La lucha por la salvación se rige por sus propias reglas. Conseguirás atacar mejor o peor, defender más o menos o competir lo suficiente, lo cierto es que, al menos en la Liga Águila, se requiere de una figura tan característica como preponderante para completar el objetivo de la permanencia. Una figura como la del delantero centro, que no sólo asegure ese botín de goles importantes y decisivos, sino que también le dé sentido y engrosamiento a la idea. Porque sin alternativas arriba u oportunismo en el área, el hecho se queda en nada. Y Tigres, Jaguares, América, Cortuluá y Bucaramanga, la mayoría, si no fuera por su nueve, no estarían tan vivos como lo están. O, al menos, estarían en una situación más comprometida.

De todas formas, resumir un objetivo al jugador más adelantado del equipo resulta algo reduccionista. Sin embargo, es la realidad de nuestro fútbol, pues si por algo destacan los ‘9’ colombianos es por la autosuficiencia. Por sumar en escenarios negativos. Por aparecer cuando más compleja está la situación. Por asegurar cierta ventaja competitiva. Cristian Martínez Borja, Jhoaho Hinestroza, Feiver Mercado, Franco Arizala… Son bastantes los nombres que surgen. Y la cuestión no es ya de si tienen la calidad para un grande de Colombia o para hacer carrera en Europa, sino de cómo responden al reto de encabezar un propósito como el de zafarle al descenso. Y cada uno, desde sus rutinas, está sabiendo estar e incidir.

En la lucha por el descenso, el gol vale más que el juego

Cortuluá y Atlético Bucaramanga son dos que tienen la cuerda más floja. De verlo todo muy complicado, de tener que cambiar de entrenador y de tener que aceptar que sufrirían hasta la última fecha, se ha pasado a un estado de tranquilidad moderada, pues a falta de 10 partidos se encuentran a 8 puntos del farolillo rojo. En el caso del equipo caleño, con Feiver Mercado, Carlos Ibargüen y Brayan Fernández en consideración, Néstor Otero ha ido mezclando titularidades. Fernández o Ibargüen, fuera de casa, han asumido un papel más sucio y de desgaste, sin desatender la labor goleadora; Mercado, como local, donde Cortuluá cambia el chip reactivo a propositivo y Otero corta el doble lateral de la banda izquierda (De Paiva-Borja), toma mayor iniciativa con la pelota, ofrece apoyos en tres cuartos y varía el ángulo de sus corridas. Esta gran maniobra, de hecho, le ha dado 9 de los últimos 12 puntos en disputa a Cortuluá.

Misma referencia que indica un camino en el Atlético Bucaramanga. Jaime De la Pava, que ha visto caer por dos semanas a Franco Arizala por culpa de una lesión –reapareció el lunes–, ha puesto sus fichas en Yulián Mejía y, a su vez, en Sergio Romero. El atacante santandereano, con movimientos muy amplios y en todas las direcciones, es el fabricador de espacios en pro de Mejía, único y verdadero canalizador leopardo. Directa o indirectamente, Romero ejecuta el paso que tiene ser para que la intervención de esa doble mediapunta en el nuevo 4-3-2-1 sea lo más libre posible. Todo lo contrario a Arizala, que se convierte en el fin de la jugada por su intimidación y poderío en el área. A base de desborde a pura potencia y decisiones más propias que impropias, Franco Faustino tiene más licencias participativas con balón. No obstante, son dos puntas que generan efecto.

Martínez Borja sigue siendo el hombre más importante del América de Cali

Como quien no quiere la cosa, el América de Cali se ha vuelto muy dependiente de Martínez Borja. La hoy estrella ofensiva escarlata, sin duda, es uno de los delanteros más difíciles de descifrar, por condición física en los duelos individuales y por registros técnicos tras salir victorioso del mismo. Hernán Torres, traicionado a sí mismo en las últimas jornadas con planteamientos más comedidos y apostando por el doble pivote defensivo Blanco-Ayala en el medio para ganar cierta consistencia en campo propio, ha optado por darle las riendas de su ataque a la orientación posicional de Martínez Borja, lo cual significa salir en largo, vencer en el enfrentamiento, ganar un par de segundos para permitir desplegar, abrir a Juan Camilo Angulo, cargar el punto de penalti y esperar a que nuevamente le llegue el balón. No es el recurso más eficiente, desde luego. Y aunque el chocoano se ve algo limitado tácticamente, sin la compañía de un segundo punta, su mera presencia marca la hoja de ruta en América.

La excepción es Jaguares de Córdoba. El conjunto de Hubert Bodhert sí está sintiendo el no contar con este perfil de futbolista. Incluso queda la sensación, por momentos, de desentonar. Porque Darwin López, Jesús Arrieta y Eder Steer podrán fijar a los centrales contrarios, descargar de espalda, ser versátiles en la pizarra o intensos en la presión, pero no marcan realmente la diferencia desde ningún punto de vista. Es la idea de juego, de los involucrados en el descenso, que más se ve lastrada por su prototipo de delantero centro. De ahí que Bodhert esté buscando dominar en gran medida con balón, sin importar las consecuencias, para subsanar la capadura ofensiva.

El caso más paradigmático de este ejercicio es Jhoaho Hinestroza. En un Tigres de mucho menos a más, adaptado a la categoría desde su entrenador Jhon Jairo Bodmer, el 5-4-1 en defensa posicional, la fortaleza de la identidad grupal y la sensación de equipo que hastía, ha hecho lo mismo con su ‘9’. E Hinestroza, que no venía bien parado de sus aventuras en América, Alianza y Jaguares por ser un jugador frío, de jugadas aisladas y que miraba mucho los partidos, se ha adaptado a la perfección a su nuevo rol. Principalmente porque Tigres, que pretende pasar el máximo tiempo posible en su área, necesita velocidad para salir, y es justo eso lo que más ofrece el de Apartadó con sus galopadas solitarias. Además, construye transiciones, gana metros, castiga el espacio entre central y lateral, es dueño de la pelota parada, regatea… En resumen, la temporada 2017 está siendo una de las más ilustrativas con relación a aquel dicho de que la gran diferencia entre el descenso y la permanencia reside en el delantero centro.

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