Giovanni Moreno es, ante todo, un mago. Era el año 2006 cuando hizo su aparición en la Primera B aquel canterano de Envigado con una lámpara mágica en forma de pierna izquierda. Era un ilusionista, un engaño, pues su metro con noventa de estatura de ninguna manera se correspondía con sus números de magia con el balón. Al final, sus trucos siempre retaban la realidad. Nada por aquí, nada por allá. Ahora lo ves, ahora no lo ves.

Sus fintas, rabonas, sombreros y demás, aunque parecían la más pura inocencia, empezaron a materializarse en goles. La zurda de ‘Gio’ no tardó en dejar constancia de que es tan espectacular como determinante. El de Segovia dio inicio a un bello romance con las redes colombianas, argentinas y ahora chinas a partir de una precisión notable y una creatividad para resolver única. Así, Moreno pasó sus mejores años cultivando sus registros de delantero, descuidando esa otra versión que también habría podido ser. Esa versión que José Pékerman busca desempolvar.

En su carrera cultivó más su relación con el gol que con el centro del campo

Hoy, una vida después, Giovanni Moreno vuelve a vestir la tricolor en una fecha Eliminatoria. Por lo visto en los amistosos más recientes ante España y Camerún, sabemos que Pékerman quiere para él una función mayúscula: nada menos que tomar el testigo de Macnelly Torres.

La convocatoria del seleccionador argentino no obedece precisamente a una renovación generacional, pues, aunque Macnelly Torres es el que más años cuenta en el vestuario cafetero junto a Abel Aguilar, Giovanni Moreno ya superó la barrera de los 30. Obedece, mejor, a una nueva apuesta que el estratega tiene para la selección. Una apuesta, a lo menos, ambiciosa. Dejar en Barranquilla a Macnelly Torres es un precio altísimo que José Pékerman está dispuesto a pagar esta vez.

Y es que hablar del barranquillero es hablar de un enganche de dimensiones históricas. Macnelly se convirtió en un auténtico cerebro para el fútbol cafetero llevando los tiempos del juego, moviéndose por donde conviene y dando siempre los toques justos. Ni uno más, ni uno menos. Un mar de criterio y sentido en función de que brillen los demás.

Cuanto más cerca de la portería rival está, la magia de ‘Gio’ es más determinante

Eso Giovanni Moreno no lo tiene. Al menos no en esas proporciones; lo que seguramente obedece al rumbo goleador que tomó su carrera. Cuando no tiene el balón es una excepcionalidad que no se desentienda del juego. Su pachorra es, por momentos, inofensiva. Si acelera sigue siendo lento.

Dicho esto, todo indica que la palabra clave aquí es brillar. Aunque parezca increíble, no es secreto que el fútbol de Macnelly Torres, después de tantos años, no genera consenso en la afición tricolor. Y esto Giovanni Moreno lo logra con un par de jugadas. El antioqueño brilla con luz propia. La magia en sacrificio del control es la nueva apuesta de Pékerman.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *