Noticias vienen, noticias van, noticias, noticias… Colombia sobrevivió a Brasil sin jugar particularmente bien, pero mejorando la desoladora imagen que había dado ante Venezuela. El equipo de José Néstor Pékerman va partido a partido, con un manejo de los tiempos que genera dudas pero en el que el entrenador argentino, en quien los jugadores creen con un sentido fraternal, confía. En el fútbol, la base de todo está construida sobre esos dos pilares: que el entrenador crea en algo y los jugadores crean en el entrenador. Por ahora eso, y la calidad brutal de James, tienen a Colombia en Rusia. ¿Debe ser suficiente la clasificación?

Con la Eliminatoria llegando a su fin, Pékerman ha desvelado sus cartas

Falcao cree que sí. Él quiere jugar el Mundial y dijo que luego se verían las formas. Fue noticia, aunque no debería serlo: el samario no estuvo en Brasil. Lo que sí debería serlo fue que ayer marcase el gol del empate ante Brasil, desmarque fulgurante y sendo cabezazo, en su primer partido en Barranquilla en cuatro años. El tiempo pasa, no avisa y se lleva todo lo que pudo ser y no fue. ‘El Tigre’ no es el de la Eliminatoria pasada, pero está jugando muy bien y con un ritmo goleador que se llegó a pensar que no volveríamos a ver. Noticia espléndida para el proyecto Pékerman, que desde que no tiene al ‘9’ no sabe lo que es el volumen de ataque. Eso era la base de los días de sol de 2012 y 2013 y fue lo que Colombia perdió con su lesión. Si Falcao ha recuperado su fútbol, y Pékerman decide invertir en ello para confeccionar un sistema que genere ataques de calidad colectiva y no de ramalazos de brillantez, James podrá jugar de lo que el destino no ha querido que juegue: noticia.

¿Y qué ocurre si eso pasa? Que Colombia no dependerá tanto de un futbolista que ha demostrado una y otra vez que a pesar de sus destellos de un pasado todavía reciente, no es más el jugador que fue. Los mejores momentos de Colombia ayer fueron aquellos en los que el aire llegó a los pulmones de Abel y su cabeza se encendió. Tocar, moverse, ganar altura, volver a tocar. Pero fueron jugadas aisladas. El resto del partido pintó un cuadro inequívoco: el del Cali ya no aguanta este ritmo. Pases errados, llegadas tarde, malos controles, lentitud y espesura. Aguilar, a pesar de sus momentos de lucidez, envuelve a Colombia en la decadencia. Lo saben, en el fondo, todos; falta que lo publiquen los diarios.

Es necesario crear un debate sobre el presente de algunos jugadores en la Selección

¿Y atrás? A Pékerman le han llegado los periódicos de este año y por fin jugaron Dávinson y Fabra, tal y como pedían los titulares de prensa hace rato. Lo hicieron bien: o mejor, no lo hicieron mal. El miedo a su inexperiencia y sus posibles errores es normal, pero no debe ocultar la realidad: son mejores que su competencia y su competencia no garantiza no cometer los fallos de los que acusan al del Tottenham y al de Boca. Fallos que, por cierto, no se suelen señalar en sus dos volátiles compañeros de zaga: Zapata, demasiado lento y pesado contra la ligereza de Neymar, Firmino y Jesus, no suena en la prensa; y Arias, que defendió terriblemente a un Neymar que no hizo sangre, jugó un partido que desnudó todas sus virtudes y defectos sin que la tinta corriese. ¿Dónde están las noticias? Van en burro… pero llegan.

Fotos: LUIS ACOSTA/AFP/Getty Images

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