En un encuentro de pocas novedades de inicio, el Deportivo Cali sumó su segunda victoria al hilo y se acercó al grupo de los ocho de la Liga Águila. En un primer tiempo igualado por el bajo ritmo y la timidez constatada en ambos conjuntos con la posesión, pero tácticamente favorable a los de Jaime De la Pava por planeación y realización, la gran noticia azucarera recayó en Andrés Felipe Roa, fundamental en la obtención del triunfo como factor técnico. Sin embargo, los primeros 45 minutos relataron otra historia y tuvieron dueño propio, que casualmente maneja la misma frialdad del futbolista atlanticense: Yulián Mejía.

Con el de ayer, Jaime De la Pava completó su quinto partido como entrenador del Atlético Bucaramanga. En los primeros dos, contra Cortuluá y Tigres, no hubo un común denominador. Pero en los últimos tres encuentros, incluyendo el de ayer, se percibió la primordial intención que tiene De la Pava como estratega leopardo: que las llaves de su equipo sean entregadas a Yulián Mejía. Estamos hablando de uno de los enganches del fútbol colombiano más imaginativo. No es poca cosa. A Mejía las estadísticas de pases acertados y ocasiones creadas le sobrepasan; él aparece en un instante y lo cambia todo. Es un gestor de jugadas. Te puede dejar mano a mano o ponerla en toda la escuadra. Y aunque demostró que comanda el centro del campo bumangués y que abandera como soporte el juego, justo le faltó ese pincel decisivo para coronar un gran envite.

Hasta ese fatídico minuto de descuento, el técnico leopardo ordenó un juego vertical desde atrás en búsqueda de sus tres hombres más adelantados, sin ánimo de modificarse y verse obligado a ello. La idea tenía como base defender con un bloque medio-alto en el que la vehemente presión iniciaba antes de la divisoria. El Cali, sin apuros, salió siempre por abajo con Pérez, sin considerar la opción directa sobre Duque. Evidentemente, el balón nunca fluyó. Sus dos cracks, Benedetti y Roa, apenas la tocaban, y el Bucaramanga, que formó con línea de cuatro en el fondo y tres en el medio, defendía acorde a lo trabajado entre semana. Trabajo dañado por un error fuera de contexto.

Roa cuajó un enorme partido a nivel técnico y táctico

Para la segunda mitad, la dinámica se volteó completamente. Y el principal causante fue Andrés Felipe Roa. El gol al borde del descanso, el cual fue una clara muestra de los problemas de control del Atlético Bucaramanga en el área pequeña, también facilitó el desarrollo. Roa logró influir en un escenario más descubierto y con mayores distancias para su conducción. Con mucho tiempo para hacer sus cosas, y más allá de responder bien en ambas mitades del terreno, el canterano azucarero enseñó recursos técnicos de un nivel creativo que el Cali y, especialmente, Benedetti agradecen para inventar jugadas. Asimismo, si el partido ya estaba abierto, el 10 lo terminó de perforar con repetitivas intervenciones rebosantes de profundidad y aceleración. El ingreso de Miguel Murillo reforzó esa idea y remató de dar forma a la victoria.

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