La victoria de anoche de Independiente Santa Fe en el Atanasio Girardot fue mucho más que el solitario gol de John Freddy Pajoy. Con la sala de espera del quirófano a reventar, dos convocados a la selección de mayores y el equipo de Gregorio Pérez compitiendo como puede, la de ayer fue una presentación impropia para un plantel dramáticamente reducido. Santa Fe se hizo con la victoria porque volvió a dejar constancia de que, sea con el onceno que sea, su equipo preserva siempre sus automatismos, su espíritu competitivo y su identidad.

El DIM no encontró fluidez en ningún momento

El gran condicionante del envite estuvo en la ausencia de Juan Fernando Quintero en el DIM. Pese a que el equipo de Peláez muestra ciertos detalles colectivos que están favoreciendo al 10 como lo es la sociedad con Eduard Atuesta y los movimientos de Leonardo Castro en ataque, el poderoso aún no deja de ser el equipo de las jugadas de Quintero, y sin él su fútbol merma notablemente.

Así, con un Atuesta extraviado a la hora de pasar al ataque y un Castro extrañamente fijo en el área, el Medellín fue un equipo espeso y carente de fluidez con el balón. Pero más allá de actuaciones puntuales, lo preocupante del hecho es que Juan José Peláez sigue sin dar con una dinámica que mezcle el fútbol de los Atuesta, Quintero, Castro y Viola con el de los Arias, Toloza y Hernández.

En contraste, el Santa Fe de Gregorio Pérez es todo química. Pese al once de emergencia de ayer, su mediocampo mantuvo la solidez habitual y su área volvió a mostrarse insufrible. Javier López dejó nuevamente unos 90 minutos correctos y Héctor Urrego proyectó la confianza de 2016.

Santa Fe encontró buenas respuestas individuales de cara al contraataque que pretende

Por si fuera poco, Santa Fe halló ciertos recursos que su ofensiva echaba en falta. La actuación de Kevin Salazar, en ocasiones haciendo las veces de delantero y pese a su escaso remate y la impaciencia que viene aquejando, dejó constancia de una fluidez intacta y una riqueza en movimientos sin par en el frente de ataque. Caso aparte el de John Pajoy, quien exhibió cambios de ritmo precisos, giros notables y una gran velocidad. El nortesantandereano está dejando lo mejor de su fútbol y los contraataques cardenales lo agradecerán.

En la segunda parte, el desacierto en los cambios de Juan José Peláez terminaron de hundir al DIM. Con el ingreso de Valentín Viola a la banda izquierda, donde su gambeta es menos peligrosa, y la entrada de Yairo Moreno a la mediapunta, donde su zancada carece de espacio, el Medellín aceptó su incapacidad para girar a la defensa santafereña.

Si un equipo es un estado de ánimo, el de Peláez fue impotencia, mientras que el de Pérez sigue siendo confianza absoluta.

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