en los pies. Decía Osorio que la mejor forma de hallar ventajas y establecer superioridades en la otra mitad de la cancha era salir jugando, por tanto, la importancia se refleja por sí misma en la confianza que depositó tanto Osorio como Rueda y Lillo sobre el samario.

Los recursos del samario lo convirtieron en un indiscutido dentro de este ciclo ganador verdolaga

Discutido al principio por su estética nula y sus lapsus de concentración, el impacto de Alexis Henríquez ha sido impresionante. Con una personalidad arrolladora, un plus decisivo a balón parado defensivo y ofensivo, una contundencia exorbitante para competir frente a la sobreexposición y una reinvención personal diaria para evolucionar tácticamente, el zaguero zurdo significó una fuente de soluciones tácticas y técnicas para cada adiestrador. En diferentes ciclos, permitió a su equipo esperar en el fondo con tres jugadores de campo, redujo las distancias entre zaga y medular por largos tramos adelantando su posición, sacó a los suyos de aprietos y, lo más importante, construyó la mentalidad de dos finales continentales. Sostuvo distintos sistemas sin desentonar nunca: de ahí el mérito reconocido.

Quizás lo que más vaya a marcarlo en un futuro cercano sea el jamás haberse vestido de corto con la selección Colombia. Los Zapata, Yepes y Perea del pasado más la abundante nueva camada de zagueros son la única razón. A su carácter, calidad y visión se le suman 16 títulos divididos en 13 locales y 3 continentales. Es decir, en términos de logros, Alexis Henríquez es un futbolista histórico. Y no sabremos si se le vaya a recordar de esa manera. Por lo pronto, hay que disfrutar del capitán verdolaga, pues quién sabe cuánto le quede en esta profesión. Tiene 34 abriles y los años de decadencia, por lo general, suelen estar por llegar.

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